TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A orillas del Bu Regreg», el blog de los integrantes del Taller de lectura y escritura creativa, un curso especial que realizamos desde hace doce años en el Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos).

En este espacio damos a conocer los cuentos, poemas y otros ejercicios de escritura que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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martes, 21 de mayo de 2013

“DESTINOS Y DESTINACIONES” de RKIA OKMENNI

Tú estás en tu pueblo del Rif y yo estoy en el mío del gran Atlas. ¡Qué doloroso golpe del destino! Incluso ahora, mientras te escribo, no me lo puedo creer. A finales del cursillo de formación, yo creía que quizás ambos podríamos empezar a trabajar en dos escuelas cercanas o, por lo menos, no tan distanciadas. Pero al contrario, veo que estamos en las antípodas el uno del otro. Lo peor que podía ocurrirnos.
El primer día pasé mucho cansancio y mareos viajando en el autocar durante varias horas. Luego continué en un transporte público en que se mezclaban y se me imponían muchos olores de personas con sus compras y animales que cargaban atados. Acabé el viaje en una mula y no pude valorar las virtudes de dicho modo de transporte ni la naturaleza que atravesábamos, dado que el animal, buen conocedor del camino, subía y subía el sendero sacudiéndome, mientras yo, temiendo caer, me agarraba con todas mis fuerzas a su cuello.
Al llegar, los aldeanos me esperaban con curiosidad y los niños con timidez. Las mujeres fueron poco acogedoras y sus  miradas me seguían fuera adonde fuera. Era la primera maestra mujer que llegaba hasta esta escuela tan lejana y recién construida. Las primeras noches tampoco fueron mejores ya que empecé a sufrir insomnio a causa de los ruidos nocturnos y creyendo que todo los seres vivos de la montaña se despiertan de noche y desaparecen de día. Aunque conseguí identificar a algunos de ellos, otros me resultaban desconocidos, por lo que dejaba mi lámpara encendida hasta la mañana intentando convencerme de desde aquel momento en adelante tenía que acostumbrarme a aquel concierto de la naturaleza.
Hoy es jueves y es el día del zoco, el día del mercado semanal y nadie viene  a clase. Según me han contado, el cambio lo habían organizado los aldeanos, lo cual significa que hay clase el domingo en vez del jueves. Los funcionarios e inspectores de la región no tuvieron otra elección que aceptar. Yo aprovecho todo el día paseándome en el campo de esta región montañosa, escribiendo cartas, leyendo o lavando la ropa. Otros horizontes, otras ocupaciones, otras preocupaciones, otro ritmo de vida…
Hace ya poco más de un mes que estoy aquí y el número máximo que he tenido en mi clase ha sido de siete niños con tres distintos niveles de primaria. Estoy en un lugar en donde ni siquiera se siente la necesidad de aplicar todo cuanto he aprendido en enseñanza infantil. ¡Qué desilusión! En nuestras discusiones de antes, te decía que además de dar cursos de matemáticas y otras disciplinas clásicas y lingüísticas, estaba dispuesta a enseñar a mis alumnos a ser creativos, a inventar, a asombrarse ante descubrimientos anteriores o potenciales del futuro y también quería formar mentes críticas para buscar e interrogarse  sobre el porqué de las cosas que se les ofrece en la vida o a lo largo de su aprendizaje. Pero lo que jamás hubiera esperado es que me faltaran alumnos. Estoy intentando convencer a sus padres, que no ven la utilidad (a corto, medio o largo plazo) del aprendizaje escolar, el cual consideran una perdida de tiempo. Vienen a las reuniones que organizo. Me escuchan mientras enumero las ventajas de la enseñanza en el presente como en el futuro, pero me siento cada vez como quien intenta vender tenedores a alguien que no sabe ni tiene ocasión de usarlos, ni posee lo que se come usándolos. Afortunadamente no sufro problemas de comunicación, dado que hablamos el mismo idioma a pesar de algunas diferencias. ¡Así que un problema menos!
Al principio tenía muchas reticencias para venir aquí y ahora es casi un desafío motivar a los niños y sobre todo a las familias para  que aprovechen el saber y la enseñanza en mi aula de edificio prefabricado. Seguro que al leer mi carta te dirás: ¿Por qué no les atrae la escuela a pesar de la curiosidad innata de los niños? Es muy sencillo,  aquí todos viven del azafrán, el oro rojo, y se necesitan manos pequeñas. Solo el número de recolectores importa para optimizar la rentabilidad de la cosecha de cada familia. Y cuando digo familia se entiende tres o más generaciones que todavía viven en la misma casa.
No sé cómo van tus clases, tus alumnos y los habitantes de tu pueblo… ¿Tienes varios niveles en la misma clase? ¿Tantos como en la mía? Parece que allí donde tú estás, la mitad del aula se convierte en alojamiento para el profesor, mediante una sábana. ¿Tienes electricidad, agua corriente? Aquí, ni en sueños. Voy a buscar yo misma el agua a la fuente, que está un poco más arriba de la escuela y, al llegar, compré en el zoco una lámpara de petróleo para la noche. Bueno, por ahora estoy acostumbrándome a todo ello…
Espero noticias tuyas aunque ¿Cuánto tiempo puede tardar en llegarte mi correo?

