TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A orillas del Bu Regreg», el blog de los integrantes del Taller de lectura y escritura creativa, un curso especial que realizamos desde hace doce años en el Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos).

En este espacio damos a conocer los cuentos, poemas y otros ejercicios de escritura que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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viernes, 14 de marzo de 2014

«MI YO» de AÏCHA AMAGOUR

Yo: el ser que soy yo.

Pero mi otro Yo: él, quien siempre me sigue como una sombra, como si fuera una parte integrante e inseparable de mí.

Cuando camino en silencio, el canto de los pájaros y el temblor de las hojas de los árboles me acompañan.

Cuando miro al cielo y que descubro su inmensidad, me siento muy pequeña en este mundo.

Cuando miro al suelo, donde millones de insectos se mueven, me maravillo de su organización.

Cuando me miro al espejo, la imagen que veo enfrente, me alegra o me entristece según los días.

Cuando abro mi ventana y el aire fresco de la mañana azota mi cara, siento en mí una energía que me reanima.

Si un árbol me abraza, olvido todas las preocupaciones de la vida para apreciar el presente

Si llueven gritos sobre mí, me imagino que estoy en una selva muy peligrosa y que estoy rodeada por monos que se llaman entre ellos o por una jauría de lobos hambrientos que aúllan por la noche.

Si un desconocido me da su mano, no la rechazo.

Si la soledad camina tras de mí, caminamos juntas con alegría y libertad

Si la felicidad baila conmigo, bailo con ella sin preocuparme de que mis movimientos reflejen mi desconocimiento de este arte.

Si la tristeza me coge de la mano, me esfuerzo en no mostrarle mi propia tristeza.

Si me duele la impotencia, no considero la cosa como una fatalidad.

Si el dolor se acuesta conmigo, le pido amablemente que me deje sola.

Si la alegría se me escapa, intento sujetarla para que no se vaya.

Si dos ojos me sonríen, le sonrío a mi vez.

Si une hormiga me saluda, desde luego que le devuelvo el saludo.
                
Cuando encuentro a la muerte en mi camino, converso con ella con diplomacia, esperando que me de más tiempo para que disfrutar un poco más de la vida.

Si estoy sola, busco un libro que me permita a viajar a través de sus páginas llenas de emociones, de sorpresas y de maravillas.

Si un rostro llora, intento distraerlo para que sonría.

Si no tengo palabras, el silencio es mi única solución.

Si leo, quiere decir que estoy con mis amigos, los personajes, compartiendo con ellos cada momento de su vida, sus amores, sus decepciones y sus experiencias buenas o malas, que me enriquecen cada vez más.

Si escribo, el resultado en el papel refleja todo lo que mi cerebro y mi inconsciente le han transmitido a mi mano en ese momento.

Aïcha Amagour
Rabat, 12 de marzo de 2014
Actividad de escritura y desbloqueo para escribir sobre nosotros mismos.

“REFLEXIONES EN TORNO A MÍ” de ANASTASIO GARCÍA

Yo. ¿Quién soy yo? ¿Me conozco? ¿Me conocéis?
Pero… ¿qué hay de mi otro yo? Mi otro yo es como mi yo y, cuando camino en silencio,  pienso,  me encuentro conmigo mismo. Soy mi yo.
Cuando miro al cielo estoy más cerca, la veo y me ve. Sueño. Pero cuando miro al suelo, vuelvo a la realidad y me despierto.
Cuando me miro al espejo veo mi yo y, a veces, a mi otro yo, que es mi yo.
Cuando abro mi ventana, me desnudo; y si un árbol me abraza, siento su frescor, oigo su corazón y el sonido de la sabia circular; pero, si  llueven gritos sobre mí, me refugio  en mi yo y cierro mi ventana.
Si la soledad camina tras de mí, huyo o la atrapo. Depende de mi yo.
Si la felicidad danza conmigo, bailamos hasta morir; pero si la tristeza me coge de la mano, camino a su lado hasta sobrepasarla.
Si me duele la impotencia, la tristeza camina a mi lado y el dolor se acuesta conmigo y sufro. La alegría se me escapa y la angustia viene a instalarse en mi lecho.
Si dos ojos me sonríen, devuelvo el saludo; pero si una hormiga me saluda, no la veo y pasa inadvertida, como otras tantas personas. 
Cuando encuentro a la muerte en mi camino, no tengo miedo.
Si no tengo palabras, no digo nada. El silencio es bello y habla.
Si leo, viajo y si escribo, sufro.
Si estoy solo con mi yo, pienso en todo lo anterior.

Anastasio García García.
Rabat, 1 de marzo de 2014.
Actividad de escritura y desbloqueo para escribir sobre nosotros mismos.

