TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT
Bienvenidos a «A orillas del Bu Regreg», el blog de los integrantes del Taller de lectura y escritura creativa, un curso especial que realizamos desde hace doce años en el Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos).
En este espacio damos a conocer los cuentos, poemas y otros ejercicios de escritura que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.
Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)
Sigue nuestro canal "A orillas del Bu Regreg" en YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCOxmhYlix9perGlx2QEioag
Consulta nuestra programación de cursos especiales:
Buscar este blog
viernes, 11 de diciembre de 2020
"UNA SONRISA EN LA CALLE", AZZEDDINE HALLOUL (Invitado)
Éramos dos
amigos. Íbamos caminando cuando una hermosa joven pasó frente a nosotros y nos dedicó
una amplia y bonita sonrisa. Yo también sonreí. Seguí sonriendo durante todo
nuestro paseo. Mi mente se quedó confusa. No dejaba de preguntarme a quién le
estaba sonriendo, a mí o a mi amigo.
Otro día, nos encontramos con ella por
casualidad. Entonces mi corazón comenzó a latir intensamente. Una vez más,
nos dedicó la misma sonrisa alegre y graciosa. Me sentí muy feliz. Desde ese
momento, no dejé de pensar en ella, a veces con alegría y a veces al borde
de las lágrimas. Quería preguntarle a mi amigo si creía que las sonrisas eran
para él, pero no me atreví a hacerlo. Era irracional. Yo estaba empezando a
tener celos de él. Entonces, mi corazón me dijo que tenía que buscar
a la joven para tenerlo claro.
NB: Texto
inspirado en una canción del cantante egipcio Abdelhalim Hafez. Agradezco a mi
profesora de español por su disponibilidad y su ayuda pedagógica. Ella me alienta
a seguir estudiando la lengua española y la cultura del mundo hispánico.
viernes, 19 de junio de 2020
«SUEÑO» DE MARIA EL KANNASSI
«ALUCINACIÓN», MARIA EL KANNASSI
«EL GRITO SILENCIOSO», FÁTIMA EZZEHAR
Una llamada a la puerta,
viernes, 15 de mayo de 2020
«INSPIRACIÓN», IMAN TANOUTI
Encendió su ordenador aletargada, todo estaba manso y calmoso, y detrás de las ventanas el sol se estaba despidiendo tímidamente con la promesa de otro nuevo día manso y calmoso, pues había elegido aislarse en este lugar apartado de la ciudad con la esperanza de recobrar la inspiración extraviada en alguna clínica dental, en algún bar de tapas, en algún vagón de tren… Así llevaba tres meses encendiendo su ordenador entumecida, mirando vagamente alrededor en busca de algún detalle, algún mensaje secreto, alguna señal, pero en vano, Él no había dado ninguna señal desde la última vez que…, se quedó un buen rato mirando la luz blanca de la pantalla como intentando atravesarla, con la esperanza tal vez de que alguien se le asomase por el otro lado, alguna señal de vida, “¡vida!”, se repitió por dentro “¿pero qué vida?” ¿Dónde andará…? Me había prometido….
La píldora mágica que obraba el prodigio cada noche estaba sobre la mesita del ordenador, pero todavía era temprano y Él podría manifestarse en cualquier momento porque era imprevisible y caprichoso, “a veces hasta muy juguetón”, pensó con una sonrisa dibujada en los labios.
Le hubiera gustado soñar ese primer capítulo, escribirlo bajo hipnosis. Llevarlo a la cama dentro de la cabeza como se lleva una ofrenda a una diosa, para ver si lograba que atravesaran juntos la frontera de la vigilia ¿Acaso no fue así como ocurrió con el otro libro?, pero los guardianes de los sueños lo impedirían y lo detectarían con comodidad aún bajo el efecto de sus maravillosas píldoras.
Recorrió el saloncito con la mirada hasta que sus ojos toparon con un libro, en la portada se veían dos caras entremezcladas; el diseño se lo había regalado un amigo artista con poca gloria y mucho talento “El talento no siempre se recompensa como es debido”, pensó tristemente, “será mi regalo para tu nuevo libro, seguro que va a ser un best seller”.
