TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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En el taller...

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domingo, 1 de noviembre de 2015

“LA CARAVANA” de ANASTASIO GARCÍA GARCÍA

A Miguelillo, que comparte conmigo el amor por esta ciudad

Habían pasado casi dos meses. La marcha se le hacía pesada. Los días se repetían sin cesar. Leguas y leguas de arena, polvo y sol, sin apenas encontrar un cobijo ante tales inclemencias, hacían que el ánimo y la salud de los jinetes empezaran a resquebrajarse. Y es que Ahmed el viajero, como todos lo conocían, unía una caravana con otra. No conocía el descanso, pues desde que fue capaz de subirse  a un camello no había permanecido más de dos meses en el mismo lugar. Él, que conocía todas las rutas que conducían a las ciudades más importantes  y que, según decían, podía ir de un lado a otro del mundo incluso con los ojos cerrados, se había sentido en su juventud como un rey, pues en cada ciudad, en cada pueblo, era aclamado. Los sabios venían a pedirle consejo, los médicos ungüentos y hierbas con las que curar a los enfermos e incluso reyes le habían cedido su lugar en la mesa, pues tantos años de caravanas habían acumulado en él una inmensa sabiduría.
Ahora era diferente. Se sentía cansado e intuía que su cuerpo empezaba a pedirle ese descanso del que lo había privado toda su vida. La larga caravana recorría el vasto desierto, duna tras duna, y Ahmed iba pensando en su flamante esposa Miriam, la deseada, y en el largo camino que todavía le quedaba por recorrer hasta llegar a sus brazos, pues apenas unas semanas después de la boda tuvo que partir.
Un pequeño oasis empezó a dibujarse en el horizonte y pensó en dirigir allí la caravana para descansar y llenar los odres de agua, aunque tenía que darse prisa ya que una tormenta empezaba a formarse. Continuaron caminando, a un paso cada vez más apresurado. Primero una suave brisa empezó a mecer la arena del desierto. Poco a poco, todo fue cobrando fuerza. El aire y la arena aceleraron su movimiento, por lo que  los jinetes azuzaron a los camellos para que avivasen su marcha y poder llegar lo antes posible al abrigo del oasis. De pronto, un aire huracanado envolvió toda la caravana. Lucharon contra la tempestad, intentaron avanzar a ciegas, casi sin poder respirar, a contracorriente. Cada paso que conseguían adelantar eran diez hacia atrás. Ahmed no supo calcular el tiempo transcurrido, pero le pareció una eternidad. De repente, notó que la tormenta amainaba, porque el viento perdió fuerza y los granos de arena ya no eran cuchillos que se clavaban por todas partes.
Abrió los ojos y la vio allí, en medio de la calle, sentada en la puerta de la tienda esperando a que los clientes se interesaran por algunos de sus productos. Allí estaba María, su esposa, la deseada, la mujer más bella de todas. Y es que Ahmed estaba dando su paseo diario. Bajaba por la calle empedrada a paso lento, disfrutando de la tarde soleada y pensando que esas casas, que ahora podía ver, antes habían sido de barro y paja, y que paulatinamente se habían ido transformando en piedra y ladrillo. Nada había cambiado. El trazado de las calles, la ubicación de las casas… Todo igual que cuando se construyeron por primera vez, pero al mismo tiempo, todo era diferente. Pensó que lo mismo ocurría con las personas. A lo largo de toda la historia de la humanidad, se manifestaban los mismos miedos, los mismos sueños o los mismos conceptos morales, pero a la vez estos se presentaban de manera diferente en cada época y en cada persona. Todo igual, pero diferente a la vez.
Llegaron al oasis y buscaron un lugar resguardado donde pasar la noche. Los mozos empezaron a descargar los camellos. Las teteras de plata, la más fina seda, los tejidos de lino, las piedras y metales preciosos, el ámbar, al marfil, el vidrio… Esa era la mercancía que Ahmed había ido sumando a la caravana a su paso por los más recónditos países y ciudades. Por eso era conocido por la fineza y exquisitez de sus productos. Sultanes, príncipes y princesas lo reclamaban cada vez querían añadir una pieza excepcional y única a su tesoro. Anillos, collares, pulseras, coronas, espadas y palacios estaban adornados con las piedras preciosas y las finas telas de seda que él conseguía incluir en sus caravanas. Ahmed dio órdenes precisas para que trataran la mercancía con suavidad y la colocaran bien para evitar que se rompiera y se dispuso a caminar un poco para desentumecer sus músculos, ya que tantas horas sentado en su viejo camello los habían vuelto rígidos e inservibles. Continuó caminado y observando cómo, a cada lado de la calle, ordenados y bien colocados en la puerta de las tiendas, aparecían los productos expuestos ante los clientes y pensó que esas mismas mercancías antiguamente viajaban por todo el mundo en caravanas. Siguió paseando y viendo cómo la gente entraba y salía de las tiendas, unos con alguna compra y otros sin nada, para volver a entrar en la tienda de al lado por si algún producto o precio era más interesante. A Ahmed le gustaba pasearse por las estrechas calles de su barrio cuando su trabajo le permitía una tarde libre.
Odiaba esa época del año. El calor y los turistas apenas le dejaban pasear tranquilamente. Además, sus amigos estaban fuera, por lo que las tardes de tertulia en las teterías del Albaicín había que dejarlas para cuando empezara el otoño. Ahora se contentaba y disfrutaba con pasear por su barrio, por sus estrechas calles llenas de vida. Conocía la historia de todos los aljibes, de las puertas que aún quedaban en los escasos trozos de muralla que antaño habían rodeado la antigua ciudad, así como la de las iglesias y ermitas que la poblaban y que antes habían sido mezquitas. Podía ir con los ojos cerrados desde la parte más alta, desde San Nicolás, hasta la calle Elvira y Plaza Nueva sin perderse. Lo había hecho miles de veces cuando era pequeño. Se conocía todos los rincones, pues en su sangre estaba dibujado todo el barrio, no en vano su familia vivía allí desde los primeros tiempos.
Se sentía cansado y su mente empezaba a mezclar imágenes, pues a veces no recordaba si esas piedras preciosas las había comprado en Samarcanda o en Constantinopla, o si la seda era un regalo del rey de Alejandría o la había intercambiado por aceite en Kazán. Cada vez más la idea de establecerse en Granada y compartir su vida con la de sus mujeres y sus hijos se asentaba más y más en su cabeza. Así podría devolverles  el tiempo que les debía, aunque fuese solamente un poco, pues intuía que su vida ya no iba a ser demasiado larga, ya que pasaba de los cuarenta ramadanes.
Ahmed se sentó en un banco de  la vieja plaza a descansar, pues ese día tenía un dolor de cabeza horrible, y a ver pasar la gente e imaginar mil y una historias sobre sus vidas, sus temores o sus alegrías. Imaginaba qué habían hecho ese día, qué harían después, por qué tenían ese aire triste o alegre o por qué iban vestidos así. De vez en cuando, lo hacía y de ahí sacaba nuevas ideas o personajes para sus novelas. Se dijo que tal vez pasaría por la tienda a ayudar un poco a María o quizás se quedaría en el banco haciendo tiempo hasta que cerrara la tienda y después irían a casa o a cenar algo antes de entrar. Ya lo decidiría después, ahora disfrutaba de una tarde tranquila en la más bella de las ciudades. Se sentía cansado. Era como si hubiese caminado miles de kilómetros, sentía el cansancio de toda una vida. Quizás era hora de pensar en la jubilación y disfrutar de una vida mucho más tranquila junto a María. Así podría terminar de escribir el libro de sus memorias. Tosió varias veces. Tenía la garganta completamente seca. Desde hacía algún tiempo, un sabor a polvo y arena se había instalado en su boca. Cerró los ojos y, sentado en aquel banco, bajo la sombra de los árboles, se quedó dormido.
Cuando despertó, la noche había caído. Bajo la luz de la luna y oyendo cómo las hojas de las palmeras se movían con el viento, Ahmed pensó que quizás, a partir de ahora y aprovechando su retirada, sería el momento de dejar por escrito su vida, sus aventuras, sus éxitos y fracasos en las caravanas, para que sus hijos, los hijos de sus hijos y toda su estirpe, pudieran saber quién fue Ahmed el viajero, el Ahmed que había dado esplendor a sultanes y princesas y había propagado, por todo el mundo, el nombre de la más bella ciudad… Granada.