“MICROCUENTOS” de RKIA OKMENNI


EL DIFUNTO

Lo estaban velando. Le llegaron los llantos y de repente se sentó.

EL RATÓN

El pirata confió en el ratón de su ordenador. Pero él lo llevo a la cárcel.
                                                
SUICIDIO

Estaba pensando en cómo suicidarse. Se le cayó un tiesto encima y murió.

LA INTRUSA

Al regresar del baño, al caracol le sorprendió encontrar a la babosa ocupando su casa.
                                   
EL LAGARTITO
El niño lloró la muerte de su mejor amigo, el lagartito. Había bajado la persiana de noche y lo había aplastado.

Rkia Okmenni
Rabat, 12 de marzo de 2014
Actividad basada en la redacción de «el microcuento más breve que se pueda escribir».

“UN SUEÑO PERDIDO” de FATIMA EZZEHAR



         Era la primavera hermosa de mi vida,
                la sinfonía gloriosa de mi alma.
Bajo la melodía del zumbido de las abejas
y el baile multicolor de las mariposas,
me hizo una corona de azahar,
me perfumó con la esencia de un jazmín peculiar
y con concha me confeccionó un collar.
Era la primavera hermosa de mi vida,
         la sinfonía gloriosa de mi alma.
Me enseñaba que la modestia
es la preciosa joya de los sentimientos
y que son  grandiosos nuestros sueños.
Pero un día nublado, no como aquellos días,
más tarde, descubrí su aspecto polifacético:
sin piedad me ignoró,
sin razón me traicionó,
sin lástima me dio la espalda,
olvidando la corona, la modestia y esencia…
Entre mis labios perdí mi palabra,                                                                          
en su hombro cayó mi lágrima,     
con amarga decepción lo abandoné dejando              
mi pendiente en su mano.
¡Dios mío!  Fue un sueño perdido.
No sabía que…
él y el tiempo en su traición eran iguales.
No sabía que…
Él, como el mar, llevaba en sí los mismos contrastes.
¡Qué pena! La abeja cual la mariposa pereció,
la melodía se rompió,
 el azahar se marchitó,
la esencia de jazmín se contaminó,
y el collar de concha se dispersó.
            Era la primavera hermosa de mi vida,
                        la sinfonía gloriosa de mi alma.
En cambio, él partió para engalanar a otra.
No sé cómo ni cuándo
alcé mi vista y contemplé el cielo.
Así, descubrí que la belleza vive en el alma,
                        que la confianza es una perla escasa
                        y que el orgullo refuerza la dignidad amada. 

Fatima Ezzehar
Rabat, 28 de diciembre de 2013.
Ejercicio basado en “Hombres Necios” de Sor Juana Inés De La Cruz.                                                                                                                               

jueves, 13 de marzo de 2014

“EL LORO SOLITARIO” de RKIA OKMENNI



Érase una vez, en la Amazonia, un loro que vivía solo. Toda la selva le pertenecía y se sentía feliz. Tras mucho tiempo, se dio cuenta de que, una tras otra, se le caían sus bellas plumas. Pensó que era a causa de su mucha soledad y rechazó la idea de que fuera debido a su vejez. Entonces, decidió volar para buscar una compañera en algún rincón de la inmensa selva antes de llegar a perder todas las plumas y ser incapaz de volar como todo loro respetable. Tras recorrer larga distancia y sobrevolar árboles y árboles, la encontró. Era bella y majestuosa, pero le molestó que estuviera rodeada de otros muchos loros pretendientes. Se acercó y, de repente, se detuvo algo sorprendido por el espectáculo que se ofrecía ante sus ojos y sus oídos. Parte de aquellos loros le recitaban poesías, otros le cantaban canciones y hasta los había quienes se dedicaban a echarle piropos, mientras él no podía o no sabía ni siquiera pronunciar una palabra. Por todo ello, no se atrevió a avanzar más. Ni se le ocurrió pensar que era demasiado viejo para aprender a hablar. Así, pues, otra vez recorrió una larga distancia, sobrevoló árboles y árboles hasta encontrar otro conjunto de loros. Le llegaron sus voces que competían para mostrarse unos a otros lo que cada uno sabía hacer: hablar, cantar, insultar o rezar, y todo ello en varios idiomas. Decidió unirse a ellos y permanecer para aprender a hablar como ellos y pensó: “¡Más vale tarde que nunca!”. En muy poco tiempo, perseverante como era, y como cada vez que decidía algo, logró hablar, cantar y hasta recitar poesía. Con mucha más confianza en sí mismo y por segunda vez, fue en busca de la compañera de sus sueños antes de que la escasez de sus plumas fuera muy flagrante.

