TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A orillas del Bu Regreg», el blog de los integrantes del Taller de lectura y escritura creativa, un curso especial que realizamos desde hace doce años en el Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos).

En este espacio damos a conocer los cuentos, poemas y otros ejercicios de escritura que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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jueves, 21 de abril de 2016

«NO ME DEJES» de BAHIA OMARI

Sentado en la cabecera de tu cama, espero la luz del alba que iluminará tu rostro apacible, que te da vida para continuar nuestra experiencia de amor mágico, nuestra historia tan feliz y maravillosa.
No te vayas pronto ni en cualquier momento; es demasiado pronto para que te vayas. No me dejes…

«Ne me quitte pas,
Il faut oublier, tout peut s’oublier
Oublier le temps
Les malentendus et le temps perdu.»

He recordado aquel día… Me he acordado del día en que vi tu fina silueta adosada a una mimosa florida en el mes de abril. El dorado de tu cabello resplandecía en el jardín y también iluminaba todo mi cuerpo. Un destello me atravesaba cuando nuestras miradas se cruzaron. Desde ese momento me dije una y otra vez que tú serías el amor de mi vida.
Hemos vivido juntos momentos tan felices…  Hemos vivido amor y desgracias, querellas y reconciliaciones. Hemos vivido una buena relación en armonía.  No me dejes…

«Tout peut s’oublier
Ne me quitte pas…
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parfois à coup de pourquoi,
Le cœur du bonheur.»

He recordado…
A nuestros hijos, que han llenado nuestra vida. He recordado que lo hemos compartido juntos todo: sus nacimientos, sus fiestas de graduación, sus matrimonios. He recordado…

He recordado…
Tus deliciosas recetas, siempre a punto y en cada ocasión.
He recordado tu delicada manera de recibir a nuestros familiares y amigos. Tu manera tan inteligente de solucionar cada problema.

He recordado…
Sí, he recordado mucho.
He recordado tu afecto. He recordado tu sonrisa. He recordado tus tarareos.
Tú eres mi razón de vivir y el amor de mi vida.

No me dejes, querida mía, te necesito, necesito tu presencia.
Nos juramos que jamás nos separaríamos y que viviríamos nuestra vejez juntos, que no estaríamos solos ni tú ni yo…

«Moi, je t’offrirai des perles de pluie
Venues de pays où il ne pleut pas
Je creuserai la terre jusqu’à ma mort
Pour couvrir ton corps d’or… et de lumière
Je ferai un domaine où l’amour sera Roi
Où l’amour sera Loi, où tu seras Reine
Ne me quitte pas…
Ne me quitte pas…»

¡Despiértate, amor mío, vida mía! Estoy solo entre estas paredes, tan oscuras a pesar la luz de las velas y de las lamparillas. Durante toda la noche, yo te he velado, he estado pendiente de tus deseos. Mis recuerdos me han transportado lejos, lejos de este momento tan doloroso, tierno, silencioso, delicado.
Pero estoy contigo, estoy cerca de ti, hablo contigo a través del pensamiento.

«Je t’inventerai des mots insensés
Que tu comprendras,
Je te parlerai de ces amants là,
Qui ont vu deux fois leur cœur s’embrasser.
Je te raconterai l’histoire de ce roi
Mort de n’avoir pas pu te rencontrer
Ne me quitte pas….
Ne me quitte pas…»

La vida es muy dura cuando la muerte nos derriba, nos atrapa. Todo se derrumba, dejando atrás el último vacío. Despiértate para ver lo que hace el perdido… Despiértate para oír mis deseos, mis lamentos. Despiértate. Despiértate.
No puedo llorar, no. Tú eres preciosa para mí, por eso no lloro, no lloro, no…

«Je ne vais plus pleurer
Je ne veux plus parler
Je me cacherai là
A te regarder danser et sourire
A t’écouter chanter et puis rire
Laisse-moi devenir l’ombre de ton ombre
L’ombre de ta main
Mais...
Ne me quitte pas…
Ne me quitte pas…»

Pero me quedo así, hasta el alba, con mis recuerdos, mis deseos, mis oraciones, cerca de mi vida real, mi compañera de siempre. Mientras ella abandona este mundo con una sonrisa en sus cariñosos labios. Una sonrisa tan gloriosa, tan radiante, que ilumina su rostro inerte. Un rostro que irradia para mí y en mí un jardín de alegría, a pesar de que, dentro de mí, se va grabando un valle de lágrimas.