Y así fue, un best seller seguido de muchas horas de entrevistas, dedicatorias, encuentros, tomas de fotos para revistas de todo tipo, hasta para la prensa del corazón, su figura estaba en todos lados. Una mañana se levantó y su cara estaba en todas las bocas del metro.
Pero esa gloria no era fruto de su esfuerzo y su trabajo, y ella lo sabía muy bien, Él había contribuido ampliamente a ese éxito, se lo había ofrecido en bandeja, sólo tenía que hacer el esfuerzo de escribir las palabras que caían suavemente en su oído como caen las hojas del otoño, ejercer de secretaria y recibir el trofeo.
Se dirigió nuevamente a la pantalla del ordenador como advertida por alguna presencia, alguna esencia… “¡Hola!”, saltó de su silla, “¿hola…?”
Se apartó bruscamente de la mesa del ordenador y empezó a dar vueltas histéricas por el saloncito como una poseída. Abrió la venta de par en par, sin importarle el frío que aún hería las noches, pese a que el fin del otoño se anunciaba ya. Agachó la cabeza procurando desembotarse, levantó la mirada y una luna blanca y redonda con un bebé en brazos le devolvió la mirada tiernamente.
Se acercó al tocadiscos en busca de refuerzos, dio riendas sueltas a la orquesta filarmónica de Múnich: bolero de Ravel; intensificó el volumen en un intento absurdo de invadir sonoramente el espacio sin dejar un hueco libre, con el propósito de desarmar el pensamiento. Sin razón clara y repentinamente, sacó su agenda del bolso y consultó su calendario semanal, el martes a las tres cita con la editorial, el miércoles por la mañana ¿cita con el pediatra...? ¿Pero qué pediatra y por qué razón?” Si yo no tengo hijos, ¿para qué iría al pediatra? Unos llantos repentinos y lejanos atravesaron sus oídos como rozándolos, pensó en buscar el número de la consulta pero era tarde para llamar, tendría que esperar hasta la mañana siguiente para averiguar el motivo de su cita. Una sensación de pinchazo en el pecho izquierdo la sacudió y de repente empezó a sentir un hinchazón en los pechos con un fuerte dolor, se acercó al baño y se quitó la camiseta, no era de llevar sujetadores, le parecían una invención sexista para calmar la libido de ciertos machistas. Se acercó al espejo intentando examinar sus senos y advirtió una transformación portentosa, se palpó suavemente los pechos resistiendo al dolor fuerte que la fustigaba como un relámpago, fue entonces cuando una sustancia amarillenta, densa y viscosa saltó de sus pezones.
Volvió a la mesa del ordenador, afirmó los pies en el suelo, encogió la espalda esperando no se sabe qué o quién, pero no ocurrió nada, solo silencio. La batería se estaba agotando. La pantalla se apagó.
“Zelinsky”, despertó con esa palabra en los labios y una extraña sensación de haber dormido por lo menos tres días. Saltó enérgicamente de la cama, como catapultada, y se acercó a la mesilla del ordenador. Vio la pantalla blanca y una palabra en negrita en el centro: “Zelinsky”:“Y las voces lloran o se lamentan con un gran miedo antiguo, ya conocido por semejanzas increídas, la mañana se abre como un canto, te hieren, tiran de ti, te atenazan, tiran de ti, en plena noche de creación arrancan de ti, con las piernas abiertas piensas en árboles, en colores puros” (1). Sonaban así esas palabras confusas en su mente como un taladro dando golpes a un muro. Ese primer capítulo todavía se resistía a salir “igual que un feto que te mutila mientras crece en el útero “Él no había aparecido desde la última vez, la que podría haber sido una señal: “Zelinsky”.
Le ha estado dando muchas vueltas, pero más que ayudarla, “Zelinsky” era la placenta que evitaba la penetración de las ideas en su mente, una especie de barrera psicológica que prohíbe el acceso a la imaginación y la inspiración, un gendarme de la creatividad. Tenía la mente en blanco, y las ideas en estado de desbarajuste total.