Rkia Okmenni
Rabat, 06 de marzo de 2014.
Actividad para jugar con el lenguaje. Minicuento basado en el dicho popular:”Loro viejo no aprende a hablar” y en las fabulas de Augusto Monterroso.

“DIALÉCTICA” de ABDELLAH EL HASSOUNI




Érase un hombre fanático del arte de la dialéctica. Tenía la costumbre de caminar por las callejuelas de la Medina, así como la de provocar discusiones con la gente. Una vez, encontró a un señor que se jactaba de ser un imbécil y entre los dos hubo el siguiente diálogo:

Señor:              ¡Soy un imbécil!
Hombre:        ¡Señor, eso se dice muy rápido! Todo el mundo puede decir: "¡Soy un imbécil!".¡Hay que probarlo!
Señor:              ¡Puedo probarlo!

Y el señor le aportó las pruebas de su imbecilidad con tanta inteligencia y sutileza que el hombre se preguntó si no le había tomado por un imbécil.

Abdellah El Hassouni.
Rabat, 7 de marzo de 2014.
Imitando los cuentos breves de Augusto Monterroso.

martes, 11 de marzo de 2014

“LOS ANDARES DEL CUERVO” de ABDELLAH EL HASSOUNI



 Érase una vez un decano de una colonia de cuervos que no estaba contento con su manera de andar. Había andado por todos los rincones del bosque en busca de un ave que pudiera enseñarle una forma de caminar elegante. No le gustaban los andares del gallo, ni del pavo ni mucho menos la del pavo real. Al encontrarse con la paloma, decidió aprender a andar como ella. Pero, después de semanas y semanas de un sobrenatural esfuerzo, no había conseguido imitar a la paloma y, al mismo tiempo, había perdido completamente su propia manera de moverse.
Desde esa época, los cuervos prefieren volar y caminar lo mínimo posible para no desencadenar las risas de las aves del bosque. 

Abdellah El Hassouni.
Rabat, 8 de marcho de 2014.
Actividad para jugar con el lenguaje. Microcuento basado en un proverbio marroquí.

miércoles, 19 de febrero de 2014

“LA HUIDA INTERMINABLE” de RKIA OKMENNI



Una vez ya en mi asiento, empiezo a revivir el viaje que realicé hace diecisiete años, también huyendo, como ahora, pero con Sebastián dentro de mí  y en contrasentido. Tengo solo mis veintidós años y ando hacia el pequeño piso de Sergio, ligera, alegre y mis pies apenas pisan el suelo… Me siento tan feliz que se me escapa la luz por los ojos y por todo mi ser, lo cual provoca que la gente con que me cruzo me mire con una curiosidad mezclada de simpatía cómplice. La azafata parece haberme pedido algo y, como no respondo, me toca el hombro con cierta delicadeza para atraer mi atención, yo entonces regreso de muy lejos y ella me repite qué bebida quiero y le respondo con media sonrisa para disculparme que solo necesito agua fresca. Al mismo tiempo, siento una mirada insistente y casi indiscreta desde el asiento del otro lado del pasillo, pero ni siquiera me atrevo a volver la cabeza temiendo perder el hilo de mis pensamientos y recuerdos. Sigo atenta a lo que me hierve en la mente. Brilla un sol ligeramente cálido de principio de primavera y lo disfruto como los pájaros que pían sobre los árboles a lo largo de mi camino. Yo también tarareo una canción que ambos, Sergio y yo, solemos cantar a una sola voz por la mañana antes de irnos al trabajo. Imagino su expresión de alegría al anunciarle la buena noticia, elegiremos luego juntos el nombre según si es niño o niña y subo las escaleras hasta la tercera planta lentamente y con cuidado, como haría cualquier futura madre como yo y pensando que debemos hacer algo para arreglar el problema del ascensor, que no funciona desde hace más de tres semanas. Quiero preparar una cena especial para festejar la noticia y me quedan aún las dos horas de esta tarde que he pedido en la oficina para ir a consultar el médico. Me paro en cada planta para recuperar el aliento y llego por fin delante de la puerta con las llaves ya en la mano. Abro la puerta sin esperar y me dirijo hacia la nevera y de repente me paralizan voces que llegan desde el dormitorio, voces que ni siquiera entienden que les estoy viendo en una postura excesivamente íntima. Quería adelantarme a Sergio para darle una sorpresa, pero él se me ha adelantado a su manera y su sorpresa me deja sin voz. Aunque me tiemblan las piernas, salgo como había entrado unos segundos antes, arrastrando mi buen humor, mi felicidad y mis sueños. Pero ahora los arrastro por el suelo del apartamento, a las cuatro de la tarde y con solo mi bolso de mano sobre el hombro, lo sigo arrastrando todo por las escaleras y por la calle, pero esta vez sin cerrar la puerta y algo más tarde  cojo el tren Barcelona-Madrid de noche y corto de un solo tajo todos los hilos con mi amada ciudad. Otra vez me molesta la mirada insistente del vecino en el asiento de al lado justo al otro lado del pasillo y otra vez lo ignoro. Quiero concentrarme en mi encuentro con Sergio y en elegir las palabras para hablarle de Sebastián, pedirle su ayuda y sobre todo llegar a convencerle. Egoísta y cobarde como es, temo su reacción por haber pasado ya todo este tiempo sin vernos. Tras mucho pensarlo y pensarlo, he decidido seguir el consejo de mi prima Ana y de los médicos. Porque tal como hace diecisiete años yo di a luz a Sebastián, su padre ahora tiene la oportunidad de darle la vida de nuevo, tiene la ocasión de hacerlo renacer, con tan solo un injerto de médula…