Bahia Omari
Rabat, 15 de abril de 2016
Actividad «Incrustar letra de canción en un cuento con doble acción temporal», inspirada en la técnica narrativa de los capítulos 12 y 13 de La voz dormida de Dulce Chacón.

miércoles, 20 de abril de 2016

«SIEMPRE JUNTOS» de CLARA URBANO




  Había llegado el día. Dolores no se sentía con fuerzas para levantarse. El cuerpo le pesaba tanto como el alma. La tenía destrozada. Sus ojos, totalmente secos, hinchados e irritados, después de una noche de descarga incontrolable, le dolían tanto como aquella vez que se clavó el cuchillo jamonero en la palma de la mano. Las últimas lágrimas las había derramado la noche anterior, cuando su querido esposo perdió los papeles en el juzgado despotricando contra el juez y descargando toda la rabia que tenía almacenada. Tanta era la impotencia que sentía, que no midió sus palabras ni las consecuencias… Se lo llevaron detenido. «Maldito», le dijo al juez señalándole con el dedo mientras lo agarraban dos agentes para obligarlo a abandonar la sala. «Una justicia de mierda es lo que tenemos en este país», sentenció para condenarse minutos después. Y la pobre Dolores lo presenció todo, silente, con el corazón en un puño.
        Regresó sola. Sin lágrimas. Sin marido. Y sin casa. El banco se la quitaba definitivamente. Era de ellos, toda de ellos, la construyeron poco a poco, reuniendo el capital durante años para acondicionarla y hacerla más habitable, más suya. Sí. Era de ellos. Pero ya no. Avalaron al único hijo que tenían hasta que el temible paro entró de lleno en su hogar y se apoderó de todo. No se lo habían pensado. ¿Para qué? Era Mario quien les pedía ayuda. No necesitaban pensarlo. Firmaron el contrato responsabilizándose de aquella hipoteca, la que le abría la esperanza a su hijo de formar su propia familia. Y le ayudaron a pagarla religiosamente todos los meses, porque al pobre de Mario no le llegaba el sueldo.
        Dolores entró en el salón arrastrando los pies, cansados como su corazón. Su hijo no tardó en llegar acompañado de Belén, la joven enfermera que colaboraba con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Se había sentado en la butaca con la vista perdida en la Plaza del Pino. Ya nunca más vería los pájaros revolotear en los árboles, ni escucharía el canto de las golondrinas en primavera, ni el ruido de la persiana de la pastelería de Manolita. Ya nunca más le daría los buenos días a Fernando, el maestro jubilado del quinto, ni a Pura, la vecina del primero, tan extremeña como ella. Nunca más pasearía por Las Ramblas con la cabeza en alto, orgullosa de su vida… Una vida que llegaría a su fin en el preciso instante en que abandonase su nido, el que Francisco y Dolores habían construido durante media vida con tanto sacrificio y amor. Belén se acercó a ella, le estampó un sonoro beso en la frente y le dio un paquete en nombre de todo el equipo. En una ocasión, Dolores le confesó que le hubiera gustado tener la recopilación de todas las canciones de Abba. Nunca tuvo tiempo. Mentira. Sí lo tuvo. Pero todos sus pensamientos iban destinados a satisfacer las necesidades de los suyos. Sus deseos se quedaron en el camino. Abrió aquella caja absorbiendo las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Y allí estaban todas, absolutamente todas, en digital, para disfrutarlas en cualquier momento desde el móvil que le habían regalado. A Dolores se le encogió el corazón y soltó un quejido emotivo y desolador por partes iguales. Se abrazó a Belén, totalmente desconsolada por la situación de la anciana.
        Después de una larga charla para calmar los ánimos de Dolores, la joven la convenció para que empaquetase la ropa y los objetos más valiosos. Del resto se ocuparían los vecinos y, entre todos, buscarían un hueco para guardarles algunos electrodomésticos y muebles mientras la Plataforma intentaba evitar el desahucio. Todavía les quedaban varias horas antes de que llegase el grupo encargado de precintar la vivienda.
        Con la ayuda de Belén, Dolores empezó a colocar cuidadosamente en las maletas toda la ropa del armario. Y eligió disfrutar del regalo melódico de su amiga. Lo necesitaba. A veces, sin querer, mojaba algunas prendas. Chiquitita, dime por qué tu dolor hoy te encadena, cantaba Abba encima de la cómoda, que en tus ojos hay una sombra de gran pena... Entonces, Belén la envolvió entre sus brazos y ella se dejó querer. La joven quiso silenciar las palabras que salían del móvil, pero Dolores no la dejó. No quisiera verte así, le dijo la joven con la mirada, coreada por Abba. La anciana, cabizbaja, continuó embolsando.
        Fue en ese instante, entre los manteles que guardaba en el armario de la cocina, mientras Abba zumbaba en sus oídos, cuando le vinieron a la memoria aquellos días silenciosos que pasaba bordando con su madre el ajuar… El mismo mantel que ahora acariciaba… Entonces, estaba llena de esperanza, a pesar de los requiebros de don Justo, su padre, que no veía con buenos ojos su relación con Francisco. Y su madre la animaba cada vez que su padre amenazaba con romper aquel noviazgo… Chiquitita sabes muy bien que las penas vienen y van y desaparecen, (que) otra vez vas a bailar y serás feliz como flores que florecen… Y la vida continúa para todos, le decía su madre, por igual, porque el dolor te acompaña durante un tiempo, pero el amor de los que te quieren permanece siempre… Y no hay que llorar, las estrellas brillan por ti allá en lo alto, insistía Abba. Y Francisco la tendría en su pensamiento y en su corazón, toda la vida… Quiero verte sonreír, le diría, para compartir tu alegría, mi amor, el resto de mis días, debajo de un puente si ese es nuestro destino, pero contigo, siempre contigo, Chiquitita.
Clara Urbano Lira
Rabat, 17 de abril de 2016
Actividad «Incrustar letra de canción en un cuento con doble acción temporal», inspirada en la técnica narrativa de los capítulos 12 y 13 de La voz dormida de Dulce Chacón.

