TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

Nuestro canal en YouTube: A ORILLAS DEL BU REGREG https://www.youtube.com/channel/UCOxmhYlix9perGlx2QEioag

CONSULTA NUESTRA PROGRAMACIÓN 2017-2018:

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En el taller...

En el taller...
Aquí estamos, un día de mayo de 2016...

IMÁGENES DEL TALLER

IMÁGENES DEL TALLER
Comentando un cuento...

jueves, 19 de abril de 2012

“ILUSIÓN” de ANASTASIO GARCÍA

    Se fue sin haber vuelto la cabeza siquiera. Nuestro secreto había transcendido: bien fácil era leerlo en las ojeadas reticentes de todos los conocidos alrededor nuestro.
   Sé que él, su Otelo, era joven y buen mozo; que tenía ante sí un porvenir brillante, y que aún/además con sus recursos actuales le proporcionaba un nivel de vida, comodidades y lujos, que yo jamás hubiera podido ofrecerle. Esa casa suya tan bien puesta, los muebles, la instalación de high fidelity…. lo dejaría atrás, y dejaría atrás al grupo mismo de la gente amiga.
   Y esto, ¿a cambio de qué? Pues a cambio de una vida estrecha y desordenada, siempre en ambientes no muy distintos al de ese mismo cuarto de hospedaje. Eso o poco más era cuanto podía esperar se mí. Si, será verdad, dijo ella, pero quiero vivir a tu lado para siempre. ¿Para siempre? respondí, después de unos pocos años se acabó, ¿no piensas tú, corderito mío, en la diferencia de edad que nos separa?
   Se quedó muy callada, y al cabo de un rato sentí correr sobre mi pecho algunas lágrimas calientes deslizándose hacia el costado. ¡Pobre corderito! De seguro, en su mente estaba pintándose el cuadro de un triste futuro donde, a las penalidades de una vida sacrificada por amor, hubiera venido a juntarse la inevitable miseria física de los años. Pero finalmente, tuvo que rendirse a la razón. Tuvo que rendirse a la razón, y decidimos, sin más, cortar por lo sano.
   Cinco años han volado desde entonces. Casualmente ha venido a recordármelo nuestro bolero Fragancia de jazmines. La amputación fue terrible, pero necesaria. Hoy la herida ya no duele.

Anastasio García García
18/03/2012
Ejercicio: “Sintetizar al máximo el cuento FRAGANCIA DE JAZMINES de Francisco Ayala”