Rkia okmenni

Rabat 03 de febrero de 2014

El fluir de la memoria, ejercicio de escritura a partir de El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina.

viernes, 14 de febrero de 2014

“PARÍS, AQUÍ ESTOY” de ABDELLAH EL HASSOUNI

    Hay que inclinarse ligeramente, abrir la bragueta, apoyarse con la mano izquierda en la pared de enfrente y ponerse en la posición adecuada, todo esto de manera casi automática, puesto que ciertamente no es la primera ni la última vez que opero de este modo; y así colocado, miro vagamente esta pared de plástico, de color beige, un tanto manchada y sucia, cuestión de verla sin verla esperando este sonido habitual que tarda en hacer ruido, nada, no sale nada, ningún flujo, solo el sordo y lejano ronroneo de los motores del avión, el ruido de las azafatas que se apresuran en el compartimento de al lado; siempre el tiempo es más largo cuando se espera algo, o a alguien, el reloj se toma una pausa larga, pero ¡uf!, por fin he aquí un pequeño chorro que anuncia la llegada eminente del torrente, el "torrente", esta palabra me hace sonreír y me recuerda la bella época en que era a menudo obligado a contenerme para no ver escapar las primeras gotas, todas aquellas primeras gotas, hasta aquellas que producía en el momento de un coito, ¡oh, qué bueno era antes todo! ¡Muy bueno! ¡Era hasta excelente! Tres pequeños golpes de nudillos en la puerta cerrada tras de mí interrumpen el monótono ronroneo de los motores y me obliga a hacer muecas para acelerar el chorro entrecortado, este débil chorro que me enerva, tanto como este espejo de enfrente que me devuelve la imagen de una cara más arrugada de lo habitual, a causa de estas muecas; si pudiera, por lo menos, dar a entender a este querido miembro mi decepción por haberse vuelto perezoso, bastante perezoso y mucho menos productivo. Ahora algún impaciente sacude la puerta de este pequeño gabinete, probablemente tiene miedo a ver escapar sus primeras gotas y debe pensar que hace ya demasiado rato que me escondo aquí escuchando Radio nostalgia; pero la vida nos quita lo que nos dio para ofrecérselo a otro, y al salir de este compartimento que me asfixia y me oprime voy a dejar helado con mi mirada a ese pequeño pretencioso que me molesta. Oh, es una dama; perdóneme, señora.
Perdone, perdone, me gustaría recobrar mi sitio; esta vecina se toma todo su tiempo, las señoras gruesas se mueven lentamente y toman más espacio de lo normal y por eso deberían ser más caros sus billetes a fin de que viajaran menos, o bien, si no, deberían pagar dos asientos y no uno; si me hacen director de una compañía aérea, inventaré para estas damas gruesas, pellízconas de mejillas de niños, plazas de una butaca y media a precios más caros, evidentemente, Gracias, no es usted tan solo muy amable, sino que además es usted encantadora… Un pellizco de hipocresía social jamás mató a nadie, pues en realidad, le habría dicho que… con el tiempo, usted ganó mucho en volumen..., lo cual esconde muy bien sus numerosas arrugas y hasta las de su vientre, pero por fin me he ganado una sonrisa inútil, la sonrisa de esta señora gruesa que me recuerda a mi última secretaria, la cual procuraba ocultar sus quilos y fealdad de joven vieja con su fuerte perfume y probablemente barato, un olor frente al cual yo siempre prefiero olores más naturales, como los de mis bestias; si no, ¿cómo se llamaba…? ¿cómo se llamaba…? ¡uf!, pues si comienzo a olvidar hasta esto, es que el Alzheimer comienza a saciarse conmigo, pero al fin y al cabo su apellido me importa un pito y ella no me gustaba en absoluto… Pero mira esta jovencita, demasiado flaca, más bien esquelética, que me impide ver por la ventanilla a causa de su abundante cabellera, claro que me sonríe también, gano dos sonrisas por el precio de una, pero sepa, mi guapa flaca, que no me voy a comer este plato, prefiero chupar los huesos de un pollo de un buen guiso que los huesos de una esquelética, sin embargo, voy a inclinarme hacia ti para evitar al grueso y gordo brazo derecho, el resultado de un mal reparto de masa corporal de la otra vecina, que ha invadido el brazo izquierdo de mi butaca; mi padre me lo repetía a menudo que… con una sonrisa puedes siempre ganar más de lo que fortuitamente puedes perder, voy a cerrar los ojos, a fingir que duermo para no dejarme perturbar por el espectáculo que se ofrece ante mí y si todo va bien, señoras mías, les contaré una historia mañana.
