TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

Nuestro canal en YouTube: A ORILLAS DEL BU REGREG https://www.youtube.com/channel/UCOxmhYlix9perGlx2QEioag

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En el taller...

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Aquí estamos, un día de mayo de 2016...

IMÁGENES DEL TALLER

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Comentando un cuento...

martes, 10 de mayo de 2016

«EL ECLIPSE» de FATIMA EZZEHAR


De repente, salió casi volando. La puerta entreabierta permitía visitar el lugar frío y oscuro en pleno día. Desde el cuarto de baño, se veían por el pasillo huellas de pasos desordenadas, aparentemente, de chancletas mojadas. Las ventanas abiertas de par en par. Un ligero viento jugaba con las cortinas blancas. Sin brizna de luz, sin calor, como si la fuerza del sol, en un instante, quedara absorbida.
Del fondo del apartamento, se oía una voz baja. No había nadie allí. Salvo la televisión encendida que informaba al aire: «Hoy, en pleno día, un eclipse solar hunde en la penumbra ciertas partes del mundo…».
Casi toda la  gente estaba fuera de casa, en distintos destinos, asombrada y excitada por el acontecimiento. De lejos, se alzaban silbidos y ruidos inusuales como zumbidos de insectos en el cielo.
Clemencia, una mujer mayor de más o menos cuarenta y dos años. Muy débil, abatida, arrastrando los pies. A tientas, desde la acera, se acercó a un muro de la calle de la libertad, buscando apoyo. El enfado de unos meses turbios habían reducido su tamaño hasta convertirla en un cuerpo encogido… ¡Aquel tamaño, que era el de una mujer alta, delgada, de aspecto respetable y culta…! Pero ¡qué pena! Esos días ya no eran como aquellos días. La partida voluntaria de Adamo, su marido, médico, a una zona bélica del mundo la había dejado triste. La penosa despedida  y la larga separación, la sometieron en la más profunda desolación. Ocho meses de ausencia sin mensajes, sin cartas, sin noticias, sin foto ninguna, ni siquiera borrosa; dejando atrás un corazón herido que los ojos no podían ocultar. Intentó esconder sus ojos llorosos con las gafas negras que  se le caían hasta las mejillas. No obstante, su aspecto era muy expresivo. El cuerpo tiene su propio lenguaje. Estaba desconectada del mundo. No se daba cuenta de lo que la rodeaba, como si no formara parte de ese universo. No sentía la penumbra temporal, puesto que se alojaba en su interior. No le importaba aquel increíble eclipse, puesto que ella misma era una obra singular. Tiempo igual a tiempo: oscuridad, tinieblas, testigos, susurros… Pero para ella, su tiempo era indefinido, carecía de aro luminoso. Siguió caminando a lo largo del muro hasta el primer bar de la esquina de la calle Libertad con Victoria. Entró como un pájaro herido, suspendido en una rama, buscando cualquier abrigo. Clemencia se sentó a una mesa, en un rincón, aislada. Y con un débil gesto, se quitó las gafas y desnudó sus ojos cansados; sus cejas estaban pegadas y mojadas por las lágrimas. Sentada, encorvada, la cabeza baja, las piernas cruzadas… Agotada, trepó por sus recuerdos como por los vestigios de un castillo arruinado. Murmurando, como si rezara en la intimidad para él, para su amor, para Adamo. Su corazón era su único templo. Sin ninguna atención, se dejaba llevar, proyectando su rostro deshecho, arrugado, ofendido por el dolor de la añoranza. Ni los somníferos ni el alcohol, podían aliviar su pena. Una devoción de veinte años. Una vida, sin previsión, asolada. A pesar de ella, seguía llevando sus cicatrices con orgullo, aún a sabiendas de que había perdido a quien había sido. Parecía una vigorosa ola, fuerte, alta; pero su blandura la había doblado y, al final, había caído sobre las rocas porosas y escarpadas. Un ruido no cualquiera. Una palabra no cualquiera. Una voz prodigiosa, timbrada, como una fuente, emergió de las sombras, desde el fondo del comedor, y se propagó por el espacio del bar. Una cantante, impresionante por su pose, sus gestos, por su voz cantarina y emocional, hizo que el público viajara entre la dulzura y la gravedad de la canción interpretada: «Que c’est triste l’amour» de Nana Mouskouri:

