TALLER DE ESCRITURA "A ORILLAS DEL BU REGREG" DEL INSTITUTO CERVANTES DE RABAT

Bienvenidos a «A ORILLAS DEL BU REGREG», el blog de los integrantes del TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA, un curso especial que realizamos desde hace ocho años en el INSTITUTO CERVANTES de RABAT (MARRUECOS). En este espacio damos a conocer los EJERCICIOS DE ESCRITURA que se proponen en clase y que realizan nuestros alumnos, aunque también publicamos colaboraciones de nuestros lectores.

Muchas gracias por leernos y por compartir vuestras opiniones.
Ester Rabasco Macías (profesora del Taller)

Nuestro canal en YouTube: A ORILLAS DEL BU REGREG https://www.youtube.com/channel/UCOxmhYlix9perGlx2QEioag

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En el taller...

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Aquí estamos, un día de mayo de 2016...

IMÁGENES DEL TALLER

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Comentando un cuento...

jueves, 29 de septiembre de 2016

«¡RECUERDOS QUE SE ME ESCAPAN…!» de MARÍA EL KANNASSI



Me acuerdo…
Me acuerdo… Visito el cementerio que acopia mis recuerdos, veo los vestigios esparcidos de mi vida y me acuerdo de todo lo que no tengo que acordarme, todas las brumas que hubo en un momento u otro y oscurecieron mi cielo, todos los momentos difíciles, tristes y trágicos, que me han sucedido durante mi insignificante recorrido.
Me acuerdo de mi desmoronamiento cuando mis padres me despojaron de mi primer perro, mi mejor amigo. Me acuerdo de su largo pelo de color ébano en el que enterraba mi rostro para que nuestras almas se unieran, o solo para llorar cuando mis sentimientos de niña me hacían tropezar una y otra vez en el camino incierto de la vida. Yo adoraba su fidelidad y su afecto.
Me acuerdo de su pérdida y de otras que vinieron después y que han dejado  para siempre una llama viva en mi corazón.
Me acuerdo de todos los animales, uno a uno, que han compartido mi vida… No puedo decir lo mismo de las personas.
Me acuerdo del día en que mi madre se fue para dar luz a mi hermano. A él lo odie por habérmela  robado. Cuando mi madre volvió a casa, a causa de los llantos del bebé, ni siquiera pude hablar con ella para decirle que la había echado de  menos.
Me acuerdo de mi herida y de mis lágrimas cuando me caí en el jardín mientras corría. Para consolarme, mi madre me abrazó y me dijo que cuando fuera más mayor, olvidaría  ese accidente. Y he olvidado todas las caídas que he sufrido durante mi vida, salvo esa…
Me acuerdo de las circunstancias en las que la mano de mi madre se convirtió en arma de verdugo en vez de mano cariñosa… y apaciguadora.
Me acuerdo de cuando degollaron los conejos con los que compartía mis secretos y mis juegos, para preparar un plato suculento (según ellos)… Después de dos días de huelga de hambre y de llantos interminables, nunca he probado un plato de conejo.
Me acuerdo del día en que, volviendo a casa, descubrí que habían cortado mi árbol preferido (era un albaricoquero). Hasta entonces, yo jugaba debajo de su sombra, comía sus dulces y sabrosos frutos cuyo sabor se aferra todavía a mi lengua. Luego, pasé años considerándolo un discapacitado y seguí jugando al corro alrededor de su tocón para acompañarlo en su soledad.
Me acuerdo del rechazo de mis padres ante la idea de que yo practicara atletismo, a pesar de todas mis capacidades. Tomaron las riendas de mi destino como si yo fuera una marioneta. Siempre me preguntaré con añoranza: «¿Y si lo hubiera hecho…?». Me acuerdo de la alegría que sentía cada vez que corría, me sentía volar, me creía sobrenatural, superior. Me encantaba correr…
Me acuerdo de todas las veces en las que mi cuerpo recibió los castigos injustificados de mi padre.  Con el paso del tiempo, mi cuerpo siguió resistiendo como resistiría un peñasco al desgaste de las intemperies.
Me acuerdo de mis primeros celos y del fuego que encendieron en mí. No me gustaría volver a sentirlos de nuevo. La huella y la cicatriz que me dejaron siguen siendo profundos,  más profundos que las hoces abiertas por el agua en las montañas.
Me acuerdo del día en que me había ausentado del curso de anatomía para no ver los miembros del cadáver que teníamos que estudiar aquel día. No me apasionaban aquel tipo de aventuras.
¡Ay! Me acuerdo de que no tengo que dejarme engullir por estos asombrosos recuerdos. Al contrario, tengo que dejar florecer otros más agradables para curar mis heridas e iluminar mi vida.
Me acuerdo de mis juegos en el jardín de nuestra casa con su enorme pérgola para la vid debajo de la cual nos escondíamos durante los calurosos días del verano.
Me acuerdo de los interminables viajes que hacía frecuentemente con mi familia. Mi padre al volante y mi madre estresada, asustad, por su manera de conducir, comentando siempre que él era un irresponsable. Él contestaba con  una mueca irónica, nos hacía testigos de la escena y nosotros gritábamos: ¡rápido, papá, más rápido!
Me acuerdo de las estupendas alfombras rojas, malvas, naranjas y amarillas tejidas por las flores de primavera que vestían las praderas extendidas en el horizonte. Mi padre paraba el coche cada vez que veía un campo y nos mostraba la planta cultivada y sus características. Así fue cómo la naturaleza se apoderó de mí.
Me acuerdo de las vacaciones que pasábamos en nuestra granja en la montaña. Me acuerdo de que yo siempre estaba enganchada al cuello de una de las monturas, fuera de caballo o burro. Imaginaba que era un vaquero sobre su petulante cimarrón recorriendo las anchurosas estepas.
Me acuerdo de la tortuga que yo intenté ahorcar porque me había mordido… No lograba sacar su cabeza para ponerle la cuerda al cuello… Seguro que se burlaba de mí en aquel momento… Me habría arrepentido seguramente si hubiera logrado hacerlo.
Me acuerdo de mi abuela materna cuando me peinaba mi largo cabello embadurnándolo de aceite de oliva cuyo olor inundaba la habitación. Después, me hacía una perfecta trenza y me daba un dírham con el que compraba muchos chicles y también un poco de pipas y de cacahuetes… Un dírham tenía tanto valor en aquella época…
Me acuerdo cuando me enseñaba con mucha paciencia, a hacer el pan. Yo debía amasar la masa hasta que esta “cantara” y se volviera ligera gracias a las burbujas que estaban presas dentro. Cada vez que tengo una masa entre las manos, veo reaparecer su apacible rostro a través del espeso velo de mis recuerdos.
Me acuerdo de que ella, mi abuela, siempre decía que todos los hombres de nuestra época no eran nada más que unos caracoles, que no tenían ni la fuerza ni el valor de los de su época… Con más de cien años de vida tenía derecho a afirmar cosas parecidas.
Me acuerdo de su fallecimiento, de los latidos de su corazón que se silenciaron poco a poco bajo mi mano. Su cuerpo inerte, su rostro lívido y agotado, su mano rígida, por fin descansaban tras una lucha que parecía interminable.
Me acuerdo del profesor de árabe que tuve en el colegio y que me hizo descubrir la bella poesía árabe, su historia, su significación y su evolución en las diferentes civilizaciones árabes antes y después del islam. Para mí, nunca las palabras habían llevado tanta belleza y tanta profundidad. Gracias a él, me enamoré de la poesía y mi tímido corazón descubrió la llave de un fantástico mundo que le hacía latir más que cualquier otra cosa.
Me acuerdo de la primera gruta en la que pasé muchas horas. Nunca había sido tan consciente de la grandeza de Dios hasta que vi la maravilla que se escondía bajo nuestros pies. Nunca me había sentido tan pequeña y tan insignificante hasta que descubrí los  profundos secretos de aquella belleza.
Me acuerdo de mis llantos, cuando el primer pastel que había preparado se me cayó al sacarlo del horno…. Muchos de los pasteles que preparé después me hicieron olvidar mi pena.
Me acuerdo de mi primer amor, de mi primer beso, de la primera declaración amorosa que me fue murmurada al oído. ¿Por qué esas sensaciones desaparecen con el tiempo? Nunca un «te amo» tiene el mismo impacto que el primero.
Me acuerdo de mi boda. Me dolía mucho la cabeza. Me dolía tanto que tenía ganas de huir de esa sala en la que gente mezclada bailaba y cantaba. A pesar de toda la aparente alegría, reinaba una pesada nube de hipocresía, como en todas las bodas. Un carnaval sin máscaras… El ser humano sabe ocultar su realidad sin disfrazarse.
Me acuerdo del primer grito de mi hijo. Me hizo olvidar mi dolor y mi sufrimiento. Conocí la felicidad de ser madre, de ser la protagonista de un milagro.
Me acuerdo de sus pies y de sus minúsculas manos, que yo tanto adoraba. Pasaba mucho tiempo tomándoles fotos. El enorme contraste con los míos me impresionaba.
Me acuerdo de los momentos en los que le daba el pecho a mi hijo; eran entonces mis momentos preferidos. Me sentía apaciguada porque, cada vez, aquello permitía que nos uniéramos, convertirlo a él en parte de mí.
Me acuerdo del parto de mi perra, otro milagro al cual asistí con alegría, aprovechando la enorme confianza de aquel ser vivo que me cedía lo más precioso que tenía. Su mirada buscaba la mía, ponía su cabeza sobre mi brazo abandonándose totalmente a mí. He de reconocer que nunca un ser humano me había demostrado hasta entonces tanto amor y tanta devoción.
Me acuerdo de que todos los recuerdos tejen la preciosa tela de mi vida, tejen mi debilidad y mi fuerza, hacen lo que yo soy ahora.

