
Ahora lo veo claramente, aunque en realidad me lo han hecho siempre desde el momento en que las compré las compré. Esconderse o desaparecer de mi vista fue siempre el juego favorito de mis gafas. Bastaba con quitármelas un segundo para que ellas aprovecharan y desaparecieran súbitamente como si siempre me estuvieran vigilando, como si siempre se encontraran a la espera del más mínimo momento de distracción para cometer su delito.
Lo que pasa es que últimamente suelen hacerlo cuando más las necesito, cuando debo salir a toda prisa o necesito ver algo de lejos o cualquier otra cosa urgente. Y lo cierto es que, cuando por fin logro ponerles la mano encima, me veo forzada a admirar su ingenio para ocultarse de la manera más inesperada o insospechada en los lugares más inverosímiles: en la cocina, charlando con las tazas de café y simulando ser unas de ellas; en el cuarto de baño, deslizándose hábilmente dentro de un montón de toallas; sobre el mueble de la entrada, fingiendo esperarme para salir y con la mirada perdida en la puerta del piso; colgadas de mi cuello, haciéndose pasar por un inocente collar; sobre la cama, aprovechando su color rojo para confundirse de forma insidiosa con las rayas de una sábana; sobre la mesa del comedor, jugando sin vergüenza a imitar los dibujos de frutas del mantel.
Aunque lo peor es cuando se colocan sobre el sofá del salón y se pierden en los motivos florales de su tela… Son tan atrevidas que no se dan cuenta de que arriesgan su vida cuando dan un paseo por las sendas del sofá. ¿Cómo pueden no saber que ese es el lugar el más peligroso para ellas? ¿Pero no ven que me siento allí siempre sin mirar? ¡Y que incluso, a veces, hasta me dejo caer con todo mi peso cuando estoy muy cansada! ¡Así que, si alguna vez llegaran a ser víctima de un accidente, lo tendrían bien merecido!
Parece que disfrutan muchísimo al verme buscarlas por todos los rincones de la casa, mientras yo voy yendo y viniendo, desesperada e impotente con mi visión neblina de miope. En esos momentos, puedo sentir en mi espalda su mirada descaradamente satisfecha y llena de sorna observando mi inútil agitación e inquietud.
Es muy raro. Estas gafas, que siempre me han ayudado a ver mejor, están intentando expresar algo. ¿Será posible que unas gafas puedan tener sentimientos y que me hagan sufrir así por celos o rencor? ¿Es posible que …? ¿Que no soporten lo que mi oftalmóloga llama "la revancha de los miopes"? Sí, me refiero al curioso hecho de que la gente con buena vista, al llegar a una cierta edad, necesite llevar gafas para poder ver de cerca, mientras que a los miopes les da por ver perfectamente sin gafas.
¿O puede ser que no soporten que me las quite para leer de cerca o para usar mi teléfono? ¿O que, ante todo, no soporten que yo no me muestre enteramente sumisa ante su poder?
¡A lo mejor su descontento no se dirige solamente contra mí! ¡Quizás se trate de una conspiración internacional de gafas unidas! ¿Habrá otras personas en el mundo que hayan vivido peripecias similares a las mías?
Pero, a pesar de todo esto, hay ocasiones en que, sintiéndome más tranquila, pienso que tal vez mis gafas no tengan realmente malas intenciones. Si analizo con calma las condiciones de sus repentinas desapariciones, me doy cuenta de que eso ocurre únicamente cuando me dejo desbordar por las circunstancias, cuando las ideas se agitan en mi mente e intento hacer muchas cosas al mismo tiempo.
Por eso, quisiera pensar que es posible que mis gafas tan
sólo se escondan para llamar mi atención sobre lo esencial, para recordarme que
debo respirar, calmar mi mente, hacer una sola cosa a la vez y centrarme más en
las cosas.
Si esa es la verdadera razón, queridas gafas mías, os pido perdón por todas mis sospechas y os doy las gracias por intentar guiarme hacia la serenidad.
Amal Khizioua.
Rabat, noviembre 2021.
Tarea de escritura
basada en el cuento "En mi casa, los objetos se suicidan" de MARÍA
LUISA PUGA.
Qué bonita historia !!!! Creo que a las gafas se les suma sus primas las llaves o la incorporación más reciente a la familia, la mascarilla. Les gusta jugar al escondite y desesperarnos en los momentos más inoportunos.
ResponderEliminarMe ha encantado leerte,
Anastasio
Un cuento precioso Amal has dado vida a las gafas también un carácter concreto ''has creado la duda con esas gafas qué tienen vida y después esos acontecimientos resiben una explicación racional y otra vez nos lleva a lofontastico maravilloso
ResponderEliminarMis felicidades 💐💐 Amal
que fasinante cuento Amal!
ResponderEliminarme gusta como has dado voluntad a tus gafas se esconden, desaparecen, se ocultan.
me encanta todo el texto especialmente esa frace "lo peor es cuando se colocan sobre el sofa del salon y se pierden en los motivos florales de su tela...
felicidades Amal
Ahlam
Me encanta tu escrito. A mí me pasa lo mismo.
ResponderEliminarMaría.
Gracias Amal por este bonito cuento y sí, las gafas, y con ellas las llaves, las mascarillas y algunas cuantas cositas más, se complacen en desaparecer de nuestras vistas jugando con nosotros, sus dueños, al escondite, o en fundirse dentro de su estuche con el color de un sillón y haciendo un guiño a los ojos para no ser delatados y que sigamos buscándolas ansiosos y haciéndonos leer con gafas de sol. !vaya gracia! María
ResponderEliminarAmal,tienes la pluma de contar. El cuento está muy bien estructurado, la descripción muy detallada describe el encadenamiento del paso que hacen tus gafas alrededor de la casa, la personificación de las gafa da el cuento una alma viva. La narración es muy divertida y real. Cada lector puede encontrarse en la misma situación.
ResponderEliminarMe encanta de leerte más y más. Bravo
¡ Enhorabuena amiga!
Amal, con mucho gusto y sonrisa he leído tu divertida historia de gafas indomables, de estas las bien conocidas que, al cabo y al fin, están echando una lección a su propietario! 🤓
ResponderEliminarAlbena
Amal, te ha salido redondo este cuento, me encanta y siento una gran envidia porque me hubiera gustado escribirlo a mí, porque todo lo que dices... ¿Quién que use gafas no se ha enfadado alguna vez con ellas, no las ha mandado a la "m", o como yo, no ha sentido un enorme deseo de pisotearlas por imbéciles, por haber estado escondidas? ¡Jajaja!
ResponderEliminarMe ha gustado muchísimo.
Maribel A. R.