Otra vez voy a caminar, a deambular, a vagabundear horas y horas por esas avenidas anchas, esas calles umbrías y esos callejones peatonales que adoraba, eso si todavía soy capaz de andar tanto, pero con estos zapatos anchos supuestamente ortopédicos y que cuestan dos riñones, quizás tendré la suerte de hacerlo, así podré visitar algunos monumentos, no los suyos sino los míos, el 41-43 rue des plantes, el edificio de talla humana donde me pasé tantas noches espiando el cielo y soñando despierto acerca de tantos espejismos y milagros, normal, el balcón jamás había podido ganar sus galones y vestirse con una cortina como el resto de balcones del edificio, la famosa calle rue Daguerre, la tuya querida compañera, allí dónde íbamos al mercado del domingo, sus olores matutinos, el olor del pan recién cocido mezclado con el del pescado fresco o el del ramillete de hierbas aromáticas o de menta, y mi amigo, el vendedor de riñones que no te caía muy bien, el grande y esbelto vendedor de Chez Nicolas, que me aconsejaba siempre el vino que debía acompañar nuestra comida para una discusión larga, pues allí yo interpretaba mi papel de hombre serio escondiendo una sonrisa maliciosa y un poco solapada, y tú que te divertías en jugar a la joven dueña de la casa, plena de devoción, y justo una vez fuera lanzabas tu carcajada mientras yo te apretaba la mano y te llevaba a lo lejos para que nuestro querido vendedor de Chez Nicolas no te oyera con el fin de no estropear el placer del domingo siguiente, y por fin también la calle rue Javel, nuestro último refugio parisino, su avenida comercial que le es perpendicular y de cuyo nombre no me acuerdo, y los dos puentes cercanos, el puente Grenelle y el puente Mirabo que visitábamos alternativamente para que ninguno estuviera celoso, aunque sabías que yo prefería el Mirabo, con sus aguas huidizas hacia el horizonte lejano y tan relucientes, su dimensión mucho más humana ofrecía una vista más profunda, más despejada, hasta tal punto que me sentía solo contigo, que me pertenecías, a mí solo sin nadie, sin otro, te compartía justo con los peces que daban saltitos fuera del agua del Sena, ofreciéndonos gratuitamente el más bello de los ballets, satisfaciendo el deseo del pobre estudiante futuro veterinario que era. ¿Estás siempre en París? ¿Dónde vives ahora? ¿Y con quién vas al mercado del domingo? ¿Te ríes aún siempre con estas carcajadas tuyas por las que todo el mundo te reconocía y por las que yo era tan feliz? ¿Todavía estás furiosa contra mí, contra mi vanidad y mi estupidez?
Este tintineo de campana que anuncia que va encenderse la señal luminosa… Señores pasajeros, abróchense los cinturones, seguido por esa voz dulce pero casi mecánica y que ha atravesado mi oído tantas veces hasta el punto de perder el significado, lo mismo que esas chicas parecidas a autómatas que repetían al principio de cada vuelo gestos sin ninguna convicción a guisa de ejercicios de salvamento; siempre se parecen tanto, salvo aquella vez, la del famoso viaje, cierto domingo, en el viaje de vuelta al país, a la fuente, a mi ciudad, una ciudad de la que jamás habías oído hablar antes, a los brazos que tanto había echado de menos, un viaje sin ti, sin tu mirada curiosa y luminosa, calurosa y tierna, sin tu sonrisa discreta y radiante, sin tu particular carcajada que me lanzabas cada vez que hacíamos el imbécil, cada vez que perdía mis llaves o buscaba la gorra colocada en la cumbre de mi cabeza. Oh, mi bella bestia, la bestia que no necesitaba a un futuro veterinario porque era el futuro veterinario quien te necesitaba, todavía veo ahora tus lágrimas el día en que recibí mi diploma, lo veo, casi emergiendo de esta pequeña pantalla colocada en la espalda del asiento delantero, las lágrimas que habías calificado de alegría eran la del adiós ya que sabías que iba a volver al país, a mí país, y que quizás era el principio del fin de nuestra bella historia, lágrimas contra una sonrisa cretina, lágrimas que todavía me llenan de un sentimiento que no puedo definir hasta ahora, treinta y tres años después… Qué bella era nuestra relación, tan bella como una fruta, aunque podrida en su interior… Dicen que el fin del mundo será en domingo, pero la verdad es que cada uno tiene su domingo y nosotros ya tuvimos el nuestro.
La dama gruesa casi se apoya en mi brazo para levantar su armazón, sus terminaciones nerviosas deben de estar bien hundidas dentro de ese montón de carne y tal vez por eso no sienta gran cosa, mi pequeño gesto de huida hacia la esquelética no me es bastante útil, y en esta precipitación, en esta desesperada búsqueda de equipajes de mano, no contéis conmigo, señoras mías, para que les cuente la historia que acabo de revivir, nadie más lo merece más que yo mismo, la historia posiblemente de los momentos más bellos de mi vida, en una época en la que yo no sabía que lo eran, la historia que precipitadamente acabó en el hangar de un aeropuerto y que, quién sabe, quizás la encuentre al pie de la escalera, entre la gente que espera un resucitado, o puede que perdida en la muchedumbre del aeropuerto. Hay que dejar de hablar del comienzo y del fin; el tiempo fluye continuamente como las aguas del Sena o de cualquier otro río. Algunas veces, el tiempo se vuelve atemporal.
Por fin, ahí está mi hijo, que me espera enarbolando su gran sonrisa.