jueves, 14 de abril de 2016

“GOYTISOLEANDO EN LA PLAZA DE JEMAÁ-EL-FNÁ” de Halima, Bahia, Laura, Fatima, Rkia, Anastasio, Abdellah, Clara y Amal.

A vista de pájaro: espacio abierto y plural, libre circulación de personas y bienes, locales comerciales portátiles, luces empalagosas, coexistencia de múltiples, simultáneos reclamos. (Halima)

Movimiento, cercano, alrededor y dentro de cada corro.
Perdido en un maremágnum de olores, sensaciones, imágenes: trashumar de corro en corro.
Colectividad fraterna que ignora el asilo.
Marchando ocioso en este ágora atractiva, donde puedo aplacar la sed de uno o/y de todos. (Bahia)

Luciérnagas en un océano de oscuridad, maremágnum de olores colores y sabores, placer para los sentidos, estómagos arrastrados desde bocacalles para ser saciados, frenesí antes de la calma... (Laura)

Una alma singular, una traducción cultural en un vasto espacio teatral fascinante divertido gratuito. Una metamorfosis diaria plateada, nocturna ocre-amarilla bajo un cielo lunado, estrellado. Movimientos humanos en todos sentidos, una columna de abejas: zumbidos, ruidos de voces: ancianos narradores, acróbatas, juglares, instrumentos musicales y canciones populares, llamadas de los restauradores, de los olores y colores de varias comidas, de los comerciantes. Muchas calesas decoradas pasean a los turistas desde el corazón de la ciudad hasta sus arterias. El sonido rítmico de los saltitos de los caballos forma una forman una orquestra tradicional con la música gnaua (Fatima).  