Rkia Okmenni.

Rabat, 5 de mayo de 2013.

Basado en “Intramuros (Esta noche estoy solo)”de la novela Primera con una esquina rota de Mario Benedetti.

"TARA (Los vecinos, la familia, y otras cosas)" de RKIA OKMENNI

Ayer en el crepúsculo, mi mamá salió de la casa del horno hacia la del ganado para dar el alfalfa a las vacas y la paja al burro. Tropezó contra algo blando que se movía y saltaba. Gritó. Cuando encendió la luz, descubrió no solo una rana, sino muchísimas ranas dirigiéndose hacia todos lados. Entonces empezó a decir entre dientes unos insultos que a nosotros no nos deja pronunciar. Luego, empezó a buscar al responsable que había soltado aquellos bichos en el pasillo de nuestra casa, y así fue preguntando uno a uno lo mismo, tanto a mis hermanas, como a mis hermanos, como a mí…
Me llamo Tara. Tengo once años y soy la más pequeña en mi familia. Tengo también cinco hermanas y siete hermanos. Los dos mayores tienen sus respectivas madres. Mi padre se divorció dos veces antes de casarse con la mía. Mi hermanastro mayor, Ahmed, vive con nosotros, pero Ali  vive con su madre lejos de aquí.
Por lo que respecta a las ranas, yo sé quién es el culpable. No le diré nada a mi madre porque podría enfadarse con él. Son las ranas de Sami, el nieto de nuestros vecinos de enfrente y que vive en la capital. Viene a casa de sus abuelos durante las vacaciones. Tiene ocho o nueve años y es un niño algo raro, pero divertido. Le gusta buscar ranas en el palmeral y jugar con ellas. Ayer se le escaparon de su vaso de plástico tras derramar el agua por accidente. A mí las ranas me dan asco, por lo cual no pude ayudarle.
Mi mama estaba convencida de que alguien quería hechizarla para que sus hijas jamás se casaran. Encargó a mi hermano que se fuera a buscar unos sapos prometiéndole a cambio una moneda. Dos días después, nuestros vecinos encontraron unos sapos muy feos en el umbral de su puerta y ni siquiera se quejaron.
Estos días, mi madre grita y se enfada porque mi hermana Muna se fue a trabajar al monte y muy lejos. Todos la echamos de menos en casa. Además, desde que mi papá ve solo siluetas y formas y no puede cocer el pan, ni ayudar en casa y ni siquiera ir solo a la mezquita, mi mamá está muy triste y a veces llora sin esconderse. Y mientras llora dice todo lo que le hace llorar.
Desde que mi papá esta casi ciego, reza mucho y habla poco, salvo cuando murmura sus rezos desgranando el rosario. El viernes pasado, su amigo no pudo acompañarle a la mezquita para rezar porque estaba de viaje. Mi padre mi pidió que lo acompañara y que le esperara delante de la gran puerta hasta que terminara de rezar para llevarle de regreso a casa. En el camino, le pregunté si empezaba a acostumbrarse a su ceguera. El me respondió que le faltaba mucho tiempo para eso. Yo lo mantenía con la mano izquierda y él se ayudaba mediante un palo con su mano derecha. Además, yo le indicaba cuándo debía subir o bajar de la acera o evitar un obstáculo. En una mezquita, las chicas no deben entrar por el lado reservado a los hombres, por eso mi padre me dejó sus zapatos para que nadie se los llevara. Muy avergonzada ante todos aquellos hombres que entraban para rezar, volví mi cabeza y miré hacia otro lado. Y como todos se vuelven muy piadosos el viernes, algunos me dieron una moneda pensando que yo pedía limosna. A nadie le enseñé ese dinero. Compraré caramelos al salir de clase y jamás acompañaré otra vez papa a la mezquita. Que lo haga uno de mis hermanos, ya que ellos sí pueden entrar.

Rkia Okmenni.
Rabat, 14 de mayo de 2013.
Basado en “Beatriz (Las estaciones)”de la novela Primera con una esquina rota de Mario Benedetti.