Se despertó al día siguiente con una fuerte migraña y un malestar provocado por los sofocos de la noche anterior. Unos síntomas que suelen derivar de los cambios hormonales propios de esta etapa de la vida y que se hacían sentir cada vez más. Se tomó su café tranquilamente y se asomó a la ventana en busca de rayos de luz. Un sol primaveral había tenido la delicadeza de aflorar esa mañana compadeciéndose de su estado de ánimo, un poco de calor podría alentarla y desempolvar su mente y sus pensamientos confusos.
Se acercó sigilosamente a la mesilla del ordenador como un gato se acerca a explorar un objeto desconocido: “la muchacha apretaba con todas sus fuerzas el peluche sucio que le servía de alivio, ya no tenía edad para jugar con peluches, pero tampoco tenía edad para tan enorme responsabilidad, ¿y qué dirían en el pueblo? Sus pensamientos aún infantiles la devolvieron a la niñez desgraciada y triste, pero con algún que otro momento de ternura:
Duerme niña, duerme
El padre guarda las ovejas
La madre sacude los arbustos
para que caigan bonitos sueños
Duerme niña, duerme. (2)
Saltó al oír llamar a la puerta, era Ahmed, el guardia, el que le hace las compras y le sirve de vínculo con el mundo exterior: “Señora, se me está muriendo la perrita, está dando a luz pero parece que algo va mal ¿Podría usted llamar a algún veterinario?”
Consultó su teléfono en busca de ayuda, pues se había percatado de la angustia de Ahmed, del miedo que relucía en sus ojos de mirada habitualmente inmutable e inexpresiva. El veterinario del pueblo tardaría al menos treinta y cinco minutos, no se sabía si el pobre animal podría aguantar, de todos modos habría que intentarlo. Ahmed dibujaba un vaivén con su silueta flaca en el porche de la casa, de vez en cuando echaba la cabeza hacia donde estaba la madre sufriente, pero no se atrevía a aproximarse mucho a ella por miedo o por pena. De vez en cuando se acercaba a la pista polvorienta buscando desesperadamente alguna señal de esperanza.
El veterinario llegó una hora más tarde: “tras la expulsión de los cachorros se produjo una hemorragia de sangre demasiado cuantiosa, la cual ha provocado una parada cardíaca de la madre, lo siento”.
Ahmed se quedó mirando los cachorros por un lado y la madre muerta por el otro. Su pena era tan grande que no le cabía en la cara. Sus sollozos eran igual al de un niño que ha perdido su juguete más preciado, ni siquiera la presencia de los cachorritos pudo aliviar ese dolor repentino e impredecible.
El dolor es un sentimiento extraño y misterioso, te alcanza hasta tus entrañas más profundas atravesando todos los obstáculos que nos procura la naturaleza, se infiltra en tu sangre y se te sube a la cabeza, se expande tan rápidamente por todo tu ser hasta dejarte vacío, extenuado.
No pudo dormir esa noche, las píldoras mágicas habían sido infectadas también del virus del dolor, pensó en encender el ordenador y sentarse a escribir algo, unas palabras le saltaron de repente a la cara “la muchacha sollozaba en silencio acariciando inconscientemente su barriguita todavía plana e infantil, ingenuamente se puso a imaginar cómo sería Él, redondito y con los pomelos rojos, el pelo negrito y suave, las manitas chiquititas, el apetito despierto constantemente. Esos pensamientos la reconfortaron y la calmaron por un instante, hasta que se le asomó la cara de su padre y la ilusión se derrumbó…
Se levantó al alba con la intención de tomar una decisión, ¿pero cómo puede un ser tan frágil e indefenso tomar decisiones? ¿Cómo puede un cerebro todavía en vía de crecimiento distinguir entre el bien y el mal, entre el error y el buen camino? ¿Cómo puede una cosa así cambiar en días la dulce mirada verde en unos ojos tristes y ojerosos, y la sonrisa deliciosa en un rostro triste y sombrío?”