Clínica portátil. Todo paseante en la plaza puede ver numerosos dientes y molares blancos o amarillentos, con caries, pequeños, grandes, de animales o humanos, todo mezclado. Al lado hay varias prótesis dispuestas a rellenar bocas vacías. Todo expuesto sobre un plástico azul, en el fondo de una antigua maleta, para que el contraste de color subraye la importancia del contenido. En la tapa, colgadas con pinzas para la ropa, expone sus propias fotografías en donde extrae dientes o molares a sus pacientes; esa es la prueba de su profesionalismo, habilidad y destreza. Esos retratos, verdaderos trofeos, sustituyen los diplomas que no posee.
El dentista, sentado en la única silla plegable de su clínica, cede su asiento al cliente que se presenta para beneficiarse de su maestría. Les enseña a los paseantes un molar que antaño venció y arrancó. Orgulloso, lo exhibe con sus tenazas, su principal herramienta, con aire serio, mientras tiende el otro brazo para atraer y convencer. El capuchón de su chilaba marrón le protege la cabeza de una indudable insolación. En su clínica, lo único blanco, además del esmalte de los dientes de origen desconocido, es su bigote que indica su dilatada experiencia en la profesión. (Rkia)


Ágora de olores sabores mundanos espacios abiertos, tejidos de risas, bostezos de estómagos saciados.
Batas blancas pringosas mezcla anárquica de sabores, canela, pimienta, cúrcuma en un bocado, frío, estrellas, color, calor, invierno, lluvia, luces, luna, experiencia tradición, negocio, placer.
Rica mezcla en el más exquisito de los platos. Delicias al transeúnte (Anastasio).

Un color que incendia el recuerdo, un tejido que adhiere y permite vislumbrar la topografía, rotaciones helicoidales de piernas y brazos, un ondeo de caderas con rítmico movimiento de vaivenes, temblor sugestivo de pechos, emociones compartidas que desborden, ánimos al límite del imposible. (Abdellah)

Comparsa de criaturas, reptantes y retorcidas: cuerpos entrelazados: público jadeante: hileras danzantes y venenosas: ojos luminosos, centelleantes (Clara)

Alfombras casi-volantes, lámparas de Aladino que invitan a encontrar un genio, quinqués, candiles, faroles de variados tamaños y colores, colores luminosos, luces, luces, luces, centelleantes, que llenan los ojos, ciegan, dan vértigo … (Amal)

Halima, Bahia, Laura, Fatima, Rkia, Anastasio, Abdellah, Clara y Amal.
Rabat, marzo de 2016.
Actividad inspirada en la “Lectura del espacio de Xemáa-el-Fná”, capítulo incluido en Makbara de Juan Goytisolo (1980)