“RIM (REMAR A CONTRACORRIENTE)” de ABDELLAH EL HASSOUNI



¡Jolines! Estos mechones no se dejan dominar…, dijo y se dijo Rim, con su cepillo entre las manos. Esto no puede ser más que una consecuencia de este estado de estrés que estoy viviendo, agregó, tratando de encontrar una explicación mental que fuera aceptable a su estado de ánimo, pero intentando apartar a primera vista todo lo que era físico. Se repitió lentamente las palabras “soy una chica joven y dinámica”, como si quisiera convencerse a sí misma de ese hecho. Era su querida mamá quien a menudo se lo repetía con gusto y quien le sacaba esa frase mágica cada vez que la veía un poco con la mente en las nubes. Eso le dibujaba siempre una sonrisa radiante. Ahora, joven tal vez, a sus treinta y dos años, aquel primer adjetivo todavía podía ser actual, aunque en lo referente a dinámica ya no estaba tan convencida.
Lo había sido hasta hacía un determinado tiempo. El tiempo en que todavía vivían los seis en aquel chalet de los alrededores de la capital: sus viejos, su joven hermano Reda, ella, su marido y su pequeña perla, Tilila. Su adorable y elegante mamá, Hiba, una mujer de una familia secular, había hecho lo mejor posible para educarlos según el modo y las costumbres que ella misma había recibido. Pero los tiempos habían cambiado tanto… Rim y su hermano habían sido modelados de otro modo y no precisamente de manera tradicional. Se les había impregnado la cultura europea que habían recibido en la escuela. No arrastraban la hereditaria carga ancestral, ni el peso de la religión estricta y apremiante. Pero Rim estaba persuadida de que su mamá seguía masticando un montón de prejuicios que continuaban siendo alimentados por sus relaciones mundanas bien seleccionadas. Y aunque Hiba había frecuentado los bancos de la escuela, lo cual le había proporcionado un cierto grado de saber y por consiguiente cierta ventana entreabierta a la evolución de la sociedad y las nuevas tendencias que la agitaban, los puntos de vista de su madre no la habían socorrido a la hora de la verdad. Rim adoraba a Adam, su papá, con quien las relaciones eran más simples. Aparte de que desempeñaba el papel de cajero automático, abierto a cualquier hora del día o de la noche, no tenía mucho tiempo y los niños no le exigían tanto. Por tanto, cada uno se dedicaba a sus actividades y quehaceres. Rim, sin embargo, había notado que la situación había cambiado tras la partida de Reda, aunque Adam abiertamente no hablara de eso. A la primera ocasión que tuvo, Reda había despegado hacia el país de su segunda lengua materna (si no su primera) para sumergirse totalmente en sus aguas. Durante un tiempo, volvía como un golpe de viento para saborear un estofado de carne, cocinado por las manos de mamá, acompañado por un vaso de té a la menta, e intercambiar algunas reflexiones con Adam, su papá, sobre su vida en el mundo de allá. Ella, Rim, no había seguido a su hermano. Sentía ataduras más fuertes: un marido y una niña a quien había que incubar y proteger. No todo el mundo puede hacer lo que desea.
Y ahora estos cabellos de mierda que se deshilachan entre mis dedos…, dijo y se dijo Rim, observando su cepillo. Si todavía fuera mi madre quien me cepillara, no los habría visto caer y a ella, tan delicada y tan discreta, le habría costado confesármelo. La verdad es que echo tanto de menos su presencia a mi lado…, seguía pensando. Rim y su madre, las dos mujeres de la casa, siempre habían estado muy cerca la una de la otra, habían sido verdaderas cómplices. Una complicidad profunda y maliciosa, a menudo transmitida justamente con una mirada o un gesto insignificante y que se había fortalecido con la partida de Reda. Esa complicidad seguía siendo efectiva, pero no tanto como antes. La gruesa nube gris que había ensombrecido su relación, la elección del compañero de camino de Rim, había dejado secuelas indelebles. Salem formaba parte de la banda de chicos y chicas que frecuentaban el chalet. Su tez del color de las almendras tostadas y sus cabellos ensortijados revelaban que era un chico del sur, del extremo sur. Hablaba la lengua de Molière con un acento particular. Hiba intentaba verlo con buenos ojos, diciendo que ella siempre se había mostrado abierta a la mezcla de culturas. Sin embargo, el día en que se había enterado de la relación entre él y Rim, se puso a denigrarlo gritándole a su hija… Esto no encaja con lo que somos nosotros… Cuando me dirige una simple mirada, siento que me echa en cara nuestras diferencias con orgullo: “He aquí mi físico y he aquí de qué estoy hecho". No es de nuestro entorno, no es como tú, como yo, como todos los demás… El peso de las tradiciones y las raíces de una burguesía arrogante y despreciativa, incrustadas en el fondo de Hiba habían salido a flote de una bella manera... Rim, que pensaba por entonces que jamás uno tiene la misma madre que los demás, sino precisamente una madre diferente, se había tomado aquella oposición con paciencia e indiferencia y había respondido con cierta terquedad. Mantuvo la estrategia de no hablar ni de lo que había sido dicho ni de lo implícito y, por lo demás, dejó que el tiempo interpretara su papel… Al final, acabó por ganar. O, más bien, Hiba había acabado por ceder. No quería perder tanto quizá por tan poco. Y su cólera se apaciguó dejando sitio a la añoranza…
Y estos cabellos que ya no quieren reinar ahí arriba… ¿Quieren también alejarse de mí? ¿Debe ser esto también sólo culpa mía? ¿O quizá es de mamá, o de de Salem o de los dos? ¿O bien es una señal de que el tiempo pasa volando y me cuesta confesármelo? Con treinta y dos años no soy precisamente una mujer madura, aunque sea una joven mujer que ya no es dinámica, dado que he aguantado lo que he aguantado. Pero no hay que remar hacia el pasado. A menudo el tiempo no se mide por minutos, días o años sino más bien por la manera con la cual vivimos el tiempo…, pensó Rim. Se levantó, echó los mechones en el inodoro y tiró de la cadena.