María El Kannassi
Rabat, junio-septiembre de 2016.
Actividad basada en el recurso «Me acuerdo de…» de Joe Brainard.

2 comentarios:

  1. Cuántos recuerdos compartirdos!!! Leyéndolos yo también he recordado muchas cosas y te he de confesar que alguna lágrima se me ha escapado.
    Esos recuerdos son los que nos hacen vivir, los que nos hacen recordar lo que está bien o mal, los errores cometidos o los logros alcanzados. Pero los recuerdos más bonitos son los que nos dejan los seres que han compartido nuestra vida.
    Enhorabuena

    ResponderEliminar
  2. María,
    ¡Muy entrañables, tus recuerdos, y qué memoria!
    He viajado con mucha emoción leyéndolos.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo.
    Rkia


    ResponderEliminar

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PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Aïcha. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Iman.PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Recital del 24 de abril de 2015

Fatima. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Rabat, 24 de abril de 2015.

Abdellah. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Viernes, 24 de abril de 2015

Rkia. PUESTA EN ESCENA DE POESÍA ESPAÑOLA

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Viernes, 24 de abril de 2015

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010
Tras la lectura...

Lectura del Taller. 19 de junio de 2010

Lectura del Taller. 19 de junio de 2010
La lectura

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010.

Lectura del Taller. 23 de abril de 2010.
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LOS ESCRITORES DEL BLOG...

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Alumnos del Taller

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A ORILLAS DEL BU REGREG...

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