jueves, 7 de abril de 2016

“ROJO SANGRE” de ANASTASIO GARCÍA


El café me temblaba entre las manos. Estaba rota. Hundida. Desorientada. Había buscado refugio en el primer lugar que encontré. La voz al otro lado de la línea me destrozó. Una voz aséptica, fría, dura como la mesa de una sala de autopsias todavía me retumbada en la cabeza. No podía dejar de oírla y eso me estaba volviendo loca. El destino no podía jugar otra vez conmigo. Apenas podía llevarme el café a la boca. Tampoco quería.  No deseaba salir de mis recuerdos, de su presencia, de la última vez que nuestros sudores se volvieron uno. De su voz, de su sonrisa. No podía dejar de pensar en él.  Mientras pensara en él, seguiría conmigo y, en el fondo, albergaba la esperanza de que esa pesadilla fuera eso, un mal sueño, y que él volvería a  aparecer por cualquier esquina y me abrazaría como si nada hubiera cambiado. Una canción en una voz ronca y desgarrada salía de algún lugar. Cuando llores, piensa en mí, decía Chavela. Tardé un rato en reconocerla. Destino cruel. Yo misma había interpretado esa canción en una de mis películas y ahora ahí estaba para recordarme que ni la fama, ni el dinero, ni el glamour, podían suplir la gran tragedia de mi vida. Una botella rota y abandonada después del último trago. Así me sentía entonces, huérfana, perdida. Sola.
Me di cuenta de que llevaba puestas las gafas y el sombrero. ¿Qué importaba eso en ese instante? Me sentía protegida con los cristales oscuros. Hacían que la realidad no se mostrase tal y como era, que fuese de otro color.  La verdad  distorsionada. Eran mi escudo y, al quitármelas, temía aceptar que se había ido para siempre, que Fernando me había abandonado de ese modo tan repentino e irracional. Una ira desgarradora arañaba todo mi cuerpo. Quería gritar pero no podía. La fuerza se la había llevado Fernando. Me sentía un ser débil y abandonado al capricho  de un juego de dados de supuestos dioses.
Se oían gritos en el exterior que se hacían más potentes a medida que la gente se agolpaba en la plaza. Alcé la vista y vi cómo se empezaba a formar una masa de batas blancas en el centro. Gritaban y agitaban pancartas que yo no logré descifrar. Me levanté de la mesa como sonámbula y empecé a andar. Fue un impulso irracional. El equilibrio iba y venía a merced de mis tacones. Parecía una borracha. Eso. Necesitaba eso. Emborracharme y aceptar que Fernando había muerto, que jamás volvería a verlo.  Aún me golpeaba esa voz anónima y gélida en mi cabeza.
-          ¿María Pérez?
-          Sí, soy yo.
-          Le llamo para informarle de que el cadáver de su marido, Fernando Medina, ha sido identificado entre las víctimas del atentado. En breve la embajada se pondrá en contacto con usted y le informará sobre el protocolo a seguir. Por favor, permanezca atenta al teléfono, los servicios sociales y psicológicos ya están en marcha.
Me quedé paralizada, sorda, apagada. Muerta. No entendía nada. Había hablado la tarde anterior con él. Me había dicho que tenía prevista una tarde tranquila, en casa. Faltaba una semana para tenerlo entre mis brazos otra vez.
Colgué sin decir nada y mi vida se derrumbó como los castillos de arena en una ola. De repente nada. Toda una vida en común se evaporó en décimas de segundo. ¿Qué derecho tienen los hombres de disponer de la vida de los otros? ¿Acaso todavía existen los sacrificios? ¿Para qué? ¿En nombre de quién? Todo es tan absurdo como creer que alguien o algo se halla ávido de sangre y dolor. Antes fue nuestro hijo. Una enfermedad fulminante le dio dos meses de vida y, ahora, Fernando. ¿Por qué la vida golpea tantas veces? Hasta el acero más duro termina fundiéndose.
Salí a la plaza y, tambaleándome, caminé sin rumbo ni destino entre los jóvenes que gritaban y vociferaban algo ininteligible para mis sentidos en ese momento, diluyéndome yo misma entre  el blanco de los manifestantes. Una gota de sangre en medio de la nieve.
No sé cuánto tiempo estuve perdida entre la multitud. Sumergida en mi desgracia, no era consciente de las leyes que rigen la vida de los hombres. De repente, un tsunami de uniformes azules irrumpió  sorprendiendo a todos y entonces, en ese instante, empezó la tormenta. Una lluvia de gases lacrimógenos cayó sobre la multitud seguida de granizo en forma de pelotas de goma, que revotaban en los cuerpos transformado los gritos de protesta en alaridos de dolor. Me quedé parada en medio de la plaza soportando la tempestad. Un golpe sobre mi vientre me curvó de dolor. Otra pelota dio sobre mis sienes y noté un hilo caliente recorriendo mi mejilla. La sangre llegó a mi boca, empapó mis labios y fue a mezclarse con el rojo del vestido. El vestido que tanto le gustaba a Fernando manchado por la desgracia y el dolor. Caí al suelo mareada y  semiinconsciente,  dispuesta a unirme con él. No me importaba nada en ese momento. Nada me quedaba ya. Solo morir.
Cuando abrí los ojos, un silencio atronador me hizo incorporarme en la cama. Un olor a lejía, antiséptico y cloroformo, me indicó que estaba en un hospital. Instintivamente giré la cabeza buscando a Fernando esperando que todo hubiese sido una mala pesadilla.