Abdellah El Hassouni

Rabat, 20 de mayo de 2013

Basado en la secuencia “El Otro (Testigo solito)” de la novela Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti.

jueves, 16 de mayo de 2013

“EL VETERANO (SUEÑOS, ENSUEÑOS)” de ABDELLAH EL HASSOUNI



Miró sus ojos y descubrió en ella un verdadero sufrimiento. Sabía que sus caricias no podían aliviarla. Sin embargo, él continuó a pesar de que era bien entrada la noche. Ella gemía de vez en cuando, cada vez más débilmente. Él no podía proyectarse en aquella situación. Tenía ideas vagas, esperanzas y, sobre todo, temores enterrados. Y ahora las cosas habían cambiado totalmente.
Al aproximarse a la fecha fatídica, ocho meses antes, él se había visto a sí mismo administrándolo todo con acierto, ya que siempre había sido un buen administrador en todo. O por lo menos era lo que pensaba de sí mismo. Normal, ¿no? Sobre todo para una persona como él, que había trabajado tanto y sin parar. Tanto tiempo para cosechar cabellos entrecanos y todo el tiempo para no saber hacer nada más, nada más que trabajar. Eso se debía probablemente a su educación, a su época. Él había dado sus primeros pasos bajo la protección de unos padres trabajadores en una casa sin televisión, sin portátil e incluso sin teléfono. Sus juguetes, aparte de unas simples canicas y una peonza, todos los había fabricado él mismo con pedazos de madera, latas de conservas vacías y un poco de ingenio mezclado con chillidos de niños alegres. De adolescente, los únicos momentos en que su padre no le gritaba «el tiempo es precioso y hay que saber aprovecharlo» era cuando lo veía estudiar o sostener un libro entre las manos.
Así y después de discusiones maratonianas con su fiel compañera y madre de sus dos niños, había decidido dejarlo todo y llevar a cabo su sueño, ahogado en el fondo de sí mismo desde hacía una eternidad. Su mujer no se mostraba favorable ante aquella idea, por no decir que estaba verdaderamente en contra. No se veía rompiendo con todas las atracciones mundanas que habían rellenado y jalonado su vida durante más de treinta años de matrimonio. El argumento de choque de él era repetir «no hay que pensar solamente en lo que podemos perder, sino sobre todo en lo que vamos a ganar». Y le describía de modo bastante poético cómo ambos le retorcerían al aburrimiento urbano su cuello con sus mil caras, cómo alejarían las inquietas y pequeñas nubes y le devolverían al azul del cielo su resplandor original, y cómo a la fuente le devolverían sus ganas de llorar con ruido y sin reserva alguna. Además, viendo la pequeña sonrisa que se dibujaba en sus grandes ojos castaños, le describía cómo ambos se regocijarían solos, estirados, luminosos, revestidos de pereza y de sueños, sobre un lecho blando y meloso de verdadero heno. Y así fue cómo en un abrir y cerrar de ojos, ya en los primeros días de su jubilación, vendió su vivienda, liquidó sus bienes y compró aquella pequeña granja situada en medio de cualquier sitio y a dos pasos de una ciudad y su imprescindible centro.
Pero hay muchas bellas ideas que a menudo generan víctimas. Su mujer era una, tal vez la única de los dos. Él le replicaba que siempre hay que engañarse para tener razón después. Sin embargo, había comprado dos caballos, algunas vacas, varios corderos, había poblado un corral y había vuelto a practicar su juego favorito, el de veterinario. Había recuperado su ritmo de trabajo y había conseguido de una manera bella constreñir el tiempo, acotarlo y volverlo casi intangible.
Sonó su portátil. Ella levantó la cabeza, volvió a colocarla en el montón de heno, gimió, se agitó, ofreciéndole la esperanza de una solución próxima. Era Rim, su hija, que quería saber qué era de ellos. Él le informó sobre el estado de su madre, sobre el mensaje de su hermano Reda, pero sobre todo le habló de Blanca, su vaca, que en ese momento se hallaba tendida a su lado y dando luz al primer ternero de la granja.

Abdellah El Hassouni
Rabat, 6 de mayo de 2013
Basado en la secuencia “Caballo verde” de la novela Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti.

martes, 30 de abril de 2013

“CIUDADANA…” de ABDELLAH EL HASSOUNI



Ya me enteré, ciudadana,
ciudadana, ya sé que dices,
que tengo una casa,
una morada bien arraigada
y que soy altiva, arrogante.

Y fíjate bien que tú
no eres tan ciudadana.
Las afueras del centro están
tan alejadas y recién pobladas…

Lo revela tu raro aspecto.
Lo revela tu pie número cuarenta,
lo revela de verdad.
Lo revelan tus gestos, tu fraseología.
Lo revelan tus ropajes de carnaval,
lo revelan de verdad.