“EL TATUAJE” de RKIA OKMENNI

   Aquel día, no podía creer que el brazo que llevaba un tatuaje en forma de texto era el de su hijo. No estaba escrito o tatuado sobre esa piel lívida, casi la de un cadáver, con cualquier caligrafía. Estaba escrito en tifinagh, el cual ella no podía ni siquiera descifrar. Se prometía siempre a sí misma que encontraría tiempo para aprender el alfabeto de la lengua amazigh o bereber, pero jamás pudo llevar a cabo su deseo y apenas sabía escribir su nombre. Pensó que sin duda alguna era un mensaje y tenía que saber su significado.
   La habían avisado la mañana de este martes inolvidable desde un número de teléfono que no reconoció por no haberlo visto antes. La voz masculina le informó que su hijo estaba en urgencias entre la vida y la muerte. Le añadió que debía darse prisa porque su estado era crítico. Le dio la dirección y colgó, sin darle ninguna otra información. Sintió un peso sobre su pecho y el dolor que suele provocarle el temor y la angustia en su estómago. Condujo como una autómata dirigiéndose hacia el hospital. Buscó, se informó, atravesó pasillos, subió escaleras. Finalmente, llegó con una sensación de malestar indescriptible y con todo el cuerpo congelado por dentro y por fuera a pesar del calor. En la unidad de vigilancia intensiva del hospital, desde la cual la habían llamado, encontró familias enteras y personas solas o acompañadas que esperaban para ver a sus familiares víctimas de alguna enfermedad o de algún accidente. Alguien dijo a su lado que sólo estaba permitido verlos desde lejos y desde detrás de la puerta vidriera. Sintió que el aire se negaba a llegar a sus pulmones a pesar de sus esfuerzos por regularizar su respiración. ¡Pero ya era suficiente bastaba con un enfermo…! Cuando le llegó el turno, entró y encontró dos habitaciones. Un enfermero le mostró con un gesto la puerta del cuarto de la izquierda. Entonces vio un montón de tubos, de aparatos y cuatro camas. Miró una tras otra a las personas que yacían inconcientes pero no reconoció al que quería ver entre ellos. Pidió al medico que había allí que revisara el nombre y apellido en el registro de la unidad. Este le confirmó lo que le había dicho antes aquel enfermero. Añadió, para su sorpresa, que su hijo estaba allí desde hace tres días y medio. Se dio media vuelta y volvió por segunda vez al mismo lugar para esforzarse y reconocerlo por algún matiz especial. Eliminó a dos hombres porque eran mayores y al tercero porque era calvo. Puso toda su atención sobre el último que le quedaba: era un hombre muy delgado, pálido, con barba de algunos días, la máscara de oxígeno le tapaba una gran parte del rostro. Además, estaba conectado a un tubo de suero o de alguna medicina que caía desde una botella. La aguja por la que le entraba aquel líquido se mantenía por el esparadrapo. Se fijó en el brazo flaco e inerte que reposaba sobre la sabana blanca: llevaba un tatuaje. Aquel brazo con aquel tatuaje no podía pertenecer a su hijo. Se preguntó desde cuándo y por qué lo llevaba y sobre todo qué significaba el texto escrito sobre esa piel que algún día había limpiado y cuidado. No podía acercarse más ni tocarlo. Se acabó la visita, que permitían por simple consideración humana. Había durado apenas cinco minutos. Los médicos le aseguraron que, si lograba pasar aquella noche sin complicaciones, entonces se hallaría fuera de peligro. Dio con dificultad algunos pasos para dirigirse a un banco de cemento que tenía cerca. Su vecina de asiento empezó a preguntarle por piedad o por curiosidad. Ella no le hizo caso y aquella no se animó a seguir hablándole. Su temor era tremendo y en su mente empezaron a desfilar imágenes de su hijo en edades diferentes y rechazó la idea de que pudiera morir tan joven. Su pensamiento regresó al tatuaje. Le recordó los cuadros de la caligrafía tifinagh de su cuñado que ella solía admirar cada vez que visitaba a su hermana. Se prometió que si su hijo seguía con vida, le preguntaría el significado de su tatuaje y que además empezaría con seriedad el aprendizaje del tifinagh. Se dio cuenta de que ya no había casi nadie a su alrededor. Todas aquellas personas que llevaban máscaras de dolor y de sufrimiento en aquel espacio con aquellos olores tan insoportables del hospital habían desaparecido. Alguien le pidió que se fuera y que regresara por la mañana muy temprano, pues entonces seguro que le permitirían ver a su familiar.
 
   Bajó las escaleras, atravesó de nuevo pasillos y caminó muy triste hacia la salida. Esperaba con todas sus fuerzas el milagro del renacimiento de su hijo y pensaba que para ella, por aquel tatuaje, siempre habría un antes y un después. Y que lo esencial era que pudiera hablarle otra vez…

Rkia Okmenni
Rabat, 21 de marzo de 2012
Ejercicio basado en los cuadros de Lahbib Fouad/ Yeschou.

