TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

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En el taller...

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Aquí estamos, un día de mayo de 2016...

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Comentando un cuento...

miércoles, 2 de marzo de 2016

«DESTINO “AEROPUERTO”» de CLARA URBANO



Cuando entré a formar parte de la Cooperativa Metropolitana de Taxi, no pensé que me embarcaría en una aventura en el más puro estilo detectivesco, con fugitivo incluido. Los despertares adormecidos, el líquido aromático y estimulante de todos los días y el menú de Casa Antonio eran toda mi vida, hasta que cayó en mis manos aquel maletín que me descolocó. Yo estaba, como de costumbre, disfrutando de un pincho de tortilla en compañía de Gonzalo, un treintañero hipotecado hasta las cejas a quien la crisis había arrastrado a transformar su medio de transporte particular en público. Otro pobre desgraciado del gremio.
Todo sucedió después del último servicio de aquella noche. No suelo fijarme en los clientes que suben al taxi, pero aquella vez... Sus ojos brillaban como fósforo en la oscuridad y su voz quedó grabada en mis oídos como una suave melodía. La llevé al aeropuerto y esa fue la primera vez que la vi. Después regresé a casa, abrí el maletero y, entre mis cosas, encontré un pequeño maletín marrón, de piel, de los que utilizan los ejecutivos para sus continuos viajes. La curiosidad me ha perseguido toda mi vida. Así que lo abrí ansioso y escudriñé cada rincón y, allí, escondidas de las miradas ajenas, estaban como dormidas. Eran tres cartas escritas por una mujer que se hacía llamar Zoe. Enseguida pensé en aquella espectacular dama del aeropuerto.
La letra recorría la página, engordando o empequeñeciendo el espacio. Parecía que las había escrito después de ingerir o inyectarse alguna droga. El mundo de la perdición llama a todas las puertas y muchas veces entra sin avisar. El contenido de las mismas me cortó la respiración. La narradora femenina decía que estaba cansada de la vida, que no soportaba el dolor, y que las heridas eran demasiado profundas para sanar. Insistía en que, después de lo sucedido, no podía volver a Olivella ni enfrentarse a las miradas de odio de las mujeres y de deseo de los hombres. «¿Qué hacía una hembra como aquella en un pueblucho de viejos amargados y resentidos?». En la última carta amenazaba con arrasar con todo. TODO. Me entró el pánico. «La jodida busca venganza», pensé enseguida. Y dejaba claro que volvería al hospital acompañada de unos cuantos para no abandonarlo jamás. La muy cabrona había decidido convertirse en víctima y en verdugo y llevarse las vidas de aquellos infelices. «Ni de una dulce mirada ya uno puede fiarse», me dije rascándome la barbilla. Y yo, que nada pintaba en aquel desaguisado, estaba al corriente de aquella matanza. «Ni en sueños me veré entre dos fuegos», pensé en ese instante.
La gente no suele almacenar el rencor tanto tiempo en el corazón; a no ser que los males que padezcan sean irreversibles, es decir, terminales. Además, había cogido un avión y seguramente esa pobre trastornada, la tal Zoe, estaría disfrutando de los placeres mundanos de la vida en una playa exótica del Caribe. Así que me olvidé del asunto y me centré en mis recorridos nocturnos, en mis clientes ebrios o somnolientos, y en mis escapadas a Casa Marie entre servicio y servicio; pero, sobre todo, en gozar al máximo de los momentos de soledad que me brindaba mi oficina de cuatro ruedas, recorriendo las calles de mi amada al son de I Love Rock ‘n’ Roll de Joan Jett. 
Sin embargo, no pude olvidarme de Zoe y de aquellas cartas escritas con trazos desiguales, tortuosos, atropellados… Líneas que presagiaban un triste final. No iban dirigidas a nadie en particular. Parecían vomiteras repentinas para calmar el dolor del alma, o del corazón, quién sabe. Tal vez huía de una vida que otros habían diseñado a su medida, y a su conveniencia, pero que a ella no le interesaba. Todo se resumía en un “maldito” lugar llamado Olivella.
Reconozco que la curiosidad me venció y al día siguiente tomé la decisión de viajar hasta ese pueblo “maldito”. Al principio,  a todos nos entra cagalera cuando creemos que nuestras carnes peligran, pero luego se nos pasa y nos lanzamos al vacío sin medir las consecuencias. Y todo para demostrar que somos el mejor gallito del corral. Nunca había estado allí y me moría de ganas por conocer Olivella, mejor dicho, por ser testigo presencial de un hecho delictivo. La salsa que necesitaba en mi vida. Y creo que lo deseé tanto, durante tanto tiempo, que aquel plan se malogró en el mismo instante en que lo convertí en propósito. Esa mañana, mientras hacía la maleta, sucedió algo inesperado. Yo estaba rebuscando en el maletero de mi coche una camisa lisa y negra con el rostro de Elvis en el lado del corazón. Como no la hallaba, pensé, incluso, que la había olvidado en la lavandería; pero como la paciencia nunca me ha acompañado a ningún lugar en los que he estado, agarré con los brazos todo lo que había llevado a la lavandería y lo volqué en el suelo del garaje. Fue, entonces, cuando lo vi. Otro maletín de piel, en este caso negro y de esos que cuestan un riñón. Supuse que pertenecía a uno de mis clientes de esa noche, al de apariencia más ricachona. Lo recogí en la avenida Diagonal y su belleza irritó mis ojos. Lo llevé también hasta el aeropuerto. Dos fugitivos guaperas y olvidadizos en mi taxi huyendo a medianoche. «Vaya mierda de delincuentes», pensé al instante. Pero enseguida me convencí de que me había topado de lleno con un asunto turbio.