Anastasio García.
Rabat, marzo del 2016.
Actividad basada en motivos estilísticos de “Desagravio” de Ricardo Piglia.

miércoles, 23 de marzo de 2016

“EL FLUJO DEL TIEMPO” de RKIA OKMENNI

Siempre quiso aplazar ese día. Nada más pensar en su inminente llegada quedaba garantizado su ingreso en el club de los insomnios. Pero el fatídico día llegó. El amor de su vida la había abandonado. Simplemente y con pocas palabras. Esa mañana le dijo que se iba a vivir con su nueva amiga. Que no tenía que preocuparse por él. De repente, ella se dio cuenta de que le hablaba como si fuera su madre. «Con ella es otra cosa. Tú y yo seguiremos siendo amigos», había añadido, despreocupado ante el daño que sembraba. La noticia, ola de hielo y crueldad, la dejó atónita. La derrumbó. Más que eso, la anuló. Salió del baño y luego de su casa. Sin rumbo. Vacía. Una viva muerta. Decidió huir de ella misma. Se puso el azul rojo que él amaba. Detalle fútil y ya inútil. Escondió sus ojos hinchados detrás del negro cortinaje de sus gafas. Surgió del espacio cerrado y asfixiante de su edificio. Sus automatizados pasos la llevaron al concierto. Ambos habían comprado las entradas dos semanas antes. Se acordó de su última frase, ya en el umbral de la puerta: «No te olvides del concierto. ¡La cantante es estupenda!».
Cuando llegó al concierto, una voz estridente le perforó el oído. Se tapó las orejas con las manos. Una de ellas exhibía un anillo dorado y arrugado. Siguió otra voz. La canción se infiltró gota a gota entre las grietas de los dedos. Entonces, sus palmas se despegaron. Comprendió que la letra y el timbre de aquella voz asustaban su respiración. Los latidos de su corazón se aceleraron. La cantante se dirigía a ella. La melodía sonaba con una tremenda carga emocional. El eco fue hundiéndose en su vacío interior.
¡Aquello no podía ser!
Las palabras habían sido elegidas para describir su pena. Y otra vez se humedecieron sus ojos.
No podía aguantar más. Fue directa al bar para hundir su desgracia en la bebida. En vano. Sus pasos borrachos la balancearon fuera del establecimiento. Hombros caídos. Rostro devastado. Árido y con piel de pergamino. Paja agonizando. Flotando. Arrastrada. Desorientada. Se mareó llevada por la muchedumbre juvenil y el dolor. Continuó quemándole la penosa lava que se derramaba sobre la tierra seca de sus mejillas. Ni siquiera su pañuelo blanco pudo refrenar sus lágrimas.
Titubeó otra vez entre el derrame de voces y el oleaje de papeles. Flotaba. Hervían en sus oídos las burbujas y la mezcla de sonidos. Su pánico creció y se estiró. Se dilató hasta el infinito. Apenas pisaba el suelo. La emborrachó todavía más la histeria blanca de las batas. Batas blancas en marejada de pancartas. De repente, sintió una sonrisa con sienes de plata tocándole el hombro. La mirada indagadora y amical agitó su sombrero rojo. Ella se despertó. Él tocó su cabeza desnuda. Ella seguía muda, incapaz de sonreír. Se lo agradeció con una mueca. El brazo enérgico y todavía sonriente le abrió paso entre la blancura del flujo juvenil. Y se fueron juntos en busca de una salida más apaciguada, más sosegada.