viernes, 6 de abril de 2012

“VOLVER” de FATINE SEBTI


Se la llevaron de noche, sin ruido, con tan sólo sus dientes de leche y una promesa incierta de devolverla pronto. Creció como un árbol sin raíces con extranjeros distantes y fríos. Cuando regresó ya los pretendientes fluían atraídos por su gran belleza y su paso noble.
Victoria Guareda Romero pisó el suelo de Barcelona primero con ternura y nostalgia, pero luego no pudo evitar ese sabor amargo en la boca que ningún dulce ha podido quitarle. Sus pasos la llevaron instintivamente al puerto. Sentía volverse la niña ligera y alegre que era cuando la esperaba su padre allí después de sus largos  viajes en los mares. Cuando se acordó que no volvería nunca más se echó a correr por entre las calles de Barcelona, que no había olvidado, en busca de su casa. Estaba allí, abandonada, desolada, envejecida y sin alma.
La única esperanza era llegar a encontrar a la tía Visitación. Y la encontró. La señora mayor la reconoció de inmediato y se dieron largos abrazos mojados y tiernos. Se podían leer preguntas calladas en los ojos verdes y tristes de Victoria. Doña Visitación se levantó sin decir nada y le trajo un sobre amarillento y húmedo. “Te lo dejó justo antes de que lo cogieran aquella noche”.
Temblando lo abrió para encontrar unas palabras garabateadas con prisa y miedo junto a un objeto: “Princesita mía, la brújula es tuya ahora. Guiará tus pasos por el bueno camino. Tu papá, que te quiere más que a nada en el mundo”. Era esa misma brújula que le había regalado hacía años y que ella le devolvía en cada uno de sus viajes para que encontrara el camino para volver hasta ella. Una emoción intensa invadió su pecho y lloró sin ruido. Sólo entonces notó que su sabor amargo ya había desaparecido...

Fatine Sebti
Rabat, 17 de octubre de 2011

«A UNA MUJER NO SE LE DICE “NO”» de SAMIRA MOUKANE


Quedé en el café con Juan. Parecía tener algo  serio que comunicarme, pues estaba un poco excitado. Habían pasado diez minutos y él seguía hablando, pero todavía no me había dicho nada especial.
La verdad es que su cara pálida y asustada transmitía un aire de inquietud y temor. Al verlo así, yo tampoco me sentí bien, pues intuía que debía ser algo que a mí también me iba a afectar. Así que decidí  comprarme un paquete de cigarrillos, pues siempre me apoyo en los cigarrillos cuando estoy nervioso. Me levanté y me dirigí a la máquina situada en un rincón. De repente, una voz femenina me sacó de mis pensamientos. Volví la cabeza y vi a una chica joven sentada en la mesa al lado mirándome con incertidumbre. Me estaba dirigiendo la palabra con una voz temblorosa y, como Juan, también ella parecía angustiada. Se presentó. Se llamaba Lucía y tenía algo importante que decirme también.
Lucía... Un lindo rostro con aspecto gentil y agradable, con ojos grandes y almendrados, los labios bien definidos y de mediano grosor. Esos labios rosados temblaban cuando hablaban. Luego, nos sentamos frente a frente, en su mesa, y yo no podía apartar mis ojos de esos labios frágiles e indecisos a la hora de hablar. De repente, empezó con una voz fragmentada a hablar sin parar, como si tuviera miedo de perder todo el guión que había preparado para mí. Y así, su discurso se fue volviendo rápido y fugaz. Yo estaba sorprendido y me había quedado sin palabras.
Volví el rostro hacia mi amigo, que estaba todavía esperándome, y yo pensé que lo que él quería decirme, fuera lo que fuera, no sería tan importante como lo que me había dicho Lucía. En ese instante, él también me interrogaba con sus ojos y yo, para huir de ellos, abrí mi paquete de cigarrillos nerviosamente. Ella me pidió uno y luego cogió su mechero para encender mi cigarrillo, ¿pues yo me sentía incapaz de mover mis propios dedos?
Al oír el ladrido de un perro, volví mi cabeza hasta la televisión. Era una escena en la que un perro furioso ladraba con fuerza a una muñeca. En ese mismo instante sentí que la mirada de Lucía me estaba desgarrando y, cuando la vi así, esperando mi respuesta, pidiendo sus ojos un de mis labios, me levanté, me dirigí hasta ella y le murmuré un sí. Ella me sonrió y me ofreció su mano con aire feliz. Yo me di cuenta de que Juan estaba todavía sentado en la mesa, esperándome, así que lo miré sin decir nada mientras Lucía y yo salíamos juntos del café.
Juan, como yo, sabe  muy bien que a una mujer nunca se le dice no.
Samira Moukane
Texto basado en una secuencia de película para la descripción de personajes
Rabat, 29 de marzo de 2012