Abdellah El Hassouni.
Rabat, 30 de enero de 2014.

Texto basado sobre un fragmento de “El jinete polaco” de Antonio Muñoz Molina.

lunes, 10 de febrero de 2014

"EL ORIGEN" de ANASTASIO GARCÍA



Hace cinco años que empecé este mismo viaje, entonces llevaba a Imane  dentro y huía de mi destino ahora lo hago  en sentido contrario, casualidades o burla de la vida que nos hace volver al punto de inicio, viajo sola y voy al encuentro del origen de todo.
Siento que la sensación que tengo ahora es la misma que antes, angustia, miedo…  como cuando Imane se despierta por las noches gritando y llorando. Recuerdo el dolor de la despedida, todavía me duele la herida que jamás se ha cerrado ni se cerrará, el dolor por huir de una vida, de unos recuerdos, rabia por estar forzada a trasladar mi vida a otro lugar. A veces en la memoria de todos mis recuerdos lo veo llegar agazapado y silencioso como un leopardo esperando un descuido de su presa y noto, noto su aliento en mi cuello al igual que cuando Imane me quiere abrazar y me pilla por sorpresa. Bendita sorpresa y maldito desgraciado el otro. Hace frío,  el cristal de la ventana está un poco abierto y entra un aire que me está congelando. El frío de esta noche me está devolviendo a épocas pasadas, o quizás, y creo que es así, nunca salí de ellas, siento que mi alma está todavía ligada a mi huida.
Y ahora otra vez montada en este autobús, los mismos asientos, los mismos paisajes, nada cambia, y me pregunto  si en realidad el destino se está burlando de mí, de ellos… o de todos, ahí está la montaña, la luna, el paisaje inmóvil para recordarme que todo permanece. Miro a mi alrededor y veo caras, caras tristes, medio dormidas y pienso en los secretos que guardan sus bocas, veo la señora del otro asiento, parece tímida y  está nerviosa, se mueve mucho y no para de buscar algo que nunca encuentra en su bolso ¿puede ser quizás valor, esperanza o fortaleza? O puede ser que sea yo la que lo necesite.
Dicen que la historia es cíclica, todo gira y gira sin cesar, como una noria en el río que hace mover las piedras del molino, todo depende de la corriente, de lo caprichoso del río y la historia de cada uno es igual, depende de lo caprichosa que sea la vida, de la corriente que nos arrastra de un lugar a otro y entre el punto inicial y final, que coinciden, pasan muchas cosas, pero al final llegamos al  mismo punto. El punto de inicio y no retorno, que nos retiene y no nos deja escapar, dar vueltas y vueltas para no poder escapar del destino, el inicio y el fin. El fin es el inicio y el inicio el fin.  ¿No dicen que entre lágrimas nacemos y entre lágrimas morimos? Punto inicial y final confluyen como un río abocado a convertirse en mar. Es su destino e irremediablemente se cumple.  Ahora me acuerdo de la primera vez que vi el mar, me pareció tan inmenso que todavía tengo miedo.
Hace frío en este autobús incómodo, tengo sueño pero no quiero dormir. Quizás sean éstas mis últimas horas de paz antes de volver a enfrentarme a mi miedo, a la causa de todo este  desasosiego. Esta sensación, este ardor que me corroe el alma nunca desaparecerá, vivo con este temor pero nunca me he acostumbrado. ¿Acaso nos acostumbramos al mal? ¿Se puede encontrar la paz en el infierno? A medida que me acerco, los recuerdos reviven, se hacen más presentes y dolorosos y eso no me gusta. Miro por la ventana y veo que está amaneciendo, ya queda poco para llegar.