 Si tú supieras, ciudadana…
La verdad es que mi pareja
es una estrella de la ciudad
que ni soñar tú pudieras…

Abdellah El Hassouni
Rabat, 1 de marzo de 2013
Basado en el poema “Mulata” de Nicolás Guillén.

“DECEPCIÓN” de ANASTASIO GARCÍA

            Te escribo para decirte que ya he empezado a arreglar eso. Empecé la semana pasada. ¿Sabes…? El otro día estuve en la puerta del Sol, el centro del mundo, el centro del paraíso perdido. O al menos, eso creía yo. Viajé hasta allí porque tenía que ver a alguien que nos va a ayudar. El viaje fue tedioso, cansado, famélico… Ya sabes que intento ahorrar el máximo dinero posible.
            Todo estaba lleno. Gente. Gente y mucha más gente. En realidad, en este aspecto, no hay tanta diferencia entre allí y aquí. Por algo somos vecinos.
            Dando un paseo la vi. Sí. Allí estaba, a unos doscientos metros. De repente, el corazón casi se me paraliza. Tenía los rizos negros colgando por los hombros y esos ojos pequeños, pero llenos de energía. Sabía que no era ella. Que está contigo allí, pero no pude resistir la tentación de acercarme y verla. Tenía y sentía la necesidad de refrescar su recuerdo en mi memoria. Solamente quería ver su cara, su sonrisa y eso hoyos en sus mejillas que me vuelven tan loco. Pero no pude. Su padre, supongo, al acercarme, la cogió de la mano y me miró con una mezcla de miedo y pánico. ¿Se pensaría que le iba a hacer algo malo? ¡Maldito estigma!
            Para no asustar a la niña, bajé la mirada al mismo tiempo que me disculpaba con un tímido perdón. Me di la vuelta y empecé a deambular hasta que encontré un lugar para dormir. No era muy cómodo, pero no encontré otra cosa. Pasé frío, mucho frío, mientras contemplaba las estrellas. No quiero que pienses que no estoy bien. Simplemente os echo mucho de menos… ¡No sabes cuánto!
            Ah, bueno…. Casi se me olvida. Eso va bien. Creo que en un mes tendré alguna respuesta. Ya te contaré.

Anastasio García.
Rabat, 22 de abril de 2013.
Basado en “Intramuros (Esta noche estoy solo)”de la novela Primera con una esquina rota de Mario Benedetti.

“EL SUEÑO DE UN GATO” de AIXA ABOUNAI


Una bola de pelo a mis pies,
su calor me calienta el corazón,
se pega contra mis piernas,
me impide estirarlas.
Pero, en lugar de molestarme,
su presencia me reconforta;
ondulándose, la respiración tranquila,
mi gato ronronea de placer
y me transmite mucha ternura
que calma mis angustias.
Son las seis de la mañana,
la bola se mueve, se ovilla,
se alarga, se estira y maúlla,
requiere sus mimos matutinos
y después de algunos lamidos
salta de la cama y corre por el jardín.

Aixa Abounai
Rabat, marzo-abril de 2013.

“LA RUPTURA” de AIXA ABOUNAI


En una noche oscura
con dolor el alma avivada
por una cama abandonada
y una callada locura,
despierto yo con amargura.

¿Qué pasa en esta casa?
La mía no está tan fría,
sobre la cama mi carcasa,
me duele hasta la histeria
y miro esta cabeza
y veo que no es la mía.

Una sensación de oquedad desolada
se expande cuando recuerdo
que te fuiste y dejaste mi vida helada.
Es mi casa, pero tú te llevaste su calor.
Lo más duro no es el vacío que hay alrededor
sino el vacío que me bulle dentro y que es mucho peor.

Oh, noche negra y pesada,
deja venir la luz del día
para iluminar mi vida devastada,
apagar el fuego de mi alma tan fría
y adornar con flores mi herida ajada

Oh, noche de gran extensión oscura,
me agoto tal como una flor sin fluido,
quiero dormir lejos de todo ruido
olvidar los dolores y toda criatura,
ser una estrella y evitar la locura.
  
Aixa Abounai.
Rabat, marzo de 2013
Basado en el poema “La noche oscura” de San Juan de la Cruz.