jueves, 5 de abril de 2012

“REENCUENTRO CON EL PASADO” de NAJATE ZIZI



 Antes de jubilarme  como profesora de Física en la Universidad de Rabat, iba periódicamente a la Universidad de París-Sud (Orsay), al mismo laboratorio en el que tiempo atrás defendí mi tesis y con el cual seguía colaborando y mantenía buenas relaciones. Como es costumbre en la tradición universitaria, yo continuaba realizando investigaciones que derivaban en comunicaciones científicas internacionales en las que también implicaba a estudiantes de Rabat, todo lo cual me procuraba personalmente una plenitud total, independientemente de la que me daban  mi marido y mi familia.
Una vez, cuando paseaba tranquilamente en la muy famosa avenida de los Champs Elysées, me di de narices con Driss, un antiguo vecino y compañero de juegos de mi infancia. Recuerdo su simpática fisonomía tal como si fuera ayer mismo cuando jugábamos juntos a las canicas, ese juego al que mi padre me tenía prohibido jugar con los chicos en la calle. Por ello, en mi memoria, no puedo disociar a Driss de las azotainas que mi padre me administraba cada vez que me encontraba jugando a las canicas con él y otros chicos. Yo no comprendía entonces por qué mis hermanos, en cambio, tenían derecho a jugar a las canicas sin ser castigados. Esta injusticia me empujaba a reincidir en mi juego preferido sin que me importara la rabia paternal, que cada vez se volvía más intensa frente a mi desafío. Mientras mis hermanos podían impunemente hacer lo que querían después de la clase, yo debía, como chica que era, volver directamente de la escuela a casa, donde estaba condenada en primer lugar a ayudar mi madre a las tareas domésticas. Luego, podía hacer mis deberes o jugar a las muñecas, que por aquel entonces no me gustaban.
Mi rebeldía por adaptarme a ese molde fue el primer ingrediente que forjó mi carácter y que me enfrentó a la mentalidad conservadora de la época contra toda decisión arbitraria. Podemos decir, por tanto, que las canicas jugaron un papel muy importante en la estimulación de mi conciencia femenina. Todavía ahora, tocar esa fibra de mi personalidad significa desencadenar reacciones de tempestades imprevisibles.
Pero volviendo al encuentro… Driss andaba también solo con un paso decidido y con una mirada que inspiraba cierta flema británica. Me acerqué a él y le dirigí la palabra y él, tras un instante de vacilación, me reconoció y abrió sus brazos gritando: «¡Najate! ¡No es posible…! ¡Cuánto tiempo sin vernos!»
Nos sentamos en un café y, mientras nos tomamos unos refrescos, cada uno presentó un rápido resumen de su vida. De este modo me enteré de que realizaba misiones especiales en el Ministerio del Interior de Rabat, que tenía tres hijos y una mujer que era ama de casa. Me confirmó, además, que su hijo mayor, médico de profesión, se había casado con una princesa, como ya nadie podía ignorar a aquellas alturas por razones mediáticas. Lo supuse muy rico y preocupado por consideraciones más materiales que intelectuales y mi sistema de valores me pareció muy lejano de su vago mundo. ¿Qué podría yo compartir con él en el futuro si carecía de afinidades con su profesión de pseudoespía, con su mujer sin profesión y con su nivel de relaciones sociales?
Pasada la sorpresa y la evocación de los años de la infancia, una molestia incomoda se instaló entre nosotros. Por mi parte, sentía que era mejor poner fin a aquella entrevista fortuita que me había conmovido mucho personalmente pero que ponía a la luz la divergencia de nuestros caminos en la vida. Pretextando tener una cita para cenar con unos colegas, me despedí de él sin ni siquiera intercambiar nuestros respectivos números de teléfono. En realidad me había quedado un poco defraudada por haber cedido al impulso espontáneo de abordarle.
Así es la vida.