Que c’est triste l’amour quand on aime,         Qué triste es el amor cuando  amamos,
Quand on aime et que l’autre s’en va,            cuando amamos y el otro se va,
Sont longues les nuits que reviennent             son muy largas las noches que vienen,
Qui reviennent quand tu n’es plus là,             que vienen cuando tú ya no estás.
Tu m’as fait des milliers de promesses,          Me hiciste miles de promesas,
Et j’aurais des milliers de chagrins,               y hoy solo tengo miles de penas,
Oubliées les soirées de tendresse,                  olvidadas aquellas veladas de ternura,
Envolés les plaisirs du matin,                        volaron los placeres de la mañana.
Que c’est triste l’amour quand on aime,        Qué triste el amor cuando amamos,
Quand on aime y que l’autre s’en va.             cuando amamos y el otro se va.

La intensidad de las palabras conmovedoras junto al sonido modulado del piano, ahogaron el llanto comprimido de Clemencia en su fondo arañado, dejando escapar apenas algunos sollozos roncos que acabaron derivando en lágrimas silenciosas que surcaban sus mejillas como rayas negras. Ante su dolor, se derrumbó la paciencia. No pudo aguantar más. Se secó la cara con un pañuelo blanco. Se levantó débilmente como si sufriera por insuficiencia de oxígeno. Apretó su bolso negro contra su brazo. Tropezó con una silla y, sin decir nada, como una sonámbula, salió. Y así, Tomó un camino sin destino, sin objetivo. Detrás de ella, por negligencia, se deslizaba su bufanda roja como una cola. Y a medida que se acercaba a la plaza del capítol, los gritos ensordecidos iban en aumento y le aturdían los oídos. Allí, en los muros: muchos anuncios de una hembra de guepardo asesinada. Clemencia, vulnerable, con los hombros caídos y la mirada perdida, no prestaba atención a nada. A pesar de su estado, se encontró arrastrada en el remolino de una ola de manifestantes. Se veían pasar como nubes blancas. Había centenares de personas mayores y jóvenes, mujeres y hombres de organizaciones y asociaciones: la SPA, de la protección de animales en peligro de extinción por la caza furtiva y el tráfico de animales, y en apoyo de la conservación de la naturaleza. Otras organizaciones humanitarias: la MSF, la de los médicos sin fronteras, que reclamaban el derecho humano a la vida y a la paz para todos. Juntos saltaban, bailaban, gritaban: algunos llevaban altavoces, otros alzaban pancartas de protestas y banderolas de reivindicaciones escritas con gruesas mayúsculas rojas. Miles de papeles con mensajes volaban en la claridad del cielo que había sustituido a la oscuridad. Y por encima de todos ellos, el helicóptero de la prensa lanzaba un sonido agudísimo, levantando una tormenta de polvo. Clemencia se sintió en el ojo del huracán, rodeada, empujada por los cuerpos que surgían por todos lados. Un soplo débil dentro de enérgicos soplos. Giró y giró como si estuviera huyendo de la furia de un clamor espantoso. Perdió su bufanda. Perdió su equilibrio. Solo se veía de lejos, como una mancha de sangre sobre una amplia sábana blanca: era su sombrero hongo y rojo que su marido le había regalado. De repente, un hombre mayor, alto, con barba corta y desaliñada. En cuanto la vio se fue abriendo paso apresuradamente entre la multitud y se lanzó hacia ella. Era Adamo, su marido, el médico. Había sido secuestrado con otros compañeros de MSF, convirtiéndose así en rehenes de un grupo armado en la zona en rebelde. Posteriormente, habían sido liberados gracias a la intensa intervención gubernamental y de las organizaciones. Las circunstancias habían sido dolorosas.
El reloj de la vida seguía balanceándose. Por fin, el reencuentro emocional. Adamo se agachó ante Clemencia. La enderezó. La agarró, pecho contra pecho, con abrazos de amor y de añoranza, con lágrimas de sorpresa de alivio y de alegría. Se miraron cariñosamente. Y él le dijo…

De lejos te conozco y mi corazón salta,
querida, el perfume de tu piel me resucita,
con la distancia, cada día tu amor en mí crecía.

