TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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jueves, 15 de octubre de 2015

“BELLEZA Y MAGO DE CIRCUNSTANCIAS” de ANASTASIO GARCÍA y ABDELLAH EL HASSOUNI

Había una vez un viejo babuchero que era famoso en todo el valle por su maestría y destreza en el arte de fabricación de babuchas de todo género. Por su tienda, situada en el gran zoco, desfilaban tanto los altos dignatarios del reino como la gente del pueblo para comprar babuchas y lucirlas los días de fiesta o en grandes ocasiones. Sin embargo, el viejo babuchero que vivía modestamente en una pequeña morada situada a la salida de la ciudad no exigía nunca un alto precio por su trabajo. Él y su único y joven hijo, Jamal, se bastaban con poco, pues creían que la austeridad agradaba a Dios. Por otra parte, su famosa tienda no era frecuentada solamente por compradores de babuchas, sino también por atractivas y jóvenes chicas que venían a admirar la gran belleza de Jamal. La comparaban con la de José de Nazaret, el más hermoso de los profetas. Pero Jamal tenía un corazón indomable, jamás había palpitado por ninguna de ellas, a pesar del gran encanto de algunas de las jóvenes que se acercaban a verlo.
Un día, el babuchero salió a cumplir una de las obligaciones que le imponía su práctica religiosa y el hijo se quedó solo. Un olor de lo más refinado invadió toda la tienda y penetró por las fosas nasales de Jamal hasta lo más profundo de su ser, antes de verse bajo la luz que irradiaban los grandes ojos de la más preciosa de las mujeres que había en el reino, la princesa Shamsdha. Todo en ella era sinónimo de pura perfección. De pie, entre sus criadas y damas de compañía, aparecía como una luna llena entre las estrellas de un cielo claramente despejadoCon una voz que recordaba el ruido de una fuente de agua de manantial al derramarse, le pidió unas babuchas finas bordadas de hilo de oro para ponérselas en la próxima ceremonia de la fiesta del trono de su ilustre padre, el sultán. Él se había quedado de rodillas, después de haber tomado las medidas de los tiernos y finos pies de la princesa, y estaba absorto, con la mirada perdida y el pensamiento embriagado por su dulce voz, sin saber en qué momento la princesa se había ido. El zumbido creciente de la gente agrupada alrededor de la tienda lo devolvió al mundo de los hombres. Estos hablaban, murmuraban y miraban con recelo a Jamal diciendo que la princesa había venido para ver y constatar por ella misma la belleza del joven.
Con la ayuda de Jamal, los dedos de hada del padre acabaron el delicado trabajo en un breve plazo y Jamal fue al palacio montado en su viejo asno para entregarle las babuchas a la princesa, albergando la esperanza de volverla a ver, pero el destino quiso que esto no sucediera, así que volvió a la tienda más apenado que antes. Pero los días siguientes habían provocado cierta contrariedad en el viejo babuchero con respecto a su hijo. Jamal parecía completamente transformado. No trabajaba, no dormía, no comía casi nada y una palidez inquietante había cubierto su gracioso rostro de ángel. Después de algunas peripecias y una larga insistencia, el pobre padre había acabado por comprender que su hijo estaba enfermo de amor y que la deliciosa princesa Shamdha había invadido el indomable corazón de su joven hijo y que solo le quedaba un único camino, si bien estaba sembrado de espinas.
Vencer sus temores y disipar sus inquietudes no era cosa fácil, pero el hecho de haber visto el sufrimiento de su adorado hijo había acabado por llevarlo a los pies del trono para pedirle al sultán, con una voz vacilante, la mano de la princesa para su bello Jamal. La respuesta del soberano cayó sobre la cabeza del viejo babuchero como lo habría hecho una roca enorme de piedra: “¡Que arrogancia! Si piensas que la supuesta belleza de tu hijo es razón suficiente para presentarse ante mi majestad y atreverse a pronunciar las palabras que acabas de pronunciar, es que eres un verdadero loco enajenado. Nuestra sangre noble no se mezcla con sangre cualquiera y mi hija se casará sólo con una persona digna de ella, digna de su sultán y de nuestro reino. De todos modos, eso no es lo que me preocupa ahora, has escogido muy mal momento para hacer tu demanda… Guardias, enciérrenme a este energúmeno en el fondo de la celda más húmeda y más sombría y habladme de él solo una vez que los tambores de la guerra se hayan silenciado”.