Najate Zizi
Rabat, mayo de 2011
Tarea de escritura basada en el ejercicio: “Reencuentro de un personaje con el pasado”

“ENCUENTRO” de MARIBEL ANDRADE



Aquella tarde había quedado con un amigo para tomar una cerveza, intercambiar impresiones; en fin, relajarse un rato.
Había salido como siempre con barba de tres días; tenía el pelo castaño claro y lo llevaba un tanto largo, un poco greñoso, con aspecto dejado. Sus ojos castaños denotaban tristeza; parecía un hombre con pocas ilusiones. Llevaba tiempo sin tener un rollo, lo echaba de menos, tenía ganas. Por otro lado, le daba miedo enrollarse… ¡Todas querían algo serio! ¡Él no estaba para eso! Precisamente de ello le estaba hablando a Gerardo cuando se quedó sin tabaco. Se fue a la máquina a sacar una cajetilla dejando a su amigo con la palabra en la boca. Al agacharse para coger los cigarrillos, entre el ruido de la cajetilla y las monedas, oyó una voz muy cercana que llamaba a alguien. Aún inclinado, la insistencia de una llamada le hizo girar la cabeza en su dirección, aunque no era su nombre el que oía. Con el corazón acelerándose, pues era a él a quien se dirigía la chica, sin entender nada, cogió el tabaco y se dirigió a la mesa de donde procedía la voz. Era una joven de pelo oscuro ondulado, no muy largo de media melena y de ojos oscuros brillantes “¿Brillarán en la oscuridad?”, se preguntó Pablo. Una boca pequeña, nerviosa, pero decidida, le hablaba. Tardó en reaccionar ante aquel chorro de palabras y por fin se oyó a sí mismo diciendo: “No. Estás confundiéndome con alguien, no te conozco”. Lo asombroso era que le hablaba de él, de cosas suyas, pero él no la conocía, o ¿tal vez sí?. A medida que ella seguía hablando, él sentía la necesidad de aproximarse, de escuchar… Se sentó. Su cara empezó a cobrar vida y de repente estaba absorto en algo y en alguien a quien no acababa de entender. Pero no se podía marchar... Ella le confundía con otro, no había duda, pero lo chocante, lo increíble, era que se identificaba con lo que ella le contaba de ese otro. Cuando se dio por vencida, cuando aceptó (no del todo) que él no era quien ella creía, empezó a contarle: no lo veía desde hacía casi un año, pero lo deseaba como el día en que había desaparecido. Lo echaba de menos en sus noches y en sus días… Ella hablaba y hablaba del deseo que sentía de volver a tenerlo y ese deseo se veía en sus ojos, lo expresaban sus labios cada vez más seguros, cada vez más… atractivos. Él apenas podía contenerse, pero a la vez sentía inquietud; la inseguridad había dado paso al miedo. Su amigo lo esperaba, era hora de regresar a su mesa, pero algo lo atrapaba y lo amarraba a ésta. ¿Quién era ella? Ella era lo que buscaba y temía. Ella, con sus ojos, con su boca, con su cuerpo lo invitaba, no le cabía duda. El miedo y el deseo pujaban con la misma intensidad….
Su amigo lo llamaba.
        –Bueno, me espera…  -dijo mientras se levantaba-. Yo también he esperado mucho. Su voz era sedosa, sus ojos dos chispas que habían prendido una hoguera. Desde el otro lado del bar con el brazo en alto dijo adiós a su amigo y se fue con ella.