"INMIGRACIONES" de ABDELLAH EL HASSOUNI


Sobre un tono frío y casi mecánico, la voz impersonal de los altavoces anuncia una parada técnica. Contrariamente a las estaciones, las paredes negras de este túnel todavía escapan de las vallas publicitarias luminosas. Afortunadamente, no habían previsto la frecuencia de tales averías. A pesar de las caras cansadas, consecuencia de un largo día de trabajo, cada uno, sólo en su burbuja, intenta ocuparse como puede. Como un espejo, el reflejo de las luces de neón sobre los cristales alumbrados del metro me devuelve mi propia imagen. Es obvio que no escapo de la regla: una cara estirada y unas gafas mal ajustadas. Las cosas no son como eran en tu tiempo. Pocos enarbolan un libro. Solo aparatos con cables que cuelgan por aquí o por allá. Algunos cuchichean ellos mismos o con gentes invisibles. Yo mismo estoy aporreando el teclado táctil de mi Smartphone para escribirte.
La voz vuelve para disculparse de nuevo por esta detención ajena a su voluntad. Esto conlleva una parada aún más larga. Una ojeada al reloj y las cabezas recuperan sus posiciones. En estas situaciones el tiempo se estira y se alarga como un par de medias. Esto molesta; el tiempo es dinero y no hay que despilfarrarlo. Un flash-back me hace sonreír. Recordé tu historia, tu primera experiencia, aquella ocasión en que quisiste imitar a los otros viajeros del metro. Querías aprovechar el tiempo para leer un libro. Pero ellos sabían siempre la estación en la cual debían descender. Y tú, sumergido en la lectura, te habías pasado de largo algunas. Sí, hasta el placer hay que automatizarlo para optimizar el tiempo. Y actualmente esto se ha acentuado mucho más. La presión es más fuerte. Afortunadamente nuestros chismes técnicos nos ayudan a recordar toda desviación de conducta.
Es curioso cuán contagiosa es esta noción de ir rápido, de optimizar el tiempo. En nuestra casa, en nuestro país, nunca fue cuestión de eso. Pero aquí, hay que despertarse con los gallos (aunque aquí no haya gallos), correr para alcanzar tal o cual tren, coger tal o cual línea o correspondencia, llegar muy justo o antes que los otros. Trabajar como chiflados durante todo el día. No porque te lo hayan dicho, sino simplemente porque el otro, el colega, el vecino lo hace. Todos nosotros lo hacemos automáticamente porque al fin y al cabo hay que cumplir los plazos, las fechas topes, albergando la discreta esperanza de tímidas enhorabuenas y de ciertas cifras en la parte inferior de la nómina.
Aunque no os escribo a menudo, os echo de menos. Mi madre, su sonrisa, sus estofados de carne, me faltan. El sol, las callejuelas de la Medina, el vaso de té muy caliente me faltan también. Tú y tu sonrisa discreta, tus ojos inteligentes y chispeantes escapan ante la llamada de mi memoria. Algunas veces, con los ojos cerrados, un flujo ininterrumpido de imágenes vuestras se proyecta ante mí. Una loca desazón me tienta y quisiera arrojarlo todo bajo los carriles del metro, tomar el primer avión y estar ahí para repantigarme a vuestro lado. Una vez los ojos abiertos, recupero mi carrera, como siempre. Y vosotros, ¿me echáis de menos?
El metro volvió a arrancar. Parece que alguien intentó suicidarse, echándose entre los carriles. Hasta los acontecimientos tristes tienen su lado bueno. Eso me ha permitido escribirte este mensaje. Besos, un montón de besos. La próxima parada es la mía.

Abdellah El Hassouni
Rabat, 25 de abril de 2013.
Basado en “Intramuros (Esta noche estoy solo)”de la novela Primera con una esquina rota de Mario Benedetti.

“DIARIO DE UNA MUJER” de FATINE SEBTI


Martes, 3 de marzo

- ¿Qué hora es?
Dos manzanas y un pato, señorita.
Andrés, por favor, en serio, ¿qué hora es?
¿Me equivoqué? Ah lo siento, son tres bosques y una hormiga, señorita.

Nunca supe por qué a Andrés le gustaba llamarme señorita, aunque yo rozara la cima de mis cuarenta años. Me hablaba sin mirarme, cortando troncos de árboles. Sus músculos bailaban tango bajo su piel morena y oliendo su sudor a juventud.
Llegar a Rioblanco es un vértigo. Una desorientación completa. Una belleza deslumbrante y diferente de todo lo que conocí. Un silencio desconocido, una naturaleza caprichosa y de facetas múltiples. Es un mundo nuevo, auténtico e insospechable.
Mi trabajo con la gente ocupa mis días y por las noches disfruto de mi soledad y la guitarra lejana y triste de Andrés. Todavía vive en la casa de sus padres, aquí los hijos cambian de casa sólo al casarse. Andrés no está casado. No sé por qué, pero me alegro.
Durante los fines de semana, Andrés hace de guía y me enseña los pueblos cercanos. A veces echo de menos mi vida de ciudad, de muchedumbre, de muchas cosas por hacer… Pero me gusta estar aquí.

Lunes, 10 de marzo

Qué maravilla romper con la sociedad intelectual e industrial, romper con el ruido, la hipocresía, las apariencias, las tiendas de ropa, la tecnología, el estrés, el conformismo… Me parece que todo carece de interés: el dinero, el ir de compras, el trabajo que se vuelve una esclavitud, las convenciones sociales… No es una vida verdadera… Miro todos esos años que quedan atrás… Pura pérdida.
La vida en el campo no es tan aburrida como me imaginaba, por lo menos aquí. Hay una paz muy dulce, gente simpática y sincera, pan de casa, frutas verdaderas, sabores nuevos, caminatas infinitas, lluvias transparentes y sol apasionado.
Vienen viajeros, se organizan fiestas con guitarras y vino, bailes, risas improvisadas. Doy clases de francés a los niños, leo los libros que nunca tuve tiempo de leer. Y los días pasan, dulces y lentos.
Aquí el tiempo no se deja encerrar en relojes, ni representarse con cifras; se extiende lento, generoso, relajado y misterioso. Y cuando le pregunto a Andrés…
¿Qué hora es?
Una luna menos cuarto, señorita
Me hubiera gustado ser una señorita, su señorita.