“¿Qué hago con los cachorritos señora? “Pues igual puedes criarlos tú, Ahmed, no sé, podrías darles tú de comer”. “Esas crías necesitan una madre, señora, hay que encontrarles una hembra de adopción”. “Veré lo que puedo hacer, Ahmed, llamaré al veterinario a ver si puede ayudar”.
El día había despertado sereno y suave, el silencio alternaba armoniosamente con el escuadrón de plumas recién llegadas de tierras lejanas aportando un poco de paz y serenidad entre sus alas. Pero alguien, en algún lugar, en algún tiempo, no podía disfrutar de esa armonía, de esa paz: “la niña no pudo guardar el secreto por mucho tiempo, a falta de madre, solo podía confesarse a su padre, pero si la valentía de ella estuvo presente, la comprensión y el cariño de él faltaron gravemente. Los días seguidos fueron de angustia, de gritos, de reproches, de insultos y de… reproches.
De poco sirvió el pretexto de la niñez, de la inocencia, de la ingenuidad, de la falta de experiencia y de la ausencia de la madre. El castigo debía ser inminente, doloroso y secreto, íntimamente secreto”.
Al acabar de escribir esas líneas sintió un repentino dolor en el pecho, “Zelinsky” repitió mecánicamente, creyó entonces ver el brillo ilusionado de unos ojos verdes pidiendo ayuda a gritos, unos gritos mudos y silenciosos que poco a poco se iban apagando, poco a poco se iban apagando…
(1) Alejandra Pizarnik “Diarios”
(2) Canción de cuna de origen alemán.
Rabat, 12 de mayo de 2020.
Actividad de escritura basada en la estructura de “Las armas secreta” de Julio Cortázar.
jueves, 14 de mayo de 2020
«CUANDO TE CONVIERTES EN…NADIE», RKIA OKMENNI
![]() |
¿Cómo
viviste aquel momento
cuando
en tu cuarto de baño
te
encontraste cara a cara
frente
a una persona ajena
que
tristemente te miraba
con
sus ojos vacíos,
desde
la profundidad del espejo,
y
que todos tus gestos,
con
torpeza intentaba imitar?
Aquella
mañana
te
despertaste en una habitación,
que
no podías reconocer.
Te
sorprendió la mujer sonriente
que
te dio los medicamentos,
te
sirvió el desayuno
y
pretendió ser tu hermana.
Entonces,
durante tus días
llenos
de espanto, miedo y soledad,
el
contenido de tu memoria,
los
recuerdos de tu vida,
uno
a uno y sin dolor,
empezaste
sin remedio a perder.
Acaso
aquel remoto día
vagamente
te diste cuenta,
de
que una fantasmal mano
del
imprevisible y cruel olvido
se
empeñaba en borrar tu cerebro,
en
caducar toda tu vida y recorrido,
y…
en anular tu identidad.
Rkia Okmenni
Rabat, mayo de 2020
Ejercicio
inspirado en el cuento de J. L.
Borges:
«Borges y yo»
(En
memoria de mi hermana K. que siempre estará.)
miércoles, 22 de abril de 2020
«HAY UN PISO EN HASSAN», ANA G. SOLÍS LINARES
Rabat, 19 de abril de 2020
sábado, 18 de abril de 2020
"OJALÁ", BAHAE DAHHOU (INVITADA AL BLOG)
sábado, 11 de abril de 2020
"NO SÉ", SARA YAHYAOUI (Invitada)
Nada más que inquietud, espera y aburrimiento
El duro
sufrimiento es nuestro pan de cada día
Se nos han
impuesto reglas estrictas que no hemos elegido
Confinamiento
en nuestros hogares sin oportunidad de expresarse
Nos hemos
convertido en animales en jaulas
Mirando hacia
la libertad y deseándola
Adultos y
niños, ricos y pobres
Imposible
escapar de la contención
El mundo está
en medio de una pandemia como ninguna otra
Se ha
extendido, extendiendo la muerte y la desolación
Coronavirus
es el nombre que le dimos
Enemigo de la
humanidad ha sido designado
Todos los
gobiernos por él son derribados
No se
encuentra ninguna explicación lógica por parte de ellos
Así es
como se han mantenido un perfil bajo
Delegando sus
poderes a especialistas
Así nació un
gobierno de médicos
Es él quien
interpreta, ordena y decide
Cuando el mal
se ha apoderado
Los médicos
se han convertido en los que dan y quitan la vida
En cuanto a
nosotros, indefensos
Estamos
esperando un destino que podría ser trágico
¿Estamos en
presencia de una advertencia divina?