Maribel Andrade.
Rabat, 13 de marzo de 2012.
Ejercicio basado en una escena de la película Lucía y el sexo para la descripción de personajes.

“UNA BODA EN EL MÁS ALLÁ” de NAJATE ZIZI



         Dicen que dicen en Marruecos que había una vez
, en la época postcolonial, una pareja muy rica, enamorada y casada desde hacía diez años, pero que no había disfrutado la felicidad de tener hijos. La mujer comenzaba a sentirse culpable y comprendió rápidamente que su marido, desesperado por no tener heredero, estaba a punto de buscarse una segunda esposa como lo permitía la religión musulmana y muy a pesar de su recíproco amor. Es evidente que él no le había hablado con franqueza, pero ella siempre lo entendía todo por pura intuición femenina, la cual jamás de los jamases la engañaba.
De repente, cierto mes, como si este paroxismo de miedo le hubiera estimulado su ovulación tras tantos años de matrimonio, la mujer se sorprendió al darse cuenta de que no tenía el periodo. Estaba tan entusiasmada que corrió a anunciarle la noticia a su marido. Éste fue a comprarle inmediatamente un collar de perlas blancas para regalárselo y organizó ante esta ocasión una fiesta memorable con aleña y orquesta.
Y así fue cómo nació Kenza (“tesoro” en árabe), una niña que siempre estaba rodeada de amor y atenciones de todo tipo. El destino quiso que fuera hija única y pronto se transformó en una adolescente muy guapa, resplandeciente de elegancia e inteligencia, aunque demasiado mimada. Era evidente que el nido de ternura que la cobijaba no la armaba suficientemente para afrontar los lobos de la calle.
Una noche, cuando regresaba de la casa de una amiga, un soldado gamberro que pertenecía a las milicias todavía no desmilitarizadas tras la independencia, la atacó y la violó, tras lo cual ella perdió la voz. Kenza se tragó su secreto y no osó confesárselo a sus padres, que en aquella época estaban preparando una fiesta para celebrar sus quince años. Aunque consiguió esconder su sufrimiento como víctima, aquel acto criminal había sido excesivamente terrible para ella y ya no quedaba ni rastro de su alegría natural. Y esto era algo que no comprendían ni sus amigas ni sus padres.
Sin haber llegado a pronunciar ni siquiera una palabra, la muchacha se suicidó a la semana siguiente con un tubo de somníferos y sus padres casi se volvieron locos. Los salvó solamente su fe en Dios, el cual había llamado a su lado a aquella muchacha demasiado amada.
Entonces decidieron vestir a la difunta sobre su lecho de muerte con ropajes blancos de boda y con montones de flores del mismo color. Luego llamaron a un artista pintor para hacerle un retrato antes de que llegara la gente para darles el pésame. Escasa consolación era aquélla tentativa de inmortalizar a su hija como casada el día de su muerte.
Cuando el pintor se fijó en el rostro de Kenza, quedó fuertemente impresionado por su belleza angélica. Pero lo que verdaderamente le sobrecogió fue que, al hacerle una primera fotografía, parecía que la difunta fuera a volver a la vida. Frente al objetivo del aparato, aquella joven Gioconda sonreía sólo para él y le invitaba a bailar. Quién sabe cuánto tiempo duró aquel baile pero no cabe duda de que, instantáneamente, el pintor cayó locamente enamorado. Además sentía una fascinación que jamás había experimentado durante su anterior vida sentimental, la cual había ido de frustración en frustración hasta convertirlo en un solterón empedernido.
Día a día fue perdiendo el apetito y el sueño hasta que el agotamiento no le permitió ni siquiera seguir pintando. Deseaba él entonces plasmar esa impresión fugaz, tan intensa y maravillosa mediante técnicas aprendidas en la escuela impresionista. Sin embargo, fue perdiendo toda esperanza en acabar el retrato para entregárselo a los padres cuando regresaran de la Meca, adonde habían ido a secar sus lágrimas de sangre. Allí, alzaron sus últimas oraciones buscando consuelo frente a la impotencia del ser humano, frente a su existencia efímera y susceptible de ser interrumpida en cualquier instante o edad. Consideraban ellos entonces a su hija como una huriya, una virgen del Paraíso,  es decir, un regalo que Dios les había ofrecido temporalmente.
Incapaz de sentir este tipo de fuerza alimentada por la fe y el más saludable fatalismo, que le hubiera permitido aceptar una fin tan inadmisible, nuestro hombre decidió entonces ir a reunirse con la novia del más allá, ante la cual había sentido un flechazo irresistible, convencido que el paraíso que la acogía era el lugar ideal para casarse con ella y para liberarse de su fantasma.