Rkia Okmenni.
14 de marzo de  2016
Actividad basada en motivos estilísticos de “Desagravio” de Ricardo Piglia.

lunes, 21 de marzo de 2016

"TUS OJOS" de FATIMA EZZEHAR

En la frescura del alba,
Aún la luna creciente,
Tímidamente sigue desapareciendo.
Una agradable brisa,
Con cortesía, visita al ámbito,
Saluda a las plantas tan mojadas y de vida llenas,
Haciendo bailar delicadamente a las ramas.
Solitaria yo, sentada en el banco,
Entre mis manos, por mi jersey, cubiertas a medias,
Tomando mi café: su color, su olor,
Su sabor del miel caliente,
Su gusto untuoso y persistente
Me hacen soñar, me revelan…
Recuerdo, recuerdo y recuerdos.
Este café en donde flamean tus ojos,
Me suben al cielo, tan centelleado...
¡Ah, querido! ¡Cómo estos ojos
De color café me emocionan!
En su universo me siento girar.
Universo mío, cuyo sol se asoma por el oeste
Sus ondas me convierten en almirante,
Me invitan a alcanzar la estrella polar…
Estrella, estrella y estrellas.
Una prodigiosa epopeya;
Por su mirada sinfónica
Mi corazón palpita de alegría,
Poética mirada de una y mil versos
Y qué poeta es el alma…
Mirada, mirada y miradas.
Así te amaba, así te amo.
Amor mío, te echo de menos, cerca y lejos
Con lágrimas sobre mis mejillas
Y las rosas bañándose de rocíos.
¡Qué desgracia!
Apenas, la felicidad nos había rozado,
Cuando la despedida se nos echó encima
¡Qué destino injusto!
Ahora, querido, estás herido, enfermo y abatido.
Con heroísmo en la guerra has combatido.
Maldita guerra, en la trinchera perdiste tu ojo.
Maldita guerra de dolor y de sufrimiento.
Ahora mi corazón es un árido desierto,
Ni siquiera cactus, ni siquiera acacia.
A pesar de todo, amor mío, te adoro,
Te espero, con los brazos abiertos, te espero.

En voz alta grito llorando:
Basta, guerra, guerra y guerras,
Basta, bombardeos, cañones  y fuegos,
Basta, tantos heridos, tantos inválidos,
Basta, muerto, muerto y muertos,
Basta, tantas viudas y tantos huérfanos,
Basta, tantos corazones sangrantes y sueños rotos.

¿Qué es la vida sin paz, sin amor?
¿Qué es la vida sin justicia, sin alma?
Desde hace siglos, la ciudad de Platón
Sigue siendo un sueño sin esperanza.
Así, en mi Odisea, tus ojos son los protagonistas,
Que en sus orillas, héroe mío, tu vuelta espero.
Será mi vida, será mi alegría;
Ya, la brisa matutina me la ha anunciado.

Fátima Ezzehar
Rabat: 30/10/2015
Actividad basada en “El precio del amor” de Ricardo Piglia.

«VEINTE AÑOS, HIJO», BAHIA OMARI

    Lloro sin cortar cebollas, pero oigo la fluidez de las lágrimas, lágrimas por el dolor que alcanza siempre mi corazón, mi alma; un...

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Cantando los versos de José Martí.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Iman y Anastasio recitando a Mario Benedetti. Mohammed a la guitarra.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Manal, Ahlam y Assia recitando a Oliverio Girondo.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Rkia recitando a Delmira Agustini

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Bahia recitando a Alfonsina Storni.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Laura & Mohamed y Mohamed & Laura cantando a Alfonsina Storni.

Ensayando para el Día E junio 2015

Ensayando para el Día E junio 2015
Grupo del Taller de Lectura y escritura 2015

Recital 18 de junio de 2016

Recital 18 de junio de 2016
21.00 Instituto Cervantes de Rabat

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Rabat, 24 de abril de 2015.

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014
Recital "A orillas del Bu Regreg 2014"