Martes, 18 de abril

La primavera despierta mi cuerpo adormecido. Las flores se abren, mi cuerpo florece. Me reclama cosas que yo rechazo sin gran convicción…

Miércoles, 19 de abril

El aire de las montañas ya conoce el mapa de mi cuerpo, todas las callejuelas de mi alma, pero sobre todo sabe muy bien cómo seducirme. Primero viene dulce y tiernecito, susurra a mis oídos algo lejano y misterioso, acaricia mi cuello y me estremezco. Luego con fuerza me recorre, entera, conquistada, consentidora, entregada…. Y se va, dejándome un sentimiento de vida y de pureza muy intenso.

Viernes, 7 de mayo

Me siento verde, tan verde como la hierba mojada que me rodea, tan fresca como la tierra bajo mis pies… Tan fuerte como toda esa roca que se eleva y ansía el cielo sin nunca alcanzarlo. Tres meses apenas y me siento otra. Los lazos con mi otra vida se rompen uno a uno. No echo de menos a mi marido. Y todo me parece como si nunca hubiera existido, un sueño impreciso o inacabado. Y me doy miedo a mí misma. Andrés me atrae. Mis principios en la vida no me permiten tener nada con él. La edad y… que soy una mujer casada. Pero la fuerza de mis principios se debilita cada día más. Nada me parece grave, imposible, me siento muy libre… Estoy cambiando.

¿Cuánto tiempo lleva aquí, señorita?
Mil y un vuelos de mariposa, Andrés.

Lunes, 23 de mayo

Ya no disfruto de la soledad. Y, al mismo tiempo, todavía no quiero volver a la ciudad. Y no sé si un día querré. Ramón ni siquiera me llama, estará ocupado con sus conquistas, ya que ahora tiene toda la libertad que ansía. Se habrá desembarazado de mis “¿Dónde estabas?”, “¿Quién es Marilú?”, “No me toques”.
Aquí, Andrés se vuelve una obsesión. Con él me siento muy mujer. Me atrae.
¿Quizás debería volver a casa?

Miércoles, 25 de mayo

Hoy tuve un sueño maravilloso, breve e intenso. Una frase…en un sueño… y estoy todo el día en una nube.
- ¿Qué hora es, Andrés?
- Una caricia y cien te quiero, mi señorita.

Domingo, 29 de mayo

Sé montar a caballo, sé los nombres de las flores y los árboles, conozco a todos los del pueblo, uno a uno, y me han ofrecido un puesto fijo. Tienen proyectada la construcción de una escuela y me proponen ser la directora. Si acepto, ningún regreso será posible.

Martes, 8 de junio

Soy como Oliveiro Girondo, me gustan los hombres que saben volar. El mío ha dejado de volar ya hace tres mil huracanes… Y me he olvidado de cómo es volar con un hombre.
Andrés me llevó muy alto en el cielo esta noche. La tentación era demasiado fuerte, me dejé llevar. Y la verdad es que no me arrepiento.

Domingo, 12 de junio

A veces me parece que la juventud se contagia. Tengo veinticinco años y una gota de miel, pero algo me dice que no será para siempre. Andrés es un hombre silencioso con una brisa de misterio. Yo no la tengo, soy una mujer que sorprende, pero no soy misteriosa.

Miércoles, 30 de junio

No estoy enamorada, estoy como flotando en un cielo atemporal, lleno de flores o esponjas coloradas. Estoy satisfecha y me siento libre como una nube, blanquísima.

Viernes, 1 de julio

Ramón llamó. Me habló con esa voz profunda y tranquila que siempre me ha seducido. Quiere que vuelva. Bueno, con “quiere” me refiero a que lo desea, porque entre nosotros ya no hay obligaciones desde hace tiempo. Yo sé cuándo miente, pero esta vez perecía sincero… Y algo en sus palabras me conmovió. No creía yo que mi corazón todavía fuera capaz de conmoverse por Ramón…

Lunes, 5 de julio

Dicen que aquí, en la cima de la montaña más alta de las montañas, brota una flor azul cada mil ochocientos y cuarenta días. Durante la luna llena sus pétalos brillan intensamente y una nueva estrella nace en el cielo. Luego la flor se seca, pero no se marchita. Al hombre que la recoge esa misma noche, se le ofrece la mujer que elija del pueblo y por toda dote él le ofrece la flor azulada.
La flor da a la elegida la fertilidad del cielo, la luz de la luna y el amor eterno.

Domingo, 11 de julio

Vivo en un rincón maravilloso del mundo, pero no es un paraíso. Y mi nube ya no es tan blanca.
La gente empieza a hablar de lo nuestro.
Que soy vieja, que Andrés necesita una mujer para tener niños.
Ahora me miran como una extranjera, una intrusa… No lo tomo a mal.