Najate Zizi.
Rabat, 25 de octubre de 2011.
Cuento inspirado por los juegos del tiempo de Antonio Di Benedetto.

“PODRÍAMOS SER LAS DOS COSAS” de IMMA RABASCO (Invitada del blog)


           - No pienso pedir perdón, simplemente porque no creo que merezca la absolución, la verdad.
Él no se inmutó al escucharla. Seguía examinando embobado, casi enfrascado, su boca. Siempre le pasaba lo mismo... Se quedaba atontado mirando sus labios, el movimiento de éstos, para ser exactos. Y, mientras, ella seguía hablando:
- Yo que sé... Quizás algún día sabrás lo mucho que me obsesionas sin necesidad de todas esas estupideces... ¿Por qué tengo que pedir perdón por algo tan absurdo? Si no quiero jugar, no quiero jugar, ¿tanto te cuesta entenderlo?
Ella decidió callarse. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo, se giró y prefirió mirar la espectacular vista que se veía desde el faro. El viento le rozaba la cara, los labios. Él no dejaba de observarla, de espaldas. Ahora fijaba su atención en el cabello de Marian, que no paraba de revolotear rozando casi las gaviotas.
- ¿Tú qué eres?
Él no entendió la pregunta y le contestó:
-¿Qué quieres decir con eso?
-¿Qué eres: isla o península?
Por primera vez, él dejó de mirarla. Sus ojos iban de lado a lado, confusos. Menuda pregunta le había hecho. Casi le molestaba el interrogatorio. Pero, en un punto, sentía cierto placer, pues creía que aquello se parecía bastante a un pasatiempo. Así que dejó escapar unos segundos tensos y finalmente respondió.
- Península, ¿no?
-Qué pena...
-¿Por qué "qué pena"?
- Podrías ser las dos cosas, podríamos ser las dos cosas ¿Por qué eres tan conformista?
En el mismo instante en el que hizo esa pregunta, ella se dio la vuelta y le miró fijamente. Él no titubeó.
- No soy conformista... Soy una persona feliz, que no es lo mismo. Tú me has preguntado si era isla "o" península... Fuiste tú la que me hizo elegir entre las dos opciones.
- Siempre me echas la culpa de tu mediocridad. Qué aburrido eres...
Ella volvió a girarse y el viento insistió de nuevo en revolver su melena. Pero esta vez él ya no la contemplaba. Se quedó atravesando el horizonte con las pupilas, como ella. Un rato después le respondía:
- No te creas tan original... A lo mejor aquí la mediocre eres tú... ¿Isla o península? ¿Por qué te gusta tanto infravalorarme? ¿Es un juego? Ya sé... Hace tiempo que me vengo dando cuenta de que esa es tu forma de jugar…. Conmigo, claro... Tú te diviertes conmigo. ¿Y tú? ¿Tú qué eres? 
Ella seguía descubriendo el infinito. 
- Me aburres, ya te lo he dicho... ¿Crees que si salto y empiezo a volar hacia adelante llegaré a África? Desde aquí, en línea recta, ¿a qué país llegaría exactamente?
Él seguía centrado en el abismo.
- Marian... Tú nunca podrías arrojarte desde este faro y mucho menos volar... Vamos, dime… ¿Tú qué eres?
El viento seguía soplando con fuerza y ellos dos continuaban plantados en el balcón de la torre, sin curiosearse el uno al otro. Ahora callados ambos. Ella sacó las manos de sus bolsillos y levantó un poco los brazos. 
-Creo que sí que puedo volar... Hoy sí.
Él volvió a mirarla. No entendía qué estaba haciendo, pero le empezaba a poner nervioso. Muy nervioso. Ella le preguntó entonces:
- ¿Te parece que esto es un batir de alas?
Movía los brazos imitando a un pájaro, cada vez con más velocidad y precisión. Él no le quitaba la vista de encima. Ella seguía con el movimiento. Seguía, seguía... Hasta que, en un momento dado, levantó el vuelo. Lo hizo de un modo rápido y elegante, como si lo hubiera estado haciendo toda su vida. Y se alejó, así, sencillamente. 
Él no dejó de vigilarla, hasta que sintió un fuerte y repentino dolor en el costado. Sabía que era su ausencia, la de ella. Corrió escaleras abajo. Intuía que se moría, mientras aplastaba los escalones. Fingía que estaba bien, que llegaría a la calle y la encontraría esperándolo. Todo habría sido un juego. Eso pensó durante el tiempo que duró el descenso... 
Afuera, en la península, el viento persistía con fuerza. El agua de las olas mordía con furia las rocas. Dos gatos se apoyaban en la pared del faro y miraban con curiosidad el vuelo de las gaviotas, para evitar el sueño. No había nadie en la calle. Hacía demasiado frío para tener ganas de andar contemplando el paisaje y mucho menos para subir a curiosear la torre alta de luz. Y así se deslizaba el tiempo, se dilataba, jugaba al tedio...