Rabat 2 de febrero de 2014.
Anastasio García García.
Ejercicio basado en una escena de la película Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar.

viernes, 24 de enero de 2014

“AÑORANZAS” de ANASTASIO GARCÍA



No sé, pero últimamente lo pienso mucho. ¿Cómo pasa el tiempo, verdad? Imane no andaba todavía y ya es casi una mujercita.
Parece que fue ayer cuando emprendí el viaje a esta aventura. Aún recuerdo, como si hubiese ocurrido ahora mismo cuando nos dijimos adiós. Tú estabas en la puerta de la casa, hacía frio, mucho frio, no en vano era diciembre y aún era de noche, por eso Imane dormía en tus brazos. Creo que fue mejor así. No hubiese soportado pensar que me estaba mirando mientras me alejaba.
No te lo he dicho nunca, pero desde que me subí al coche hasta que salimos a la carretera, me pasaron por la cabeza todos los momentos vividos allí, me pasó por la cabeza toda mi vida. ¿No dicen que eso también le ocurre a la gente que va a morir? En ese corto trayecto me fui despidiendo de cada árbol, piedra o casa que iba viendo, pues cada cosa alberga un recuerdo, una vivencia. Bueno… creo que empecé a despedirme de todo a partir del momento en que tomé la decisión de venir aquí.
¿Sabes lo que más echo de menos? Perdona que no te haya contado antes todo esto, Warda, mi hayati, perdona que todo esto sea, por ahora, solo palabras escritas. No quiero preocuparte ni cansarte con mis miedos, no quiero que creas que no puedo vivir aquí, que no puedo vivir sin ti. No quiero que pienses que soy débil.
Como te decía, lo que más echo de menos es el reloj de la torre. Lo que más me gusta, y tú lo sabes, es escuchar las campanas marchando las horas. Cuando oigo tocar los cuartos, las medias…  siento la pureza de la vida, la sencillez, el calor de los que me quieren. Siento que estoy en mi casa. Aquí no hay nada de eso, no hay relojes. La vida pasa y la gente no se da cuenta. Están inmersos en su propia vida, en su estrés, en su afán de superación y no saben apreciar los pequeños detalles de la vida.
Antes de venir, cada vez que escuchaba las campanadas, en secreto, cerraba los ojos y trataba de retener su sonido para poder llevarlo siempre conmigo. Aún a veces lo escucho en mis insomnios y eso me tranquiliza un poco.
Aquí no hay tierra, solo asfalto y cuando llueve no hay ese olor a tierra mojada, olor al origen de la vida, olor a la madre tierra de la que procedemos y en la que espero reposar eternamente. Echo de menos todo esto y de todo esto me fui despidiendo en mi camino hacia esta nueva vida.
Unos días antes de empezar la marcha y cada vez que vuelvo, me gusta salir a pasear, paseo para poder volver a vivir aquello que ya es irrepetible, paseo por los lugares en donde algún día dejé algún recuerdo. Me gusta ir a la era, donde de pequeño arrancábamos las lechugas y nos las comíamos ante la atenta mirada del tío Ibrahim. Él estaba allí, tan gordo y orondo sentado en su silla cuidando a sus vacas y haciendo como que no nos veía. Me gusta pasar por la higuera donde jugábamos en el carro que había debajo. Lástima que ahora esté medio seca y el carro carcomido por el paso de los años.
Me gusta pasear por las calles, cerrar los ojos y volver a mi infancia. Me gusta imaginar a la gente que vive en esas casas, pensar quizás en lo que están haciendo, y digo imaginar porque muchas de ellos ya no están. Me gusta ver las puertas entreabiertas de las casas, ver una silueta sentada en el portal quizás tejiendo una alfombra, pues eso me hace volver a mi más tierna y dulce infancia. Me gusta recordar todo esto pues en cierta medida me dicen quién soy y de dónde vengo.
También paseo por el campo, por los olivares, me gusta ver como crecen e imaginar a mi padre y abuelo trabajándolos. Me gusta el olor a aceituna recién molida, el picante del aceite  recién extraído sobre el pan. ¿Sabes? De pequeño íbamos al molino con un trozo de pan para mojarlo en las tinajas de aceite, era muestra merienda preferida. Pan, aceite y chocolate. Creo que por eso nunca nos resfriábamos. Bueno… chocolate a veces, pues había un ratoncillo que siempre se lo comía. Ya sabes de quién hablo, de Karim.
Me gusta la calma de las tarde de verano. Aquí es el infierno. Calor y ruido, mucho ruido y mucho calor. Recuerdo las siestas no dormidas en la calle, los chapuzones furtivos en la fuente.
Todo esto me pasó por la cabeza en el momento en que me despedí de ti, en el momento en que dije adiós al pasado, adiós a lo conocido. Me pasó y aún me sigue pasando, por eso te lo digo todo en presente. Lo recordé en ese momento y lo sigo recordando ahora.
Ayyyy mi Warda, ¡si supieras cuánto echo de menos todo esto!
Parece mentira, toda la vida pensando en irme, pensando que la vida allí era un poco triste y sin sentido y ahora solo piense que lo mejor de mi vida ha pasado allí.
¿Acaso no fue allí donde nací y crecí?
¿Acaso no fue allí donde te conocí?
¿Acaso no fue allí donde nació nuestra pequeña Imane?
¿Acaso no todo lo bueno de la vida me ha pasado allí?
¿Qué he encontrado aquí? Soledad y recuerdos.