En efecto, el sultán tenía grandes preocupaciones con el reino vecino, ubicado en la otra orilla del gran río. El apetito que devoraba a su rey conquistador había sido alimentado por el hecho de que el armero del sultán estaba casi muerto y no había nadie que pudiera reemplazarlo. Además, con todas las informaciones halagüeñas que habían llegado hasta sus oídos sobre la belleza de la princesa Shamdha, había llegado también la noticia de que el rey conquistador quería hacerla su esposa, para así poder unir los dos reinos en uno solo y ser el rey más poderoso y temido de todos los territorios.
El sultán no dormía, no comía y una fuerte rabia le corroía el interior, pues no sabía cómo podía vencer a su enemigo ya que carecía de las armas necesarias para hacerle frente en la guerra. A principios del tercer día del encarcelamiento del babuchero, los guardias del palacio real corrieron para informar a su majestad de que habían encontrado un montón de armas en la entrada principal, entre ellas las famosas espaldas de Toledo, puñales y fusiles damasquinados e incluso sillas de montar y estribos de acero. La escena se repitió al día siguiente, al otro y al otro, y así sucesivamente hasta que durante la noche del séptimo día el sultán decidió velar hasta el alba él mismo, ocultándose en la cumbre de la gran torre y así ver quién era el artífice del milagro. Con gran estupefacción, comprobó que era el viejo babuchero quien depositaba las armas que transportaba en magníficos mulos blancos como la nieve y las dejaba delante de la puerta del palacio. Bajó de dos en dos por los peldaños hasta la celda donde debía encontrarse el prisionero para ver si había escapado, pero ante su sorpresa, el babuchero estaba allí, apenas visible, en cuclillas y en el fondo de la celda. El sultán interrogó al babuchero, el cual, con una maliciosa sonrisa, proclamó que no era babuchero solamente sino también mago de vez en cuando y que, si había provisto al sultán de las armas, era porque lo debía hacer, pues él se debía a su sultán y se consideraba su más ferviente servidor.
El sultán estaba tan feliz al ver alejarse el espectro de la guerra con el reino vecino, que decidió aceptar la demanda del babuchero y casar a su hijo con la princesa, pero bajo la condición sine qua non de poner a prueba la inteligencia del futuro esposo de su querida hija. El pretendiente Jamal debía pedirle al sultán algo que este jamás pudiera realizar. Al día siguiente, y bajo la mirada de una inmensa muchedumbre, Jamal le pidió al sultán que le hiciera servir un vaso de leche fresca recién extraído de las ubres de una vaca. Sorprendido por la facilidad de la petición, el sultán se apresuró a satisfacerlo. Algunos minutos después, y tras haber bebido algunos tragos del precioso líquido, Jamal dijo que estaba saciado y que había que devolver el resto de la leche al mismo lugar de donde había sido recogida. Ante la imposibilidad de satisfacer esta demanda, el sultán, satisfecho de la inteligencia de su futuro yerno, declaró al gran público presente que las fiestas del gran matrimonio de Shamsdha y Jamal coincidirían con la de la próxima fiesta del trono.

Anastasio García y Abdellah El Hassouni
Rabat, 10 de octubre de 2015

Basado en motivos del cuento marroquí anónimo “El hijo del babuchero”

3 comentarios:

  1. Para mí hay demasiado detalle en este cuento, lo que hace que sea un poco denso y demasiado explicito, de manera que el lector no tiene que utilizar su imaginación.

    Maribel.

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  2. Me gusta el texto ,es como los cuentos que nos contaba mi abuela cuando era pequena. Me gusta como el autor mezcla la realidad y la imaginacion.

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  3. Anastasio, Abdellah,
    ¡Me encanta vuestro cuento sobre de Shamsdha y Jamal !
    Vuestras plumas unidas han dado un texto muy bien elaborado y un cuento maravilloso digno de las mil y una noches.
    ¡Felicidades amigos!
    Rkia

    ResponderEliminar

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