TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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miércoles, 20 de julio de 2011

“EL GORILA” de ABDELLAH EL HASSOUNI

   Su cabeza flotaba por encima de la marea humana que se contoneaba en los pasillos atestados de ese viejo exhibicionista de animales, el zoo municipal. No se extendía sólo verticalmente hacia arriba, sino también horizontalmente a lo amplio; una anchura rellenita que lo hacía parecerse a una mujer al principio de un embarazo. A ojos vistas, la masa muscular que era causa de su reputación se había derretido y sus pectorales imitaban un baile de pechos en desamparo. Me miraba sonriendo, como si la sonrisa se le hubiera parado hacia una eternidad, en los labios. No sabía a qué categoría de sonrisa debía atribuir esa demostración de blancura de dientes: ¿Una manera de hacerse perdonar, una inquietud dictada por una ausencia de destreza o una afirmación de estupidez extrema? Yo me fijaba en su mirada y sentía sus ojos marrones claros como dos tenazas enormes de las que era imposible escapar. Fui arrinconado sin ninguna salida posible. Entonces le devolví la sonrisa con otra tan estúpida y tan indecisa como la suya. Nuestro contacto fue frío, glacial; apenas algunas palabras vagas de cortesía que encontraron difícilmente su camino hacia la salida, la boca, y que se volvían casi inaudibles con el jaleo de preguntas de los dos niños que nos acompañaban:
   - ¿Quién es? ¿Quién es?
   Al niño de mis ojos, a mi nieto querido, debí mentirle. Tenía que haberle dicho que “es un antiguo amigo al que le había perdido la pista desde la universidad” en lugar de gritarle muy alto y muy fuerte que “es un viejo gilipollas que me birló a la más bella de las mujeres hace ya una treintena de años”. Él se quedó con la boca abierta, como si acabara de descubrir que la Tierra era redonda y no llana. Finalmente emitió algunos sonidos, que una vez decodificados me revelaron que el niño que lo acompañaba era fruto de su último matrimonio. Nada asombroso, pues yo ya estaba seguro entonces de que no había ninguna chica que pudiera aguantar demasiado tiempo a ese energúmeno y que todas debían pensar que “las apariencias y el fondo de una persona son dos cosas que no siempre van unidas”. No quería plantearle la pregunta que probablemente esperaba "¿Cuánto tiempo hace que te separaste de Rita?”. La que él no podía adivinar era la que me habría interesado mucho más y que me quemaba los labios "¿Cómo pudiste llegar a seducirla?". Yo tenía claro que ambos eran realmente uno lo contrario del otro. Ella era bella, endeble, delicada, frágil, una brisa marítima, el rocío del alba, un brote de primavera, un pétalo de rosa. Él era una montaña de músculos, una calabaza sobre un poste en movimiento, un bisonte levantado sobre las patas traseras. Y no se diferían solamente por el físico, sino que también por el carácter. Rita, y a pesar de la debilidad aparente de su pequeño cuerpo, era la personificación de la vitalidad y del vigor; contrariamente a él, que se entusiasmaba sólo con el esfuerzo físico durante las sesiones de entrenamiento. Aparte de eso, él no poseía energía alguna; su espíritu era de una pasividad ejemplar. Probablemente quería mantenerlo fresco y disponible para días mejores (la mejor prueba que tengo de ello es que jamás supo cómo hacer trampas con las cartas). A decir verdad, ella era un volcán y él jugaba a ser bombero; ella era un torrente y él una roca sólida sobre la cual podía romperse hasta el aburrimiento.
   Él era una verdadera roca y permanecería como tal. Mis frases cortas y mis tímidas tentativas para huir de él no fueron de ninguna utilidad, sobre todo porque los dos críos sintieron de inmediato una mutua simpatía. Entonces, arrastrando yo mi contrariado corazón y a mi nieto con la mirada, habíamos apretado el paso hasta la gran reja, la de la jaula del gorila. Este, sentando en el fondo de su jaula, fláccido, con los brazos echados sobre los lados, paseaba sus ojos sobre la muchedumbre habladora que se aglutinaba contra la reja. Era una mirada cansada, hastiada. Sin embargo, me pareció detectar una pequeña luz en sus ojos cuando percibió a mi acompañante. ¡Probablemente había reconocido en él a un miembro de su familia! Luego, toda la mañana, mariposeamos según el deseo de los dos chiquillos, de jaula en jaula, de cerca en cerca y de estanque en estanque. Y al final conseguimos visitar a toda la familia de mi indeseable "viejo amigo": los leones machistas que explotan despóticamente a sus hembras, las bellas ovejas que siguen a un cordero cobarde, las bobas avestruces, los cuervos de andares torpes, los parlanchines guacamayos carentes de auditorio. ¡Y el resto de familiares que pasaré de describir…!.
   Durante el almuerzo, sentados bajo una enorme buganvilla de un rojo muy vivo, frente al lago de los cisnes, me dediqué a contemplar su voraz mandíbula en acción. Entre bocado y bocado se lanzó a describir detalladamente, a imitación de sus primos los guacamayos, su carrera militar en el frente del sur. Él estaba orgulloso de sus hazañas, de sus batallas, de sus matanzas. Parecía no tener remordimiento ni escrúpulos y, en su boca, quitar la vida a otros parecía ser un acto anodino. Utilizaba expresiones y adjetivos que llegaron a dejarme sin respiración: “Teníamos que meternos entre los cadáveres y los restos humanos humeantes para acuchillar a los supervivientes. No debíamos devolverlos, ni dejarlos vivos”, “Ya sabes: los muertos ya nunca pueden perjudicarte, en cambio los vivos…”, “Y con un buen golpe de culata en la espalda acabé con él…", "¿Pero usted se da cuenta de lo que supone para nosotros ganar una guerra? No hay otra solución que no sea la más radical", "Con las nuevas bombas, que alcanzaban grandes distancias, teníamos la ventaja de dejarlos bien calcinados", "La guerra no es un juego de niños", "El viejo eslogan de «la libertad está en la punta del fusil» es y será siempre actual", etc. En un determinado momento, simplemente le dije “Pare, hágame el favor de callarse”, y no añadí la más mínima palabra. Pero él siguió chorreando frases sin fin para explicar tonterías o no explicar nada: "Si usted mata a un hombre, será condenado pero yo, cuando mato, cuanto más mato, me vuelvo más y más héroe. Además, no veo ni conozco a quienes mato. Aunque, a veces, incluso ni sé por qué los mato…". Ambos estábamos muy lejos el uno del otro, como siempre estuvimos. Y mientras hablaba, escuché cómo los cisnes se deslizaban en silencio sobre el liso rostro del lago, tan escaso de arrugas. Tuve la seguridad de que me mataría si nos enfrentáramos en un campo de batalla. Hasta me pareció escuchar los silbidos de las balas emergiendo de su metralleta. Esa sola imagen hizo que me estremeciera.
   Su discurso era un delirio, fruto de la excitación de un hombre que tenía un cerebro tan minúsculo como su pensión de pobre militar. Entonces, recurrí otra vez a la mentira, a la hipocresía social, a la necesidad de la frase desproporcionada y, antes de huir lo más lejos posible, le solté una de las excusas habituales. ¡Que pesadilla!
   Decididamente odio a los animales.