Esto es lo
que los hombres de la religión afirman
0 es el
resultado de una lucha entre americanos y chinos?
Esto es lo
que los adeptos de las teorías de la conspiración afirman
No sé
No sé
Sara Yahyaoui
(alumna del Instituto Cervantes de Rabat)
domingo, 5 de enero de 2020
«EN UN SOPLO» de MARIA EL KANNASSI
¡Estoy sobre las nubes, literalmente! Estoy en este pájaro de metal —como
lo habrían llamado los comanches— que me lleva hacia otros horizontes. No
sé si me irán bien las cosas. Allí donde yo me hallaba se me había acabado la
inspiración, pero ahora mismo y, en este lugar tan deseado por el hombre desde
hace años, de repente, algunas ideas agradables han venido hasta mí,
acariciando mis oídos obstruidos por la presión. Me he puesto a recorrer los
pasillos polvorientos de mi pasado ansiando localizar el día en que me enamoré
de la lectura y, por encima de todo, de la escritura. He intentado descubrir lo
que me incitó por primera vez a raspar el papel con mi inagotable pluma.
En mi búsqueda, he visto a una niña de
tres años, el pelo al aire, los ojos brillantes, la mano segura,
intentando reescribir las letras mayúsculas de los títulos de la enciclopedia
de su padre. Aquella niña sacaba cada día un libro de los que atestaban las
estanterías y, con una fascinación innegable e imparable, se hundía en las
páginas ilustradas una y otra vez. Se sentía tan cautivada por las letras que
sus padres decidieron llevarla a la escuela a los cuatro años, para que no
dejara sus huellas en toda la colección. Era la época en que ella pensaba que,
cuando llovía, era Dios quien arrojaba agua con un cubo corriendo por
el cielo.
Sí, era la época en que mi imaginación no tenía
límites y me permitía inventar mundos irreales donde todo era posible. Esta
llama mantenida gracias a la lectura me ayudó algunos años después — años
en que la realidad se impuso poco a poco mientras borraba la dulzura y la
suavidad de mi burbuja— a seguir siendo niña por dentro, a seguir subiendo
los peldaños de la vida paso a paso, y a no perder nunca la imagen romántica
que tuve siempre del futuro.
Escribo desde siempre, cabalgo entre las frases, tanto
como puedo, y me refugio en mis escritos. Viví una historia de amor con las
palabras, a escondidas, como esos amantes que temen el juicio ajeno. Leo, me
pierdo en las páginas una tras otra. Escribo y ensucio las páginas una tras
otra. ¿Para decir qué? ¡Todo y nada! Intento seducir a las palabras y éstas se
burlan de mí. En mis diferentes relaciones he conocido toda una panoplia de
vocablos: palabras feas… palabras bellas… palabras insípidas… o palabras
maravillosas… seductoras, otras introvertidas y tímidas, o las que me hablan, o
esas otras que echo sobre mis escritos para que sean más cautivadoras. A veces
las hay mudas, esas que tienen un ínfimo efecto y que se adornan de muchas
otras para ser expresivas. Luego están las solitarias e imponentes, que lo
cuentan todo y llenan solas, con mucho orgullo, todo el espacio en blanco.