Claro como la leche. Se trataba de una banda organizada que pretendía deshacerse de todos los taxistas de la ciudad en la oficina de Objetos Perdidos y, entonces, harían estallar la bomba… y la carnicería sería la nuestra… Pero ¿qué culpa tenemos los taxistas de los problemas de este puto país? Me empezaron a temblar las piernas y las ideas. Sabía que no debía abrirlo, que hacerlo era violar la intimidad de otra persona, pero mi olfato detectivesco me pudo. No hacerlo significaba, también, olvidarme de su existencia, y de mi vida. La única que tenía. No pude evitarlo. Lo abrí. Y me entró la risa. También había una carta. Pensé, entonces, que se trataba de la jodida “Cámara Oculta” que algunas cadenas se empeñan en grabar sabiendo el morbo que le produce a la gente. Me cagué en todo y en mi cabeza aparecieron los nombres de mis dos colegas con los que me corría las mejores juergas. «Cuando los pille, los mato», me dije mientras mis ojos recorrían todas las esquinas de la calle. Nada de nada. Ni una puñetera cámara. Me rasqué la coronilla.
No podía con la incertidumbre. Estampé mi mano en la carta y la abrí intentando no romperla, pero mis dedos estaban torpes y acabé destrozando el sobre. Me fijé, entonces, en que iba dirigida a Zoe y que el remitente era un tal Santiago Montenegro. Aquello no podía ser casualidad. Apenas podía atemperar los nervios, la leí como un niño ansioso que disfrutaba de su regalo. En la carta, el joven expresaba su amor incondicional hacia ella y sus deseos de morir si lo separaban de ella. Había escrita una frase que indicaba la próxima cita: Aeropuerto del Prat. Ni putas, ni delincuentes, ni terroristas. Dos desgraciados del amor que el caprichoso destino había cruzado en mi camino para que yo ejerciese de “celestino”. Lo que me faltaba. Así que me olvidé del viaje a Olivella, ya le había visto las orejas al lobo en muchas ocasiones, y no me convenía tentar a la suerte, y me encaminé hacia el aeropuerto con el fin de olvidarme para siempre de los dos maletines, pero sobre todo de las dichosas cartas.
Cuando llegué, busqué la Oficina de Equipajes Perdidos. Me hicieron rellenar una hojita y estuve a punto de perder la paciencia. Me contuvo la mirada inquisitiva de uno de los policías. Cuando vemos a un madero a todos se nos afloja la bragueta. Al salir de la oficina me fui directo a una de las cafeterías del aeropuerto. Pedí una cerveza y un bocadillo ibérico. Tanta emoción me había abierto el apetito. Y como no encontraba el mechero me acerqué a una pareja de tortolitos y les pedí fuego. Menuda sorpresa me llevé. Eran ellos. Azafata y piloto con cara de póker. Sus miradas se clavaron en mis pupilas. Me presenté. No tardé en informarles sobre dónde se encontraban sus malditos maletines y ellos, muy agradecidos, me confesaron que habían perdido la esperanza de encontrarlos y que, incluso, habían llamado a la Cooperativa de Taxi para dar conmigo. Me contaron que estaban trabajando en una novela romántica y que pretendían sacar un dinero extra vendiendo “amor”. Se me puso cara de lelo. Y yo, durante horas, había estado desgranándome los sesos en busca de respuestas con el fin de convertirme en héroe nacional…
Desde ese día me prometí que antes de cerrar el maletero de mi oficina me aseguraría de que los clientes agarrasen todas sus cosas. Pero una mañana, cuando terminé el último servicio, me dirigí a la lavandería. Saqué mi bolsa de deporte del maletero y cuando la abrí… ¡No me lo podía creer. Treinta mil dólares americanos habían caído en mis manos como ángeles salvadores. Sabía a quién pertenecía: al irritante capullo que había recogido del aeropuerto y llevado al Hotel Ritz. Un indeseable que no lo necesitaba. «¿Quién, en su pleno juicio, lleva esa cantidad de dinero en una bolsa de deporte?». Jaque mate. Me fui a casa, hice la maleta, abrí otra cuenta en un banco e ingresé parte del dinero. El resto lo deposité en mi banco. De vuelta a casa hice una parada en una agencia de viajes y me compré un billete de avión. Dejé el taxi en el garaje y cogí mi coche. De camino al aeropuerto imaginé el resto de mis días recorriendo otras calles, otros bares y otras mujeres. ¿Destino? Desconocido.