Abdallah El Hassouni
Rabat, 9 de julio de 2011
Tarea basada en el ejercicio «Reencuentro con un personaje del pasado»

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Querido amigo mio,

    Tu arte tiene muchos colores, a mi me encantan todos !

    Tu texto es especial y algo diferente. Me gusta el tema, el lugar es muy bien elegido ... me gusta la comparacion a lo largo del texto entre el animal y el hombre, esas palabras a sabor ironico ... Y tambien como pintas a la naturaleza humana... como ciertas emociones o sentimientos no se borran con los años como la envidia la ira o los celos, solo quedan endormecidos, y a la primera ocasion se reactivan, explotan...

    Bueno Abdelah tu pluma es muy especial, que sigas encantandonos con tu imaginacion y la profundidad de tu pluma !

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  3. Abdellah,
    Muy buen relato.
    Tienes mucho ingenio para hacer el paralelo entre los extremos que existen en la naturaleza humana.
    Como en otros relatos, denuncias la crueldad de la guerra, y a quienes la llevan a sus extremos más cruentos.
    Hablas de la brutalidad y la contrastas con la suavidad de los cisnes, nos das una idea que nos deja pensando...

    Un abrazo

    Ana

    ResponderEliminar
  4. Yo tan solo tengo que decir que hay muchas manivelas doradas en las puertas.
    La Boca del Ello

    ResponderEliminar

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PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
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Lectura del Taller. 23 de abril de 2010
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