Otras veces, las hay que me susurran secretos como para expresarse; y las
discretas, que se dejan desear y que exigen mucho esfuerzo para desvelarse y
extenderse sobre mis páginas. Y están todas esas que me ahogan hasta que me
aproximo a ellas en un impulso, y las que se alejan desesperadamente y me
rechazan. En este vértigo que se adueña de mí y me atropella, me
agarro y me abro paso en un pulso agotador para padecer el menor desgaste
posible, para que lo que garabateo sea un bálsamo para mi alma…
Sigo mi vuelo y miro hacia el mar que se alza allí
abajo, las montañas en relieves, las nubes que parecen un velo escondiendo las
partes desnudas de la tierra púdica y, sobre todo, vergonzosa de lo que lleva
en su regazo… ¿Nosotros? ¿Quiénes somos
nosotros? Frente a esta belleza, este paisaje, esta grandeza,
la eternidad… ¿Quiénes somos? Muchos se han preguntado, seguro, lo
mismo, ese ha sido el asunto de muchos textos filosóficos. ¿Por qué nosotros
seguimos dejando rastros, cicatrices más impactantes y dolorosas que todas las
catástrofes naturales? ¡Nos aguanta, dócil, indiferente, esta
tierra! Hemos dejado manchas enormes sobre su cuerpo, con nuestra codicia,
nuestra hambre insaciable de lo insignificante…
Así me vienen las palabras y las ideas, en olas
continúas invasivas, cuando se abre mi corazón. Mi mano se halla esclava de mi
mente y de este hechizo que se apodera de mí en semejantes momentos. Escribo,
escribo y escribo hasta el desgaste. Pasado el tiempo no me reconozco en lo que
había escrito como si hubiera sido poseída en aquel instante por otro espíritu.
Cuando pierdo la inspiración, como muchos, un enorme vacío se instala dentro de
mí, sigo viviendo sin finalidad, sin existencia, solitaria, huérfana,
disgustada. Mi mente se halla triste en esos momentos, se vuelve una simple
herramienta de supervivencia ¡Nada más!
Mi cerebro, antes tan ligero como una esponja, se ha convertido con el paso del tiempo en una piedra pesada. Me cuesta mucho reflexionar ahora, porque la edad ha sumado algunas cifras, porque los parásitos se hacen numerosos. Cuando la expresión se me escapa, cuando la villanía del ser humano me alcanza y no encuentro medio para borrarla ni para gritar mi disgusto... O al contrario, cuando me alcanza una sonrisa, una fragilidad, una pizca de belleza, recojo mi pluma, me hundo en cualquier superficie a mi alcance para grabar lo que puedo. Me muero y renazco en el vientre de este mar de palabras que me lleva hacia un objetivo desconocido, como un velero que se desancla un día y se deja guiar por un viento loco y caprichoso.
Rabat, 16 de octubre de 2019
Tarea 0: "Escribir un texto sobre la lectura relacionado con tu vida"
“LA EXPERIENCIA DE LEER Y ESCRIBIR (I), TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, Instituto Cervantes de Rabat, 2019-2020”
«VEINTE AÑOS, HIJO», BAHIA OMARI
Lloro sin cortar cebollas, pero oigo la fluidez de las lágrimas, lágrimas por el dolor que alcanza siempre mi corazón, mi alma; un...

-
Después de la muerte de su mujer, un viejo muy endeble va a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cinco años. Sus manos ya empiezan...
-
El cuento narra en tercera persona la historia del amor prohibido e imposible de la niña Elena Mejías, principal protagonista, por un ad...
-
La lectura de tu novela El secreto del orfebre me ha provocado la impresión de poder viajar en el tiempo a través una historia de amo...
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Cantando los versos de José Martí.
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Iman y Anastasio recitando a Mario Benedetti. Mohammed a la guitarra.
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Manal, Ahlam y Assia recitando a Oliverio Girondo.
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Rkia recitando a Delmira Agustini
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Bahia recitando a Alfonsina Storni.
RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

Laura & Mohamed y Mohamed & Laura cantando a Alfonsina Storni.
Ensayando para el Día E junio 2015

Grupo del Taller de Lectura y escritura 2015
Recital 18 de junio de 2016

21.00 Instituto Cervantes de Rabat
Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Recital del 24 de abril de 2015
PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -
Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Viernes, 24 de abril de 2015
Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Recital del 24 de abril de 2015
Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Viernes, 24 de abril de 2015
Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Rabat, 24 de abril de 2015.
Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Recital del 24 de abril de 2015
RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014

Recital "A orillas del Bu Regreg 2014"