TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

Nuestro canal en YouTube: A ORILLAS DEL BU REGREG https://www.youtube.com/channel/UCOxmhYlix9perGlx2QEioag

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En el taller...

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Aquí estamos, un día de mayo de 2016...

IMÁGENES DEL TALLER

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Comentando un cuento...

jueves, 29 de septiembre de 2016

«¡NADA MÁS QUE EL AMOR!» de MARÍA EL KANNSASSI

Tenía dieciocho años cuando dejé mi familia y mi país para afrontar el mundo sola. Cuando llegué a París, me resultó más difícil soportar el clima que la soledad, que se volvía más y más pesada a lo largo de los días. Hacía siempre frío y todo era gris, y yo echaba de menos el sol de mi tierra. Ni las bellas calles ni la multitud de monumentos que dibujaban los rasgos de aquella ciudad histórica, lograban borrar la añoranza que velaba mi horizonte.
         En aquel estado, entré un día en el restaurante de la universidad para comer sola, como siempre (y eso que no me gusta comer sola), y me pareció que todo el mundo me observaba. Avancé entre gente de todas las nacionalidades que había afluido hacia esa capital, hogar famoso por sus múltiples y grandiosas universidades recolectoras de flores de la sabiduría. Para mí, cruzar ese espacio, esquivando las mesas, las sillas y las piernas, hasta llegar al mostrador, era el recorrido de un auténtico guerrero debido a todos los libros que llevaba. Aquel día, tomé finalmente mi plato lleno de comida variada, que nunca igualará nuestra sabrosa comida tradicional, y busqué un sitio lejos de los demás. En el fondo de la sala, había un joven sentado solo. Fue como una aparición en las semejantes y aburridas páginas de mi estancia. Nunca lo había visto en la universidad ni en el restaurante… ¿Era un recién llegado?  Tenía la cabeza baja y estaba concentrado en un libro que sostenía con la mano izquierda mientras comía con la derecha. Yo no tenía todavía amigos, debido a mi timidez y al miedo a ser rechazada por mi nacionalidad…. quizás  por simple orgullo.  Pero, en aquel momento preciso, me sentí atraída por aquel hombre cuya postura daba la impresión de ser tan tímido como yo, a pesar de su aparente virilidad. Tenía el pelo oscuro y sus descarados músculos desafiaban con desmesurado orgullo su ligera camiseta azul. Algunos mechones le rozaban la frente y le daban un aire rebelde y exótico. Sus largos y finos dedos acariciaban las afortunadas hojas del libro y manejaban el tenedor con destreza, como si fuera la espada de un valiente caballero. Todo eso aumentaba su poder de atracción innata, ese encanto que diferencia a las personas y que sirve para poner a alguien sobre un pedestal y postrar a los demás a sus pies. Parecía ausente e inexorablemente llevado por lo que leía.
         Empujé una silla con el pie para abrirme paso hacia él y el ruido le hizo erguir la cabeza y mirar en mi dirección. Intercambiamos una mirada y, como todas las cosas inesperadas que nos pueden suceder en la vida, me sonrió… Una eternidad sustituyó a los segundos en los que me quedé inmóvil, casi muerta… ¿Lo había hecho por simpatía o le había hecho sonreír el montón de libros que casi me enterraban, además de mi bandeja? No importaba… Lo que importaba en aquel momento era que su sonrisa lo había hecho accesible, acogedor, y que había destruido las barreras impuestas por mi sofocante timidez. Una magia se estableció en el espacio que nos separaba ¿o que nos unía? El jaleo y la agitación que animaban el lugar se suspendieron, yo podía incluso escuchar mi propio aliento, entonces más rápido y más desordenado. En un momento de locura me pregunté: «¿Y si estaba esperando a su novia?» ¡Un hombre de esas características, que parecía salir de un libro de caballería o de una arena de gladiadores, no podía estar soltero! Rechacé esa idea de inmediato porque no quería despertarme de aquel maravilloso sueño. Además, yo solo buscaba compañía para compartir mi soledad. Le devolví su sonrisa y, en un gesto caballeresco que parecía muy natural, se levantó y me propuso ayudarme…
Se adentró en ese restaurante bajo un montón de libros. Su pelo rizado y asombroso brillaba captando toda la luz blanca de un sol débil que se debatía para abrirse camino a través de las espesas nubes que ocultaban siempre el cielo de París. El soplo de aire que la acompañó en su entrada se conjugó con ese salvaje cabello que hizo espejear aquellos calurosos reflejos que atravesaban el enorme ventanal del edificio, como si fuera la cumbre plateada de un olivo a la merced del suave viento de mi querido país. Una torpe mueca de incertidumbre se dibujaba sobre sus generosos labios. Era extraña, parecía despistada y yo tenía la impresión de percibir en ella la imagen de la torre Eiffel, bella, esquelética y rara, en el centro de todos los refinados edificios que la rodeaban. Parecía auténtica, sin artificios, en un momento donde todo era artificio. Ostentaba orgullosamente su estatura, tan imponente como frágil, en aquel espacio donde reinaba el incontrolable ajetreo de una vida demasiado rápida y frenética que desfilaba y desfilaba a sus pies sin pararse. Llevaba una bandeja y buscaba un sitio para sentarse. Su mirada sobrevoló la sala y se posó delicadamente sobre mí, que la observaba con ojos curiosos e indecisos. Para ocultar mi torpeza, una sonrisa iluminó mi rostro casi invitándola a acercarse. Habría sido vergonzoso si no la hubiera ayudado en su lucha contra el peso aplastante de las obras que transportaba. Por esa razón, la famosa galantería de los hombres de mi pueblo emergió a la superficie y me incitó a aliviarla de su carga... “Voltaire’’, ‘’Béroul’’, ‘’Marie de France’’, ‘’Guillome de Lorris’’, ‘’ Jean Froissart’’, ‘’Charles d’ Orlean’’, ‘’Claude de Seyssel’’…, un conjunto de escritores que se abandonaban a la delicada presión de sus brazos. Para agradecer mi gesto, una flor se abrió en un elegante baile sobre su rostro invitando sus delicadas mejillas a seguir su paso. Las puras perlas que tomaban posesión de sus enormes ojos iluminaron aquella pareja y me ofrecieron el agradecimiento más precioso de mi vida. Balbuceé algo que no recuerdo para invitarla a sentarse y me deje invadir por el sentimiento de bienestar que de inmediato me embriagó.
Durante algunas horas, me volví adolescente, me dejé mecer por una incontrolable ola de locura que me hizo olvidar todo, incluso la siguiente clase a la cual tenía que asistir. El libro que me ayudaba a combatir el aburrimiento se encontró solo en el rincón de la mesa, despechado, decepcionado. Un agradable e interminable diálogo nos llevó de improviso por su corriente. Descubrí a una persona enamorada de la literatura, vivía en un mundo fantástico. Para ella, nada parecía real, el sueño dominaba cada una de sus frases. Yo tenía la impresión de que daba un paso en cada uno de los libros que leía. Cada una de las anécdotas que me contaba parecía una leyenda. Nunca me había sentido tan cautivado. Perdí el control de todo, de mis pensamientos, de la discusión, de los latidos de mi corazón…
Salimos del restaurante, abandonamos las grandes avenidas de París que nunca nos habían satisfecho a ninguno de los dos y nos dejamos arrastrar por el misterio y la magia de sus pequeñas calles empedradas. Nuestras palabras y nuestras risas acariciaron cada pared y cada rincón para reunir a todos los espíritus que reinaban en aquellos lugares encantados desde hacía milenios y para compartir nuestra alegría y eternizar nuestro amor incipiente que terminó por estremecerme.
         Él era también extranjero, originario de Italia y estaba allí para estudiar Arte contemporáneo. A mí la literatura me volvía loca y las distancias que pudiera haber entre nosotros no lograron impedir que consumiera el elixir del placer. Nuestra diferencia de nacionalidad y de gustos nos acercó en vez de alejarnos. El espacio que nos separaba se fue estrechando poco a poco. El tiempo ya no valía nada. Aprovechamos cada momento para saborear nuestra complicidad. Era la primera vez, desde el día en que había pisado el suelo de aquel país, que me sentía eufórica y que olvidaba mi tierra, mi familia e, incluso, mi soledad. Solo importaba para mí la tranquilizadora presencia de aquel hombre que dominaba el espacio con sus amplios movimientos cuando hablaba y rechazaba el tiempo con su expresión teatral y la suavidad de sus frases. Entre los antiguos muros de piedra que habían sido, desde siglos, testigos de las secretas y prohibidas historias de amor y de las legendarias fugas de nobles pretendientes, nos dejamos impregnar por ese romanticismo y nos abandonamos a los sentimientos que nos invadían. Ese primer encuentro, ese primer contacto, nos probó que había un «nosotros» y un «los demás». Estábamos ya bajo la influencia de un hechizo que nos acompañaría a pesar de todo.