Anastasio García
Rabat, 21 de enero de 2014
Ejercicio basado en un poema “Santa Escolástica” de Rosalía de Castro.

martes, 21 de enero de 2014

“DIME, LUNA VIAJERA” de FATIMA EZZEHAR



Bi Rabbi, dime, luna viajera,

            tú que velas, como yo, de noche,

             que cruzas sin permiso tímidamente el universo,

             que iluminas los rincones oscuros

              y das divino calor a los enamorados.

Bi Rabbi, viajera luna,

             si has visto a habibi, dime ¿dónde está?

                                                  ¿Bajo qué cielo vive?

                                     ¿Sobre qué tierra se halla?

                                                ¿En qué fortaleza se oculta?

Por Dios, pregúntale, viajera luna,

                 ¿Por qué sin piedad me abandonó y se marchó?

                  ¿Por qué me dejó sin previo aviso?

                   ¿Por qué traicionó su promesa?

¡Oh, Dios mío!

                  Día a día, cuento, cada punto

                  de su jersey blanco que sigo tejiendo.

                   Noche a noche, rezo por su regreso

                   hasta desmayarme de lágrimas y sufrimiento.

Por Dios, dile, luna viajera,

                         que la golondrina está de vuelta,

                          que, con impaciencia, espero su presencia

                        y que, ya en sus cariñosos brazos, que me echan de menos,

le diré:            Abrázame

          Abrázame calurosamente…

          Abrázame ¡Que frío siento!         

                               ¡Qué miedo tengo!

           Abrázame calurosamente,

            no me dejes, habibi,

                                    en la angustia de la soledad,

                                    en el terror de la oscuridad.

            Abrázame suavemente.



لو المطال طال و طول ما بد غير و لا متحول
مشتاق ليك يا نور عيوني حتى نعيد الزمن الأول
حتى نعيد الزمن الأول يالله تعال، كفاك تعالي ...
Fátima Ezzehar

16/ 12/ 2013

Ejercicio basado en “La lirica tradicional” con la jarcha de la moaxaja

“Ya mali echam”.

«VEINTE AÑOS, HIJO», BAHIA OMARI

    Lloro sin cortar cebollas, pero oigo la fluidez de las lágrimas, lágrimas por el dolor que alcanza siempre mi corazón, mi alma; un...

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Cantando los versos de José Martí.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Iman y Anastasio recitando a Mario Benedetti. Mohammed a la guitarra.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Manal, Ahlam y Assia recitando a Oliverio Girondo.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Rkia recitando a Delmira Agustini

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Bahia recitando a Alfonsina Storni.

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017

RECITAL 9 DE JUNIO DE 2017
Laura & Mohamed y Mohamed & Laura cantando a Alfonsina Storni.

Ensayando para el Día E junio 2015

Ensayando para el Día E junio 2015
Grupo del Taller de Lectura y escritura 2015

Recital 18 de junio de 2016

Recital 18 de junio de 2016
21.00 Instituto Cervantes de Rabat

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Rabat, 24 de abril de 2015.

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014

RECITAL 11 DE JUNIO DE 2014
Recital "A orillas del Bu Regreg 2014"