Anastasio García García.
Rabat, noviembre del 2015.

Basado en una actividad inspirada en “La noche boca arriba” de Julio Cortázar.

10 comentarios:

  1. Anastasio:
    El ejercicio te ha salido redondo. Has sabido compaginar perfectamente los dos tiempos y espacios y fundir al personaje en estos.
    Felicidades, es un precioso cuento.

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  2. Muchas gracias Ester. A ti te lo debo todo.

    Anastasio

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  3. Estoy completamente de acuerdo con Ester: Una juiciosa mezcla y un precioso cuento.
    Enhorabuena Anastasio
    Abdellah

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  4. Felicidades, amigo. Me ha gustado mucho. No sé a qué ejercicio se refería vuestra profesora, pero tienes talento.

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    1. Es un ejercicio basado en el cuento "La noche boca arriba " de Julio Cortázar.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Anastasio

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  5. La descripción del desierto esta muy perfecta. "Ahmed el viajero, como todos lo conocían, unía una caravana con otra". Es la descripción de un patriarca de antes, aquello busca su pan a través las ciudades, lucha centro la tempestad y todo. y también conserva en su corazón el amor sincero por su esposa. El hombre muy orgulloso de que hacia durante su vida escribió todo pero con una nostalgia a la caravana, al desierto mientras que esté en Granada. Me gusta mucho el cuento Anastatio.
    Pero dime si tu ne tengas nostalgia a Granada , es cerca de Jaén?

    Enhorabuena amigo
    Bahia

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Bahia por tu comentario.

      Granada es para mí una de las ciudades más bonitas del mundo. Allí hice mis estudios y viví una etapa importante de mi vida. Cada vez que voy a España intento ir, aunque sea a dar un paseo.
      Lo mismo le está pasando a Miguelillo, que es mi sobrino, por eso se lo he dedicado.

      Anastasio

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  6. ¡Qué riqueza en las descripciones de: lugares, colores, sentimientos, movimiento continuo de caravanas,…!
    ¡”CARAVANAS” es un verdadero viaje en compañía de Ahmed!
    ¡Me ha encantado tu cuento! Me ha enganchado hasta el final.
    Y descubro que te has “afiliado” al rincón de la escritura creativa del Taller con tus textos bien elaborados y con tu estilo de escritura que ya tiene su propio sello.
    ¡Felicidades Anastasio!
    Rkia


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    Respuestas
    1. Muchas gracias Rkia por tu comentario.

      Anastasio

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