Martes, 20 de julio

Cuando pienso en Ramón, (porque pienso en él desde su llamada), veo a aquel hombre sonriente y enamorado de cuando nos casamos, no la imagen del hombre taciturno que se ha vuelto.
Sus palabras resuenan en mis oídos: empezar de nuevo… Ya no soy la María de antes… Si vuelvo será con verdaderos cambios.

Jueves, 22 de julio

Después de este tiempo lejos del mundo, creo que no podré volver a mi vida anterior. Para empezar de nuevo hay que hacerlo en otra parte. Si Ramón quiere reconquistarme tiene que ser bajo árboles y sobre caballos.

Miércoles, 5 de agosto

El adiós fue sincero y apacible. Un adiós dulce y lleno de sentimiento. Un abrazo azul que llevaré conmigo para colorear mi cielo cuando esté gris.

Mi nube viajera me está esperando, no puedo tardar.

- ¿A dónde vas?
- A donde mi nube me lleve… Dime ¿qué hora es, Andrés?
- Un trébol con cuatro hojas y dos flores de jazmín…


Fatine Sebti
Abril de 2013
Creado durante un viaje de trabajo por las montañas del Atlas

viernes, 19 de abril de 2013

“AÑORANZA” de ABDELLAH EL HASSOUNI


Los tesoros de antaño deseas,
y un dócil siervo ansías,
un lince domesticado,
un siervo que te cante sonetos
y te repita con perfumes y rosas
te quiero, amada mía.

Pero mi orgullo yo sólo tengo
y una sonrisa templada;
he añadido silencio y tristeza
y un corazón desmigado.
Así, he perdido mis dudas
y reencontrado mis certezas.

Ya no me emocionan
ni me conmueven tus senos
que ahora por allí se repliegan.
Como tras un puro habano
no quedan más que cenizas
de nuestras palabras
te quiero, amada mía.

Cuando muera el ocaso
buscarás mi mirada 
mis dedos en tus cabellos,
mi fragancia ahumada
mi tan criticada carcajada…
Y en el vacío te darás cuenta
del valor del tiempo quemado,
de ese pasado que nos es tan lejano.
de la falta del te quiero, amada mía.

¿No lo sabes? La vela se consume
y no volverá jamás a resplandecer
aquella luz amarilla tan irisada.

Abdellah El Hassouni
Rabat, 10 de marzo de 2013
Basado sobre el famoso soneto XXIII de Garcilaso de la Vega.

“2 1 2” de ABDELLAH EL HASSOUNI


Dos cuerpos cara a cara,
cuerpos tendidos, sometidos,
felices, ufanos, decididos,
fantasean con un alba clara.

Brotan miradas hambrientas,
infieles, revoltosas, volubles.
Hablan con palabras tiernas
indoctas, salvajes y comunes.
Suspiran, gimen y se acercan.

Dos cuerpos frente a frente,
cuerpos abiertos, prendados,
prestos, temblorosos, callados,
atentos, ansiosos e impacientes.

Uno dice: lejos de mí,
estás perdido, eres desconocido,
un rey destronado, sin reino,
un siervo sin amo, sin dueño,
una colina baldía sin jazmín.

Replica el otro: conquistaré
tus cañones y tus dunas,
tus valles y tus lagunas,
los claros y los bosques
y morarás entre mis manos.

Dos cuerpos que se olfatean,
se acarician, se estremecen,
se juntan, se arquean, se iluminan,
se incorporan, se confunden,
son un ser único y una sola piel.

Se desgarran, se admiran, se relajan,
sonríen, disfrutan el instante.
De repente se rejuntan, se inflaman,
se enloquecen, vuelven a ser fuego
y se consumen para dislocarse.

Ahora dos sombras se separan,
se deleitan en la feliz fatiga,
con la última gota del diluvio.
Agotados, se cogen por los ojos
y sin prometerse nada,
como el mar se retiran,
hacia el borde del lecho.

Dos sombras se alejan...

Abdellah El Hassouni
Rabat, 3 de abril de 2013
Basado en “Dos cuerpos” de Octavio Paz y en “Espantapájaros (12)” de Oliverio Girondo.

«VEINTE AÑOS, HIJO», BAHIA OMARI

    Lloro sin cortar cebollas, pero oigo la fluidez de las lágrimas, lágrimas por el dolor que alcanza siempre mi corazón, mi alma; un...

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Cantando los versos de José Martí.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Iman y Anastasio recitando a Mario Benedetti. Mohammed a la guitarra.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Manal, Ahlam y Assia recitando a Oliverio Girondo.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Rkia recitando a Delmira Agustini

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Bahia recitando a Alfonsina Storni.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Laura & Mohamed y Mohamed & Laura cantando a Alfonsina Storni.

Ensayando para el Día E junio 2015

Ensayando para el Día E junio 2015
Grupo del Taller de Lectura y escritura 2015

Recital 18 de junio de 2016

Recital 18 de junio de 2016
21.00 Instituto Cervantes de Rabat

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Rabat, 24 de abril de 2015.

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014
Recital "A orillas del Bu Regreg 2014"