Imma Rabasco
Buenos Aires, 4 de abril de 2012.
Inspirado por aquel tiempo en el que la marea transformaba la península de punta del este en una isla a su antojo...

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Cantando los versos de José Martí.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Iman y Anastasio recitando a Mario Benedetti. Mohammed a la guitarra.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Manal, Ahlam y Assia recitando a Oliverio Girondo.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Rkia recitando a Delmira Agustini

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Bahia recitando a Alfonsina Storni.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Laura & Mohamed y Mohamed & Laura cantando a Alfonsina Storni.

Ensayando para el Día E junio 2015

Ensayando para el Día E junio 2015
Grupo del Taller de Lectura y escritura 2015

Recital 18 de junio de 2016

Recital 18 de junio de 2016
21.00 Instituto Cervantes de Rabat

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Rabat, 24 de abril de 2015.

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010
Tras la lectura...

Lectura del Taller. 19 de junio de 2010

Lectura del Taller. 19 de junio de 2010
La lectura

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010.

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010.
La lectura...

Lectura del Taller.19 de junio de 2010

Lectura del Taller.19 de junio de 2010
Tras la lectura

LOS ESCRITORES DEL BLOG...

LOS ESCRITORES DEL BLOG...
Aixa, Abdellah, Rkia y Abdelkrym (abril de 2013)

LOS ESCRITORES DEL BLOG.

LOS ESCRITORES DEL BLOG.
Aixa, Anastasio, Rkia y Abdelkrym (abril de 2013)

Alumnos del Taller

Alumnos del Taller
Tras la clase. Diciembre de 2010

A ORILLAS DEL BU REGREG...

A ORILLAS DEL BU REGREG...
... IMÁGENES QUE FLUYEN... (Fotografía cedida por Abdellah El Hassouni)