Clemencia, entre la alegría y la tristeza, replicó

Tanto te he deseado, tanto te esperado,
te he esperado hasta la desesperación…
Tu regreso me parecía imposible:
cuando pensaba en ti, me sentía triste.

Mientras la estrechaba, Adamo le murmuró  algunos versos de «Sé que volverás amor», la canción que antes entonaban juntos.

Dijo él:                                               Ella en voz baja y quebrada:

Cuando pienso en ti,                           Cuando pienso en ti,
   y tú no estás                                         me siento triste
     cuando pienso en ti,                                sola sin tu amor,
        me siento solo,                                      ya nada existe…
          Yo me acostumbré                                 qué difícil es,
            tanto a tu modo                                      es tanta la soledad,
              Nada es igual,                                       cuando pienso en ti,
                cuando pienso en ti                                 y tú no estás.

Ahí, el corro de manifestantes suspendió su camino. Muchos de ellos, los más cercanos, compartieron esa alegría con la pareja alzando la voz:

Sé que volverás, amor,
sé que volverás, lo sé…
Te quiero junto a mí.

Tal como el sol, un nuevo resplandor de felicidad  iluminó sus rostros, su vida. Ambos caminaron con paso decidido. Nuevos sueños, nuevas promesas.

Fátima Ezzehar.
Rabat, 25 de marzo de 2016.

Actividad basada en motivos estilísticos de “Desagravio” de Ricardo Piglia.
Se citan versos de canciones de Julio Iglesias y Nana Mouskouri.

7 comentarios:

  1. Hola, Fátima:
    Felicidades por la actividad. Has cumplido con creces el objetivo de describir una escena y de incrustar una canción en ella. La introspección del personaje, sus desesperanza y su angustia están muy logradas. El ritmo está muy bien conseguido, sobre todo por la cantidad de detalles que incluyes en el entorno que rodea a la mujer. Me sigue sorprendiendo tu capacidad poética en español.

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    Respuestas
    1. Ester: muchas gracias por tus preciosas palabras.los recursos del taller en general y de nuestros escritos especialmente,proceden de tus esfuerzos,tu orientacion y tus directivas para equiparnos a dar a luz una reflexion, un poema,un cuento,una hitoria de valor.

      otra vez, gracias.
      Fatima

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  2. Fátima, como siempre nos sorprendes por tus textos, unos cuentos perfectamente elaborados, llenos de realismo y de poesia. El personaje de Clemencia está muy bien conseguido, así como el ambiente en el que se encuentra.

    Enhorabuena y espero tu próximo cuento lo antes posible.
    Anastasio

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  3. Fatima,
    Tu cuento me gusta y me gusta también como has introducido la letra de las canciones de Julio Iglesias y Nana Moskouri. Has logrado una complementariedad armónica entre poesía y prosa; y
    ¡Qué fin feliz!
    ¡Felicidades!
    Rkia



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  4. Fatima!
    Siempre un estilo muy poético. Me gusta mucho, a pesar que la historia es triste pero muy bien elaborada. La mezcla del cuento con la canción da al cuento un aspecto sentimental, profundo. El vocabulario es muy bien estudiado, pensado.
    Felicidades amiga!

    Bahia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Anastasio,Rkia y Bahia por tus alentadores comentarios.Me encanta que hayàis leido mi texto y como siempre, seguis animarme.
      Tus comentarios me importan mucho.

      Gracias amigo, amigas.
      Fatima

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  5. Felicidades, Fátima. Una vez más me sorprendes con tu agilidad descriptiva, siempre buscando ese elemento poético. Has sabido plasmar la desesperación del personaje y es algo que el lector detecta desde las primeras líneas. Enhorabuena.

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Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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