María El Kannassi.
Rabat, junio de 2016.

5 comentarios:

  1. !Qué historia más maravillosa! Refleja una situación en la que nos vemos inmersos algunas veces y en las que, en la mayoría de los casos, no nos atrevemos a dar ese pequeño paso que puede llegar a cambiarnos la vida. !Cuántos amores hemos perdido por cobardía!

    Felicidades

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  2. Pensaba que tu pincelada personal sensible y emocional se veía en tus poemas. Pero acabo de descubrir en ese cuento magnífico el mismo rasgo poético, tan claro y visible. Cito una frase como ejemplo “El soplo de aire que la acompañó en su entrada se conjugó con ese salvaje cabello que hizo espejear aquellos calurosos reflejos que atravesaban el enorme ventanal del edificio, como si fuera la cumbre plateada de un olivo a la merced del suave viento de mi querido país”. Entonces, declaro de modo solemne que soy fan de tu pluma en prosa como en poesía.

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  3. Mucha frescura en tu cuento,María:tanto en el estilo,como en el tema.Una vez más me ha gustado leerte.

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  4. ¡Hola Maria! Cada vez que leo algo de lo que escribes descubro con fascinación que ya tienes grandes facultades de poeta y de escritora. A mi juicio, lo que escribe Maria se caracteriza a la vez de simplicidad, claridad y profundidad. Maravilloso. Felicidades.

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  5. María,
    ¡Me gusta mucho « ¡NADA MÁS QUE EL AMOR!»!
    Una fluidez en la narración con un estilo bien elaborado, una riqueza y un toque estético en las descripciones de los personajes, de los lugares, de los sentimientos y… de los recuerdos.
    Gracias.
    ¡Felicidades!
    Rkia

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PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Rabat, 24 de abril de 2015.

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