Clara Urbano Lira

Rabat, 28 de febrero de 2016
Ejercicio basado en un motivo de “Hotel Almagro” de Ricardo Piglia.
 

6 comentarios:

  1. Clara: muy dinámico, lleno de locura... Invitas a creer que vamos directos al cuento fantástico, pero acabamos sumergiéndonos en un relato detectivesco de desenlace desenfadado.
    ¡Bienvenida al Taller y gracias por compartir!

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  2. Me ha encantado la historia, dinámica y muy fluida. Desde el inicio captas el interés del lector por saber qué misterio encierran los maletines.
    Enhorabuena y ánimo para seguir escribiendo.

    Anastasio

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  3. Hola Clara
    Estoy muy contento de leerte por primera vez; bienvenida al Blog.
    La lectura de tu cuento es agradable y la trama es bien elaborada. Sin embargo, estuve un poco sorprendido por ciertas fraseologías y algunas metáforas a las cuales no estoy acostumbrado.
    Normal, la pluma de una nativa es muy rica y mejor dotada.
    Estoy en espera del próximo cuento.
    Gracias por compartir.
    Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  4. Bienvenida Clara!
    Wow!! que cuento muy pasmoso!! Me gusta mucho.
    Como ha dicho Abdellah, "una pluma de una nativa muy rica y mejor dotada".
    El cuento es tan atractivo que lo he leído en un trago, si podemos decir así.
    La descripción del seguidamente de los eventos esta culminada en el mente del taxista, pero al final se contraersió en una única decisión, opción.
    Un cuento que cautiva el lector, fluido.El misterio de los maletines està muy bien descrito.

    Enhorabuena Clara!!!

    Bahia

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  5. ¡Hola Clara!

    ¡Tu cuento es cautivador!
    Una trama muy bien elaborada y un estilo fluido y muy interesante. El cuento esta lleno de sorpresas y de giros que hacen que su lectura sea entretenida y agradable. Me gusta también cuando pones en tu texto (en estilo directo) las palabras que traducen el enfado del protagonista haciendo del taxista un personaje real y “simpático” que hasta se permite “jurar e insultar”.
    Además, descubro con gran placer la rica imaginación de mi vecina en el taller a la hora de escribir y espero leer más de ti.
    Gracias.
    ¡Felicidades!
    Rkia

    ResponderEliminar
  6. Hola Clara: Me encanta mucho el desarrollo de la historia.
    El cuento es maravillosamente elaborado.
    Me inclino ante tu pluma.

    Enhorabuena
    Fatima

    ResponderEliminar

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Bahia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015, 19.00 -INSTITUTO CERVANTES DE RABAT -

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Recital del 24 de abril de 2015

Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Rabat, 24 de abril de 2015.

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Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA
Viernes, 24 de abril de 2015

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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